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martes, 11 de diciembre de 2018

Estadísticas conflictivas sobre seguridad y defensa

Artículo publicado también en infoLibre.
El mundo de la seguridad, defensa, Fuerzas Armadas, tiene una relación conflictiva con la realidad, se trata de personas que viven profesionalmente del conflicto, para enfrentarlo, evitarlo o provocarlo, y como es natural lo detectan por todos sitios porque es su objetivo. Por ejemplo, el campo de las predicciones suele estar trufado de previsiones catastrofistas precisamente porque muchos de los que se dedican a predecir el futuro son financiados o trabajan directamente en seguridad y perciben un porvenir inseguro, por deformación profesional y por la cuenta que les trae.
En cualquier caso, que el mundo de la seguridad tenga una relación conflictiva con la realidad es una paradoja que aparece cuando uno se pone a escribir sobre otro tema, relacionado pero distinto, que es su relación conflictiva con las estadísticas.
En algún momento indeterminado de este otoño de 2018, el Centro de Investigaciones Sociológicas -CIS- principal organismo demoscópico español, independientemente de quién ocupe su presidencia, ha publicado en su web el estudio identificado con el número 3.188 y el nombre "La Defensa nacional y las Fuerzas Armadas".
El momento ha podido ser en octubre, quizá noviembre, en cualquier caso sin publicidad, nota de prensa ni promoción alguna, de una encuesta que tuvo su trabajo de campo en septiembre de 2017. En éste y otros casos la conexión entre los trabajos académicos o científicos y la clandestinidad no suele ser habitual.
Aunque tiene su explicación: esta encuesta la elabora el CIS por encargo del Ministerio de Defensa cada dos años, ya van doce ediciones, es decir, que se viene realizando desde finales de los noventa con un mismo cuestionario, 2.500 entrevistas personales, en 255 municipios y 50 provincias del país. No existe otro estudio similar.
Resulta que hará unos años, tiempos de Pedro Morenés de ministro, coincidiendo con la crisis y la desconfianza del ciudadano hacia quienes les dejaron a la intemperie, al Ministerio de Defensa le empezaron a no gustar las respuestas de los españoles a sus preguntas y dejó de difundir su encuesta o a tardar años en acompañarla con sus propios comentarios.
El motivo del desencuentro afecta principalmente a los campos relacionados con la financiación de la defensa y el gasto militar; y también las cuestiones emparentadas con la identidad nacional concretada en símbolos como la bandera, el himno, la sangre derramada; también las respuestas referidas a los valores más apreciados por la ciudadanía en la profesión militar y la propia valoración de los ejércitos.
Se podría decir que en algunos aspectos no coincide la opinión pública con los referentes simbólicos de las Fuerzas Armadas, lo que está lejos de ser un problema, si bien aconsejaría a los responsables militares y a los civiles de quienes dependen los primeros a replantearse el contenido de su comunicación externa, la interna si funciona puede seguir repitiendo conceptos del siglo XIX.
El CIS está obligado a publicar sus encuestas como máximo un año después de elaborarlas y por eso conocemos esta última.
Tomemos entonces tres capítulos: uno simbólico, otro profesional y un tercero financiero. Cabe interpretar que el propio cuestionario en sí merecería una valoración, colocando a las Fuerzas Armadas como garantes de las esencias más allá de su función como instrumento de seguridad del Estado.
Entrando en los datos, apartado simbólico, el 77% de los encuestados se siente muy o bastante orgulloso de ser español, el 54% se emociona al ver la bandera española en un acto o ceremonia, y el 57% al escuchar el himno nacional. Una cuarta parte de los españoles siente una intensa emoción por estos asuntos y otra cuarta parte siente indiferencia, pero se puede concluir que los niveles de nacionalismo español son muy aceptables, sobre todo en contraste con la impresión general en circulación, aquella que dice que entre la indiferencia general España se va yendo por el desagüe, girando en círculos que por supuesto son hacia la derecha como sucede en el hemisferio norte, en el sur el desastre suele llegar girando hacia la izquierda (comentario no basado en el CIS, sino en la teoría de Coriolis, que habla de fluidos, no de ideologías, con una reputación algo homeopática).
