miércoles, 5 de junio de 2019

Despejando la niebla informativa

La Asociación de Diplomados Españoles en Seguridad y Defensa -ADESyD- organizó en noviembre de 2018 en Madrid un Congreso en el que participé con una ponencia titulada "Unión Europea, desinformación y realidad", un recorrido por las actuaciones desde Bruselas en este campo, los materiales que ha ido dejando por el camino y conclusiones propias.
ADESyD ha presentado este mes de junio las actas del Congreso, disponibles en este enlace.
Reproduzco a continuación el apartado final de mi contribución, un largo artículo académico con sus notas al pie e incluso bibliografía.

Despejando la niebla

"Berline: the salute", de Jan Vanriet. Colección Roberto Polo, Toledo.
Porque la desinformación se ha convertido en un cajón grande y oscuro donde conviven materiales y voluntades de muy diverso signo se hace necesario también un esfuerzo de explicación, más allá de la denuncia o la comprobación de contenidos falseados.
Conviene advertir que en asuntos de desinformación los denunciantes a menudo no dicen la verdad y ocultan sus verdaderos intereses: los medios de comunicación tradicionales están alarmados en realidad por la competencia publicitaria de las plataformas digitales, el mundo de la seguridad piensa más en redes que en mejorar su comunicación digital, algunos políticos quisieran ver desaparecer un contrapoder crítico; y abundan en canales digitales contenidos informativos que no lo son, sino entretenimiento o materiales ideados para generar tráfico y publicidad. A lo anterior se suman alianzas coyunturales entre algunos de los actores que acrecientan la confusión.
La desinformación está desempeñando una función parecida a los canarios en la mina o los rosales en la cabecera de los hilos de las viñas en La Mancha, testigos que alertan de una enfermedad mayor.
El fenómeno permite aflorar desafíos del máximo interés que afectan a la profesión periodística, a la competencia empresarial en un entorno digital, a la comunicación política, sin caer necesariamente en alarmismos que la convierten en amenaza principal de los sistemas democráticos; si así fuera la rotundidad de las pruebas que respaldan las acusaciones debiera subir muchos enteros.
La Unión Europea lleva realizado un intenso trabajo a través de un proceso en marcha que previsiblemente alcance y supere las elecciones de mayo de 2019. La actuación de las instituciones comunitarias contiene además una lección añadida a la hora de interpretar la comunicación: la importancia de tener en cuenta quién habla y las competencias de quien emite el mensaje.
Si el secretario general de la OTAN afirma en una entrevista que “necesitamos prensa libre e independiente, periodistas que hagan preguntas incómodas”, cabe preguntarse si la Alianza Atlántica tiene entre sus objetivos impulsar la incomodidad de las entrevistas que realizan a su secretario general , o quizá esconda otro objetivo más relacionado con la tensión con Rusia.
La Comisión Europea ha demostrado una capacidad importante de análisis en este asunto de la desinformación, pero a la hora de concretar actuaciones las propone lógicamente en terrenos donde tiene competencias, entre las que aún no se encuentra la defensa militar, aunque sí aflore su reconocida capacidad de elaborar normativa, vinculante muchas veces muy lejos de las fronteras de sus miembros; capacidad de la UE también en materia de competencia empresarial, protección de datos, confidencialidad de las comunicaciones, derechos de autor, también la capacidad de incrementar recursos públicos gravando con impuestos la actividad digital, que se mueve mejor y más rápido que los inspectores de Hacienda.
El alarmismo con el que se ha arropado la desinformación como amenaza casi existencial de regímenes democráticos tiene el inconveniente de que eleva la capacidad de influencia de estos materiales hasta un límite difícil de creer, aún no ratificado por estudios científicos.
Asimismo se desvía el foco del interés económico muy a menudo presente en estas campañas de desinformación, el fomento de tráfico de contenidos para la generación de ingresos por publicidad o como ejecutores de campañas, que alguien lo tiene que hacer.