En relación con las amenazas, la encuesta pregunta de forma abstracta, dejando aparte la familia (¿por qué la dejan aparte, con lo cerca que la tenemos?) si el encuestado considera que haya algo por lo que arriesgar o dar la vida, y 46% responde que no, el 45% que sí.
Ésta es una de las respuestas que no gustan, tampoco que entre quienes se jugarían la vida la mayoría no lo haría por la patria (47% no, 44% sí), aunque mayoritariamente sí la arriesgarían por salvar la vida a otra persona (93%), la paz (84%) o la libertad (82%).
En el caso de que España fuera atacada militarmente el encuestado no se presentaría voluntario. Esto es como preguntar por intención de voto sin elecciones convocadas, el encuestado no acaba de entrar en situación, si bien de la encuesta se puede deducir un fuerte sentimiento pacifista entre la población española, que considera la respuesta militar como un ámbito profesional que tiene esa misión, y que no se percibe una amenaza militar existencial que aterrorice al país.
Entre las principales amenazas que pueden afectar a la seguridad de España, Defensa y el CIS incluyen los flujos migratorios irregulares (significativo su presencia), aunque los españoles priorizan y colocan en puestos de cabeza el terrorismo, la inestabilidad económico y financiera, y los ciberataques.
En el apartado profesional, el valor más importante que los españoles opinan que debe tener un militar es... la preparación técnica, muy por encima de la honradez, la disciplina, lealtad, el espíritu de sacrificio, la capacidad de mandar u obedecer que trufan los discursos.
El 70% de los españoles creen que las Fuerzas Armadas están muy o bastante capacitadas profesionalmente (y mejorando), dos tercios tienen una opinión buena o muy buena de las Fuerzas Armadas (se ha recuperado desde el 55% en 2013), y que los ejércitos seguirán siendo necesarios para mantener la paz, la seguridad y la defensa.
En el capítulo de respuestas incómodas, la opinión generalizada no cree que el volumen de tropas sea insuficiente; y únicamente el 17% de los españoles piensa que el presupuesto destinado a la defensa nacional y las Fuerzas Armadas sea escaso, aunque algo ha subido desde el 13% de 2015.
Sobre el origen de las amenazas militares, la mayoría de los españoles pues no cree que ningún país esté pensando en atacarnos (46%), y entre los que sospechan que sí (41%) responden con vaguedades como países islámicos, que curiosamente distinguen de países árabes, aparecen como amenazantes para quienes se sienten amenazados la categoría países de Asia, también lógicamente países donde haya islamistas radicales; y entre países concretos, que son quienes suelen lanzar ataques militares, pues el encuestado menciona a Marruecos, Siria (?) y a poca distancia a Estados Unidos (estos países son mencionados por un centenar de personas de entre las 2.500 encuestadas).
Más de 60 preguntas podrían hacer la relación interminable. Finalicemos con que los españoles se reparten a partes iguales entre los que defienden la actual situación de las Fuerzas Armadas a las órdenes del Gobierno nacional y los que las integrarían en un ejército europeo o multinacional, circunstancia ésta internacionalista que ampara el acento presente y reciente que encuadra mucho de lo que se hace militarmente bajo el paraguas de una Defensa europea aún inexistente.
Si las encuestas buscan ser un fiel reflejo o aproximado a la realidad social, y no gustan las respuestas, el mundo militar y civil de defensa no tendría un problema con las estadísticas, sino con la sociedad o la comunidad política a la que deben defender.
Continúa abierta la disyuntiva de tratar de cambiar las percepciones sociales con información y debate, labor siempre complicada y de largo plazo, o adaptar los instrumentos que el Estado financia para la seguridad a los ciudadanos y circunstancias del país. Las dos opciones parecen compatibles. Lo claramente descartable es no informar y además que las Fuerzas Armadas/Defensa ignoren al ciudadano al que protegen.