Se puede afirmar que es económica la causa de la degradación de las condiciones laborales de los periodistas, es económico el beneficio que se busca con la publicación de noticias falseadas en muchos de los casos , es económica la preocupación de fondo  de los medios de comunicación tradicionales cuando tratan el tema de la desinformación, en economía piensa la UE cuando pretende regular la actividad de las plataformas digitales que hoy ocupan los primeros puestos a nivel planetario en capitalización bursátil y los últimos en pago de impuestos…
Afortunadamente comienzan a aparecer las primeras reacciones a la desinformación.
Desde el periodismo, van surgiendo comprobaciones de declaraciones y de cifras, verificadores de datos; y el rigor periodístico como una alternativa al periodismo espectáculo, los principales periódicos españoles especulan con el próximo estableciendo de sistemas de pago por contenidos que solo serán rentables si se ofrece credibilidad y profesionalidad a cambio. El periodismo riguroso suele ser lento y caro, mientras que la información distorsionada suele ser de rápida elaboración y bajo coste.
Desde la empresa, tras los bandazos primeros en un escenario novedoso, se aprecia la necesidad de regular la coexistencia entre medios de comunicación tradicionales –quizá con figuras de protección e incluso financiación pública, como los teatros, la ópera o las bibliotecas- y las plataformas digitales, que no parece que contribuyan al fisco como el resto de actividades económicas.
Por su parte, gigantes como Google o Facebook, que han crecido aceleradamente en tres lustros hasta su relevancia actual, dependen aún más de la reputación que otros sectores económicos, y se moverán en favor del usuario aunque sea perezosamente por interés interesado.
Desde la comunicación política no parece que tenga un largo recorrido la utilización de la desinformación como argumento de reemplazo al terrorismo internacional como gran amenaza existencial.
A medio y largo plazo, en estos temas de desinformación que son en el fondo asuntos de información, la UE demostrará la firmeza de su compromiso si avanza en iniciativas generalizadas y relacionadas con la alfabetización digital y la promoción de información rigurosa.
Se sorprende Daniel Innerarity del cambio cultural que ha supuesto haber pasado “de celebrar la ‘inteligencia distribuida’ de la Red a temer la manipulación de unos pocos; de un mundo construido por voluntarios a otro poblado por haters; de celebrar las posibilidades de colaboración digital a la paranoia conspirativa; de la admiración por los hackers a la condena de los trolls; de la utopía de los usuarios creativos a la explicación de nuestros fracasos electorales por la intromisión de poderes extraños (más creíble cuanto más rusa sea dicha intromisión)”.
Añade Innerarity que “en una sociedad avanzada el amor a la verdad es menor que el temor a los administradores de la verdad”; y alerta contra la “imagen exagerada de tres poderes que son más limitados de lo que suponen: el de los conspiradores, el del Estado y el de los expertos. Por supuesto que hay gente conspirando, pero esto no quiere decir que se salgan siempre con la suya, entre otras cosas porque conspiradores hay muchos y generalmente con pretensiones diferentes, que rivalizan entre sí y que de alguna manera se neutralizan” .
La desinformación es principalmente un problema que atañe a la información, categoría a la que no pertenecen todos los contenidos digitales, y el panorama se aclara algo si lo enfocamos desde los campos de la comunicación, de la competencia empresarial y del argumento político.
El digital aparece claramente como uno de esos espacios comunes con soberanía difusa que requieren una mayor regulación, evitando la censura y legislando a favor de los ciudadanos, tres condiciones difícil de compaginar; añadiendo que la tecnología que ha disparado la difusión de todo tipo contenidos también lo ha hecho con los de calidad y puede ayudar además a identificar y reducir los manipulados interesadamente.


martes, 16 de abril de 2019

Derecho a la desinformación

Artículo publicado también en infoLibre / Blog Al revés y al derecho
La igualdad, la libertad, la cultura requieren el compromiso del interesado