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sábado, 13 de octubre de 2018

Desfile descolorido

Los desfiles son vistosos, mucho, no es que haya que ir a buscarlos, pero si te encuentras con uno o te invitan y acabas allí hay que reconocer su atractivo.
Transmiten apariencia de orden, de unidad de acción, la uniformidad de los uniformes, el tremendo trabajo que tienen detrás; el orden es el caos organizado con la práctica de horas, días, meses; más de 4.000 personas desfilaron este 12 de octubre por la Castellana de Madrid, mucha gente y mucho trabajo detrás que debemos respetar.
Los desfiles militares se inventaron para rendir pleitesía y dar miedo al vecino, aunque en este último nuestro no participaron carros de combate y el mal tiempo impidió el vuelo de cazas, lo que le quitó agresividad.
Desfilaron militares, policías, sí, pero también animales, muchos caballos, bastantes motos, una cabra, e incluso dos princesas, los niños hasta los 12 ó 13 años tienen más parte animal que humana y suavizan mucho un desfile militar. Los vehículos de limpieza detrás de los caballos haciendo ochos en el asfalto dibujaban una coreografía muy vistosa.
Hasta uno de los militares de los Regulares de Ceuta tiraba al aire un bastón de forma espectacular, como una majorette, desconocemos la utilidad bélica del movimiento pero se agradece.
No comparto por tanto la opinión de quienes como Mariano Rajoy, entonces presidente del Gobierno, decía sobre la celebración del 12 de octubre "qué coñazo de desfile". A pesar de su comentario despectivo, de la reducción durante su mandato del 10% de las plantillas militares, de la Guardia Civil y de la Policía Nacional, del recorte sustancial del presupuesto en seguridad, de castigar las condiciones laborales de empleados públicos uniformados, pues nadie le chistó durante siete años en la Castellana de octubre, como debe ser.
Hay algunas geografías más aficionadas a los desfiles que otras, uno imagina a los irlandeses todo el día desfilando y tiñendo de verde lo que les rodea, por el País Vasco abundan también los desfiles de hombres.
Otro asunto distinto es que en la celebración de la Fiesta Nacional, así se llama, nada de Hispanidad, Raza y otros asuntos del pasado -aquí alguna explicación-, no se nos ocurra otra cosa que bandera, monarquía más desfile militar.
Los tiempos parecen estar pidiendo algo distinto, aún reconociendo la experiencia de la Iglesia católica y la milicia para afinar el protocolo, dos milenos al menos de práctica; reconociendo el oficio de la Corona, los reyes acaban con las manos moradas de tanto saludar al millar de invitados en palacio después del desfile, nos informa TVE con un detalle que no sé si merecemos saber (el escritor Manuel Vilas tiene una descripción estremecedora de una situación de este tipo).
En tiempos de ZP se montó una batucada con Carlihnos Brown en el mismo escenario por la tarde, aunque se sospecha que no asistió el mismo público que por la mañana. Se abandonó la idea.
En este primer desfile del 12 de octubre de Pedro Sánchez se han incorporado vehículos de Protección Civil como innovación, tímidos avances en cualquier caso que necesitarían doscientos años para cambiar el panorama.
Desde el siglo XIX han evolucionado las celebraciones. Sin ir más lejos, en la crónica de tribunales descubrimos que la clase dirigente celebra hoy las comuniones con cañones de confeti y felinos con forma de coche en el garaje, se han modernizado.
Viejos o nuevos, los desfiles son una representación teatral que merecen respeto, salvo que no sean incluyentes.
La bandera y el himno y conceptos abstractos como la nación representan a todos los españoles, de cualquier ideología y hasta a los no aficionados a los símbolos y las abstracciones, y las Fuerzas Armadas son un instrumento del Estado, obedecen al Gobierno, que si les ordena ir a Irak, van, si les ordena volver, vuelven, si les ordena regresar, allá regresan, pero nada de garantes ni de las esencias ni de valores eternos, eso es tan del siglo XIX como los malos desfiles.
La comunidad política llamada España decide financiar un instrumento de emergencia llamado Fuerzas Armadas y lo pone a desfilar en grandes ocasiones con la idea de que nos representan a todos.
La bandera y las FAS son comunes a quienes lloran a su paso y a quienes sienten su país y lloran sinceramente con la subida del Salario Mínimo Interprofesional o cuando el Fondo de Garantía Salarial abona a los dos años los salarios que un empresario pirata de la comunicación se negó a abonar a un periodista novato.
La actualidad ha derivado en que se encuentran más banderas españolas en un mitin político que el 12 de octubre en la Castellana, se celebran mítines donde no se ve el escenario de tanta bandera, y ahora con la competencia PP-Cs-Vox es todo una sopa rojigualda.
Nada en contra, el único inconveniente de todo esto es que los símbolos hay que cuidarlos.
Por poner un ejemplo, la avalancha de banderas de España que surgieron en otoño de 2017 como reacción al amago secesionista en Cataluña, que pueblan fachadas desde entonces, se han convertido un año después en trozos de tela amarillenta, banderas pardas en los balcones, la España de los balcones pardos, que diría Pablo Casado.
Otro caso similar ha ocurrido este mismo 12 de octubre, los pantalones de los legionarios desfilando por la Castellana, no había dos verdes iguales, estas cosas hay que cuidarlas.
Una bandera o un desfile descolorido equivalen a la nación descolorida, a la identidad descolorida.
El grito de "okupa" al presidente del Gobierno el día de la Fiesta Nacional suena estridente, intempestivo, grosero, aún más si el público alrededor no reprende al chillón, y sobre todo rompe la magia de la representación. Desde ese momento uno ya no se cree que el cartón azul con picos que mueven por los extremos sean las olas del mar.