El titular es claramente una provocación para despertar interés, como tantos que abundan, la diferencia es que éste no pretende monetizar la sorpresa y el artículo sí espera ofrecer un contenido equivalente al esfuerzo de lectura.
Por tanto, más que un ejemplo de clickbait, es decir, titulares-cebo que únicamente buscan accesos, aumento de tráfico, visitas y la consiguiente decepción del lector, en este caso se trata de la clásica reducción al absurdo, que si está bien construida no es tan reducida ni tan absurda.
Entrando en el tema, existe una preocupación real sumada a alguna otra forzada causadas por el crecimiento de la desinformación (fake news, noticias falsas) en el ecosistema digital que marca hoy toda nuestra vida y que afecta especialmente -y se ve afectado- por los ámbitos periodístico, empresarial y político.
Dese por hecho que en una democracia la libertad de expresión y de información es uno de sus ejes fundamentales, su ataque rivalizaría en gravedad con muy pocos comportamientos, quizá solo con el espionaje a contrincantes políticos, la actualidad dice que hoy estos derechos informativos se ven obligados a convivir en un escenario donde también habitan contenidos averiados, manipulados, que despiertan altas dosis de inquietud periodística, empresarial y política.
No es posible garantizar por ley o por censor la calidad de la información
Se repite que los ciudadanos tenemos el derecho a la información. ¿Qué significa esto?
En el artículo 20 de la Constitución española, en el capítulo de los derechos fundamentales y de las libertades públicas, "se reconocen y protegen los derechos a expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción"; y "a la producción y creación literaria, artística, científica y técnica".
Incluye también la libertad de cátedra; y "a comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión".
"El ejercicio de estos derechos no puede restringirse mediante ningún tipo de censura previa", advierte."Sólo podrá acordarse el secuestro de publicaciones, grabaciones y otros medios de información en virtud de resolución judicial".
Se deduce por tanto que el ciudadano tiene el derecho a informar ("expresar y difundir libremente") y ser informado ("recibir libremente información"), porque habría que matizar que el panorama ha cambiado desde 1978 y la clásica distribución de tareas, el derecho a informar para los medios de comunicación y el papel de informado pasivo al ciudadano han saltado por los aires y en la actualidad, al menos como planteamiento, todos somos emisores y receptores de información. Si la información ya no es exclusiva del gremio periodístico cabría abrir el debate, para otra ocasión, de si no serían exigibles esos requisitos de veracidad informativa a todo el que difunda información.
La Constitución establece claramente como límites a esa información el delito y la censura, marco que se aconseja también  aplicar a la desinformación.
Aquellos padres fundadores de la democracia española, asistidos por un muy amplio equipo detrás, incluyeron una expresión realmente controvertida, "información veraz", que con los años se ha convertido en centro de atención cuando el volumen desmesurado de contenidos por los canales digitales impide aparentemente distinguir la calidad de lo que circula.
La "información veraz" puede tener una doble interpretación, desde el punto de vista de la comunicación y desde el ámbito del derecho.
En el primer caso se trataría de acercarse al concepto de verdad periodística, verdad informativa, la verdad comunicada, que se trata de algo no tan rotundo como una verdad científica, sino la reconstrucción que hace el periodista de la realidad a partir de unos hechos.
Lo que habría que exigir a los profesionales de la información y a las empresas informativas no sería por tanto una verdad matemática, sino una honestidad-profesionalidad en los procedimientos.
En el segundo caso, el punto de vista jurídico, aclara la sinopsis que ofrece el Congreso en su web del articulado de la Constitución, que "el precepto constitucional exige la veracidad en el caso de la información, lo cual se ha interpretado como necesidad de veracidad subjetiva, es decir que el informante haya actuado con diligencia, haya contrastado la información de forma adecuada a las características de la noticia y a los medios disponibles (se citan varias sentencias), puesto que de exigirse una verdad objetiva eso haría imposible o dificultaría en extremo el ejercicio de la libertad de información".
Cuando hablamos entonces de la veracidad de la información estamos haciendo en el fondo referencia a la calidad de los contenidos informativos, que puede interpretarse como una consecuencia de la profesionalidad en su elaboración, de la actuación profesional del periodista, circunstancias en cualquier caso difícilmente garantizables por contrato, teniendo en cuenta que a menudo se etiquetan como información contenidos de ocio que inundan las redes y a menudo se etiquetan como información contenidos manipulados publicados por medios de comunicación perfectamente respetables, o respetados por muchos.
Recibir y difundir información rigurosa requiere
un trabajo profesional y un compromiso individual

No es posible garantizar por ley o por censor la calidad de la información, otra cosa es limitar físicamente métodos de difusión fraudulentos y de generoso uso, como las cuentas automatizadas, o exigir transparencia en los contenidos patrocinados, que es por donde avanzan iniciativas puestas en marcha por la Unión Europea.
De lo anterior se deduce el título del artículo, que en una democracia tenemos el derecho a ser desinformados, porque el derecho a difundir y recibir información no puede ser limitado salvo por el código penal, lo que no equivale a vivir permanentemente en un basurero informativo.
Ha dejado escrito Amelia Valcárcel, catedrática de Filosofía y referencia feminista, que “si queremos realmente que este mundo nuestro, que es bastante mejor y más habitable que los anteriores, perviva, tenemos primero que saber bien qué es, y aprender a defenderlo con las mejores razones. Nuestro mundo -añade- no pertenece a la cadena espontánea de las cosas. La democracia no viene de serie, la igualdad no viene de serie, la libertad no viene de serie".
Es error muy extendido considerar asuntos complejos y valiosos, la información rigurosa, la democracia, el progreso, la igualdad, como materiales acabados, empaquetados y disponibles en el lineal del supermercado, en lugar de procesos que requieren el esfuerzo del interesado y además de forma continuada.
Nunca estaremos suficientemente informados, nunca la igualdad entre sexos estará garantizada, nunca la democracia española alcanzará un punto de perfección y no retorno, nunca España estará suficientemente vertebrada (y esto es lo contrario al pesimismo de Ortega continuamente revisitado durante los últimos cien años); son procesos.
Tenemos derecho a desinformar y ser desinformados, porque otra cosa sería vivir en un Estado no recomendable, aunque por supuesto el objetivo es recibir y emitir una información rigurosa pero que requiere su trabajo y es un proceso que nunca se puede dar por finalizado.
Damos por hecho que la información rigurosa implica un esfuerzo profesional y económico en su elaboración, la buena información es lenta y cara de producir; no resulta tan admitido que estar informado también requiere un esfuerzo individual, personal, acudiendo y premiando a quienes nos ofrecen contenidos de calidad, cuando no pagando por esos contenidos como parece que se nos pedirá en breve por parte de las principales cabeceras.
Exigirse una verdad objetiva haría imposible o dificultaría en extremo el ejercicio de la libertad de información
La solución a estos asuntos complejos suele ser multifacética y de largo plazo, ligada a la educación (alfabetización digital), a la cultura, a la salud democrática que no sólo hay que exigirla a los políticos profesionales, al trabajo continuado que va construyendo lentamente una reputación profesional y el reconocimiento del papel de ciertos mediadores que nos ayudan a digerir la actualidad (a los que no ayuden no hay que reconocerles nada).
Huyamos de las soluciones simplistas e inmediatas; las de quienes alarman con la seguridad amenazada sin ofrecer datos que lo sustenten, de quienes amagan con limitar contenidos; y las de quienes nos desinforman; pero huir de estos caramelos requiere un esfuerzo.
El sistema de libertades y el entorno tecnológico facilitan que seamos desinformados... y en manos de quien quiera evitarlo está que no sea así. Nunca han existido mayores oportunidades para informarse y formarse con contenidos de calidad, lo que requiere un comportamiento activo por parte del interesado.