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lunes, 20 de junio de 2016

Sykes, Picot, Rajoy y Pablo Iglesias

Columna de opinión publicada también en Estrella Digital.
Se cumple un siglo del reparto entre Francia y Reino Unido de Oriente Próximo, afirmación que se deriva de la firma en mayo de 1916 de un acuerdo entre dos diplomáticos llamados Sykes y Picot, los dos con grandes bigotes.
Se adjudica al documento, secreto, filtrado por Lenin un año después a la prensa rusa y británica, el diseño de las fronteras de la zona, aunque se trate de un proceso más amplio en el contexto de la descomposición a cañonazos del Imperio otomano en la Primera Guerra Mundial.
El marco del acuerdo incluye promesas a árabes y judíos de crear una estructura política soberana y habrá que esperar algunos pocos años para que vayan surgiendo las fronteras conocidas de Palestina, Líbano, Siria, Irak, Jordania; por supuesto, fronteras todas coloniales y arbitrarias.
El gran reparto sí está ahí, el detalle tendrá que esperar al final de la guerra en 1918, incluso a la formación de la Turquía moderna que altera las previsiones por el norte.
Además del centenario, la actualidad del acuerdo Sykes-Picot se explica por la expansión en la zona del autodenominado Estado Islámico (Dáesh en acrónimo árabe), responsable parcial de haber borrado algunas de esas fronteras que, dicho sea también, nunca hubiera sido posible sin la desintegración previa del Estado iraquí por la conocida invasión norteamericana de 2003 en compañía de algún otro en la coalición de apoyo.
Luchando contra la imagen de Peter O'Toole y Omar Sharif que tanto confunde sobre la historia real, aparcando que Napoleón conquistó Egipto en 1798 o que Francia desembarcó tropas en las costas que acabarían siendo libanesas ya en 1860, no hay duda de que el acuerdo de 1916 es un referente reconocido del colonialismo occidental en Oriente Próximo y como tal es utilizado por el Estado Islámico: "este acuerdo se convirtió en un símbolo de la fragmentación impuesta a los musulmanes", dicen que ha escrito el Estado Islámico en un comunicado coincidente con el centenario, aparecido en una de las publicaciones oficiales que dicen que tiene.
"Los combatientes tumbaron las fronteras sobre el terreno después de destruirlas en los corazones y las mentes", prosigue el Dáesh, y aquí llega el nuevo Califato, "el anuncio fundamental, poniendo fin a todas las formas de la desunión y la división entre los musulmanes, ya sea creada por las fronteras artificiales, fabricada por gobernantes ilegítimos o inventada por facciones y organizaciones".
Tenemos pues la habilidad conocida del Dáesh para utilizar la historia, si bien con unos objetivos geográficos claramente exagerados dada la extensión del mundo islámico y sobre todo por la potencia de fuego de sus numerosos enemigos.
Es cierto en cualquier caso que la desestabilización de Oriente Próximo sí ha encendido algunas alarmas sobre la hipotética destrucción de las artificiales fronteras de 1916 y su posible sustitución por otras aún más artificiales.
Ante el fracaso de los árabes para gobernarse a sí mismos, especialmente los que han vivido experiencias socialistas, se nos quiere transmitir, al margen del colonialismo y las intervenciones militares foráneas, hay que decir sin embargo que las fronteras de Oriente Próximo han sido más estables en los últimos 100 años que las de Europa, pensando en las alemanias, la desintegracióin de la URSS, la partición de Checoslovaquia o la implosión de Yugoslavia, sin contar con retoques fronterizos tras las dos grandes guerras europeo-mundiales.
Aprendices de brujo siempre aparecen sugiriendo divisiones estatales por comunidades culturales, algo que solo existe al parecer en el Reino de Bután. En el planeta hay cerca de 200 estados y unos 6.000 idiomas, lo que refleja que esto de identificar Estado con una única nación es la madre de todas las ficciones, utilizando una de las formas del árabe para expresar el superlativo.