Sugerencias


martes, 12 de marzo de 2019

El boquerón ante el espejo


Con todo lo que yo quiero a mi perro he de confesar que no se reconoce en el espejo, no sabe que quien le mira en el ascensor es él mismo; tampoco ladra, no se da por aludido, su interés se centra en el exterior a sí mismo.
Muy pocos animales son capaces de reconocerse en el espejo: sólo los simios con quienes compartimos familia biológica, los elefantes, delfines y mamíferos marinos cercanos, y las urracas.
La cría de los humanos no lo consigue hasta pasados dos años.
Y cabría asegurar que no todos los miembros de las especies citadas son capaces de hacerlo, yo mismo veo un pariente envejecido en algunos escaparates cuando paso por delante.
Hace falta cierta complejidad cerebral para hacer una abstracción del reflejo e identificarlo con uno mismo, cierto alejamiento mental.
Y situar la imagen que vemos reflejada en un contexto, al menos que lo que vemos tiene un giro de 180 grados de la realidad, el ojo izquierdo del que tenemos en frente es nuestro derecho.
Una realidad no se percibe completa si no se está en situación de alejarse, siquiera un poco, de ella, dice algún texto sobre filosofía.
Tenemos entonces que necesitamos capacidad de abstracción y alejar algo el foco.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha tenido que hacer un ejercicio de alejamiento de sí mismo para escribir a cuatro manos (lo habitual, si no más) su manual del resistente, ejercicio imprescindible el de la perspectiva para decidir qué contar y qué pasar por alto, cómo contarlo, convertirse en un personaje literario o libresco, presentarse como David contra Goliat, batallas desiguales contra los medios de comunicación y las encuestas. Aún más si al personaje que todos llevamos dentro se viste de ropajes épicos de caída y recuperación, niños y animales domésticos humanizando al político, viajes iniciáticos por toda España, recursos algunos de clara influencia norteamericana que está por certificar que funcionen en esta península e islas asociadas.
Ejercicio interesante en cualquier caso el de redactar una historia con uno mismo de protagonista.
En términos de panorama político cabe decir que una parte de los actores en este mes de marzo de 2019 no serían capaces de reconocerse en el espejo, o al menos su imagen actual no cuadra con la foto del DNI.
En tiempos de convocatoria de elecciones y elaboración de listas electorales abundan los tránsfugas y paracaidistas. En un pueblo de Toledo, el candidato finalmente electo en 2015 por el Partido Popular se pasó a Ciudadanos a mitad de legislatura y la acaba como militante de VOX.
En éste y otros casos el proyecto político es personal y va cambiando con el tiempo, por lo que es imposible que se reconozca en el espejo de hace uno, dos o cuatro años.
Sostiene Pablo Casado, presidente popular como efecto secundario de aquel enfrentamiento entre María Dolores de Cospedal y Soraya Sáez de Santamaría, que "nadie hizo tanto daño a España nunca en tan poco tiempo", refiriéndose a Sánchez.
Sostiene Albert Rivera, presidente de un partido que nació con la etiqueta socialdemócrata en sus estatutos, que el PSOE ya no forma parte del consenso constitucional, y que "me metí política para que no haya presidentes como usted", refiriéndose a la persona con quien firmó un acuerdo de investidura en el cercano 2015.
Sostiene Ana Pastor, presidenta del Congreso, tercera autoridad del Estado, que la utilización del decreto ley para gobernar es indecente, olvidando que así se ha pagado durante dos décadas los principales programas de armamento (con Aznar, Zapatero y Rajoy), olvidando su trayectoria en el puesto (cuatro sentencias del Tribunal Constitucional censurando el desprecio parlamentario del Gobierno Rajoy, más el torpedeo desde la Mesa del Congreso a las iniciativas parlamentarias).
Un biólogo japonés reconoce haberse caído de la silla (reacción probablemente novelada) cuando contempló en su laboratorio a un pececillo superar la denominada prueba del espejo, una especie de boquerón alargado que vio en su reflejo una mancha en la barriga y corrió al suelo de la pecera a restregarse para quitársela.
No está claro que el pececillo tenga autoconsciencia, no lo creen ni los investigadores, al parecer el sujeto pertenece a una especie que vive de quitarle la mugre a peces más grandes (labroides dimidiatus, también conocido como el pez limpiador).
Y luego se nos cuenta que tiene especiales habilidades sociales. Al parecer esto de reconocerse en el espejo requiere crecer en un entorno social, ya seas mono, elefante, delfín, urraca o boquerón.
Tenemos entonces que necesitamos capacidad de abstracción, alejar algo el foco y vivir en un entorno social.
Trasladando el experimento del boquerón a la política, los tránsfugas recientes (y más veremos, los nuevos partidos tienen necesariamente que pescar de otras peceras) estarían en este momento aislados del grupo social en el que han vivido hasta ahora, el proyecto político como en el caso del alcalde toledano son ellos mismos, unipersonales, por lo que en esta nueva situación no podrían comprender nada mirándose en el espejo.
Y las manchas que detectan pues quizá sea una deformación profesional al pasar años detectándolas en los demás.
El boquerón en el fondo ve algo y se acicala, pero no sabe por qué lo hace ni a quién.

Sugerencias

  • El curioso selfie que muestra a unos gorilas de pie y posando (BBC, 22.4.2019).
  • Tu reflejo en el espejo cree que tú eres el reflejo en el espejo (El Mundo Today, 25.3.2019).

jueves, 28 de febrero de 2019

Ciencia contra la desinformación

Artículo publicado también en el Blog Al revés y al derecho de infoLibre.


La desinformación (fake news, noticias falsas) está demostrando una capacidad muy destacada para aparecer como síntoma de enfermedades diversas, de manera similar a cómo alérgicos y acatarrados comparten mismas reacciones por causas diferentes.
El picor de ojos y estornudo desinformante, con efectos letales sobre el enfermo y su círculo, puede tener detrás el virus de la guerra, de la geopolítica, de la protección de datos, de la competencia por la publicidad en la web, de la falta de credibilidad del periodismo o la pretensión de rematarlo, de la búsqueda de un nuevo modelo de negocio de los medios de comunicación tradicionales, de la promoción de tráfico digital e ingresos, de la transparencia de las campañas de publicidad en canales digitales o del propio virus que lleva a las plataformas tecnológicas a pagar pocos o muy pocos impuestos y entonces la desinformación es un buen motivo para perseguirlas.
Como con cualquier enfermedad, tras la alarma inicial -¡epidemia, genocidio!-, comienzan a aparecer investigaciones científicas, manejando otro tipo de plazos más pausados, que tratan de analizar el fenómeno de la desinformación, lo que permite teorizar y extraer conclusiones a partir de datos, novedad en un panorama en el que abundan reclamos alarmistas y acusaciones no fundadas.
La prestigiosa revista Science ha publicado este mes de enero un artículo sobre la proliferación de noticias falsas durante las elecciones presidenciales norteamericanas de 2016. Analizando cuentas de votantes en Twitter sus autores tratan de determinar quién estuvo expuesto a las noticias falsas, quién las difundió y cómo la desinformación interactuó con noticias reales.
Las principales conclusiones de la investigación revelan que las noticias falsas afectaron únicamente al 6% de todos los usuarios que compartieron contenidos políticos y estuvieron además muy concentradas: únicamente el 1% de los usuarios consumió el 80% de las noticias falsas; y un reducido 0,1% de los usuarios fue el responsable de compartir el 80% de la desinformación.
Los contenidos falseados también se encuentran muy concentrados, un 5% de las fuentes de este tipo de noticias falsas registraron más del 50% del tráfico.
El estudio está firmado por cinco investigadores de las universidades de Boston, Harvard y Buffalo, quienes analizaron 16.422 cuentas de Twitter -representativas del votante medio norteamericano- y los tuits que enviaron durante algo más de cuatro meses (entre agosto y comienzos de diciembre de 2016, alrededor de las elecciones celebradas el 8 de noviembre).
El informe revela también que los usuarios que más consumen y difunden noticias falsas son extremadamente más activos que la media y cabe pensar por el elevado número de retuits de contenido político de muchos de ellos sean cuentas automatizadas total o parcialmente.
La afinidad política supone asimismo un factor relevante en la difusión de desinformación política en Twitter durante las elecciones norteamericanas, según este estudio,  que señala que menos del 5% de la gente de izquierdas difundió contenidos manipulados frente al 11% de los situados en la derecha y el 21% de la extrema derecha.
En contra de otros estudios publicados, en este caso se afirma que la desinformación no es más viral que las noticias reales, los contenidos que más circulan proceden de medios tradicionales.
Del estudio no se puede deducir la influencia real de la desinformación sobre la intención de cada votante, el comportamiento humano y político consecuencia de la exposición a ciertos contenidos, siempre una incógnita, pero sí es un acercamiento muy revelador a la difusión de esta mercancía. Los propios autores del artículo señalan que ha sido más analizada la participación de cuentas automatizadas (bots) en la difusión de noticias falsas que la experiencia personal de ciudadanos corrientes, como en este caso.
Otros estudios citados en la investigación publicada en Science coinciden en la tendencia clara de ciudadanos de ideología conservadora a consumir (y difundir) más noticias falsas que el resto, en concreto el 10% de los norteamericanos más conservadores se encuentran detrás del 60% de las visitas a fuentes de contenidos manipulados.
El análisis científico del fenómeno solo puede arrojar luz y alumbrar espacios que se irán ampliando con nuevas investigaciones que se vayan sumando, en cualquier sentido.
Del mismo modo cabe pensar que la tecnología que ha permitido la difusión inmediata, casi a coste cero y masiva de contenidos averiados cuenta con exactamente la misma capacidad para canalizar y difundir contenidos rigurosos, y para detectar la manipulación, por ejemplo para impedir la actividad disparada de cuentas muy concretas y reducidas en número responsables de multiplicar la difusión de contenidos procedentes de fuentes comprobadas como poco fiables.
En este sentido la Policía española ha comenzado a utilizar de forma experimental ciertos algoritmos que permiten detectar con un alto grado de acierto denuncias falsas, un apoyo que siempre necesita el criterio y la decisión final humana.
Una curiosidad relacionada con las incipientes iniciativas que comienzan a aplicar inteligencia artificial para detectar bulos o desinformación es que no se centran tanto en el contenido de los textos (la censura siempre rondará este tipo de actuaciones) como en patrones de difusión, el comportamiento de los usuarios, y la catalogación de cuentas o webs por sus contenidos averiados, los emisores suelen ser muy insistentes. Las iniciativas que trata de impulsar la Unión Europea en este ámbito se dirigen también más a limitar el tráfico que a poner límites a la resbaladiza libertad de expresión (aquí algunas pistas).
La ciencia y la tecnología detrás de nuestros males muy probablemente las encontraremos también detrás de su remedio, y en el camino, entre el ruido y la niebla, nos permitirán además ir distinguiendo cómo, quién y cuánto se difunde la desinformación, y los intereses diversos que la impulsan.

Sugerencias

Kazimir Malévich. Deportistas, 1930-1931. Exposición en la Fundación Mapfre de Madrid entre febrero y mayo de 2019.

jueves, 31 de enero de 2019

Seguridad y derechos

Publicado este enero de 2019 el monográfico "Seguridad y derechos. Análisis de las amenazas, evaluación de las respuestas y valoración del impacto en los derechos fundamentales", en el que participo con un capítulo titulado "Derechos fundamentales no tripulados", identificando factores que están contribuyendo a la relajación del control ciudadano y político sobre las intervenciones militares.

Mi agradecimiento a los coordinadores del libro, José Luis González Cussac y Fernando Flores, profesores de la Facultad de Derecho de la Universidad de Valencia, también directores del proyecto de investigación Seguridad Global y Derechos Fundamentales del que formo parte.

En una entrada reciente de este blog publiqué el comienzo del capítulo que ahora aparece en papel y versión electrónica.

Aquí enlace a la Editorial Tirant.

Y el índice para animar a su compra y lectura.

PRESENTACIÓN
José L. González Cussac
Fernando Flores Giménez

PRIMERA PARTE - METODOLOGÍA

Capítulo I
SEGURIDAD GLOBAL Y DERECHOS FUNDAMENTALES. UNA PROPUESTA METODOLÓGICA
José L. González Cussac
Fernando Flores Giménez

Capítulo II
RESPONDER A LAS AMENAZAS DEL SIGLO XXI
Federico Aznar Fernández-Montesinos

SEGUNDA PARTE - POLÍTICA CRIMINAL DE LA SEGURIDAD

Capítulo III
LA NUEVA POLÍTICA CRIMINAL DEL ENEMIGO EN BRASIL
Paulo César Busato

Capítulo IV
LOS FLUJOS MIGRATORIOS. CONTRADICCIONES AL SISTEMA EUROPEO DE DERECHOS HUMANOS
Fabrizio Calderón Andrade

Capítulo V
ORIGEN Y CONSECUENCIAS POLÍTICO-CRIMINALES DE LA GUERRA CONTRA LAS DROGAS
Nicolás Oxman

Capítulo VI
EL LAVADO DE ACTIVOS Y LA SEGURIDAD GLOBAL
Renato Vargas Lozano

Capítulo VII
DEL BLANQUEO COMO AMENAZA A LA AMENAZA DEL BLANQUEO
Caty Vidales Rodríguez

TERCERA PARTE - CONFLICTOS INTERNACIONALES

Capítulo VIII
MUJERES PAZ Y SEGURIDAD: HACIA UNA RED GLOBAL DE MUJERES MEDIADORAS
Alicia Cebada Romero

Capítulo IX
DERECHOS FUNDAMENTALES NO TRIPULADOS
Carlos Penedo Cobo
1. Introducción
1.1. La guerra, prohibida desde 1945
1.2. Nuevas amenazas: de Homeland a Occupied
2. Organizaciones internacionales en crisis
2.1. Consejo de Seguridad, ¿bloqueado?
2.2. La UE y la protección del ciudadano
2.3. La alianza atlántica con Trump
3. Hiperactividad militar exterior
4. Nuevos formatos de intervención militar
5. Automatización de las armas
6. Militarización de la realidad
7. Violencia a la baja
8. Derechos en abstracto

CUARTA PARTE - ESPIONAJE Y DESINFORMACIÓN

Capítulo X
TUTELA PENAL Y PROCESAL DE LOS SECRETOS DE EMPRESA FRENTE AL ESPIONAJE ECONÓMICO
José León Alapont

Capítulo XI
LAS NOTICIAS FALSAS Y LAS CAMPAÑAS DE DESINFORMACIÓN COMO NUEVAS AMENAZAS PARA LA SEGURIDAD
Cristina Pauner Chulvi

QUINTA PARTE - TERRORISMO

Capítulo XII
LIBERTAD VIGILADA PARA TERRORISTAS. DOS MODELOS DE APLICACIÓN DE LA DOBLE VÍA COMO INSTRUMENTO POLÍTICO-CRIMINAL PARA EL INCREMENTO DE LA REPRESIÓN PENAL
David-Eleuterio Balbuena Pérez

Capítulo XIII
¿NULLUM CRIMEN SINE LEGE? EL IMPACTO DE LA REGULACIÓN PUNITIVA DE LOS DELITOS DE TERRORISMO EN LA SEGURIDAD JURÍDICA DE LOS CIUDADANOS
Antonio Fernández Hernández

Capítulo XIV
¿ES POSIBLE INVOCAR EL DERECHO A PERMANECER EN SILENCIO EN EL ÁMBITO DE LOS DELITOS DE TERRORISMO?
Maydelí Gallardo Rosado

Capítulo XV
CONTRATERRORISMO A RAÍZ DE LA DIRECTIVA (UE) 2017/541 Y EUROPEIZACIÓN DEL DERECHO PENAL DEL ENEMIGO: ¿NECESIDAD DE REFORMAS EN LA LEGISLACIÓN PENAL ESPAÑOLA?
Elena M. Górriz Royo

Capítulo XVI
LA AFECCIÓN DE LAS MEDIDAS ANTITERRORISTAS AL DERECHO DE REUNIÓN
Rosario Serra Cristóbal

Capítulo XVII
LIBERTAD DE EXPRESIÓN E INCITACIÓN AL TERRORISMO: LOS MODELOS EUROPEO Y NORTEAMERICANO
Ana Valero Heredia

Capítulo XVIII
CIUDADANÍA Y DERECHOS HUMANOS EN LA LUCHA CONTRA EL TERRORISMO
Chiara Vitucci