Siguiendo algunos de muchos cables que lanza José Álvarez Junco en todo lo que escribe, habría que aclarar que nación sería "un conjunto de seres humanos entre los que domina la conciencia de poseer ciertos rasgos culturales comunes y que se halla asentado desde hace tiempo en un determinado territorio, sobre el que cree poseer derechos y desea establecer una estructura política autónoma".
Por su parte, "el Estado es el conjunto de instituciones públicas que administran un territorio determinado, dotadas de los medios coactivos necesarios para requerir la obediencia de los habitantes a las normas por ellos establecidas y para extraer los recursos necesarios para la realización de sus tareas".
"La pretensión de asimilar, sin más, estados a naciones es insostenible", añade Álvarez Junco, siempre con matices que no caben aquí.
En todo nacionalismo hay un componente de voluntad política de un grupo y también una parte importante de construcción cultural, incluso fechable en el tiempo, invención de ancestros, mitos y símbolos donde se incluyen banderas, himnos y hasta idiomas; el turco, catalán, euskera, hebreo que conocemos son un resultado de laboratorio.
Parte realidad cultural y política y parte inventada, aunque estos tiempos no parecen propicios a la creación de estas cosas, se fabricaron casi todas en el siglo XIX, y los nacionalismos más exitosos se formaron en una época de cierta expansión (económica, colonial), con la ayuda inestimable de algunas guerras mundiales que siempre cohesionan al grupo.
Cabe concluir que el nacionalismo goza de buena salud, a pesar de anclarse en una homogeneidad de sociedades que no existe en la realidad, que no parece muy útil en la globalización, aunque no tenemos aún reemplazo. También mantiene el tipo la afición a dibujar y redibujar mapas, siempre con gente dentro que la escala utilizada no permite percibir.
Y con todo lo anterior llegamos a la campaña electoral de las elecciones generales hispanas de junio de 2016, con Podemos declarándose patriota para indignación más o menos sincera de quienes creen tener registrada la etiqueta.
Una primera interpretación es que el nacionalismo español aparece siempre en cualquier campaña electoral, esto es una constante y por tanto no es novedad. Rajoy envuelve con la bandera su infalible fórmula de austeridad + corrupción, Pedro Sánchez puso la bandera de fondo de mitin para indignación de militares en la reserva y Pablo Iglesias se suma al carro para limpiar sus antecedentes venezolanos y griegos (difícil tarea, más del 40% de los conservadores de EEUU creen hoy que Obama es musulmán y ni enseñando la partida de nacimiento ha convencido totalmente de que es norteamericano).
Las variantes tradicionales son el nacionalismo étnico, con un pueblo elegido detrás, una categoría algo desprestigiada por los nazis, y un nacionalismo cívico (patriotismo constitucional se hablaba en tiempos de ZP) más ligado a valores democráticos, derechos y libertades de una ciudadanía diversa en sentimientos, con alguna dosis de redistribución de los recursos.
Dice un vídeo electoral del PP: "La formación de gobiernos extremistas pone en riesgo la unidad de España. Han propiciado la división de los españoles y el ataque a nuestros símbolos constitucionales".
Dice Rafael Simancas (PSOE): "Para una persona de izquierdas, la patria está en la caja única de la Seguridad Social, que recauda cotizaciones sociales de grandes asalariados en Barcelona y paga pensiones en Parla. La patria está en la agencia tributaria que cobra impuestos a millonarios en Bilbao y paga subsidios de supervivencia en Jerez".
Dice Julio Rodríguez (Podemos): "La derecha nos ha robado la palabra patriotismo. Cuando estás cerca de la gente y la defiendes, o aspiras a hacer políticas para el bien común y no para servir a determinados intereses, hablamos de un acto de patriotismo".
Firmo al pie de los dos últimos: la patria la forman impuestos compartidos y personas como ingredientes principales, el resto es aderezo.

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lunes, 6 de julio de 2015

Un general descalifica al PSOE y Pedro Sánchez por utilizar la bandera de España

TENIENTE GENERAL RETIRADO
El ex mando militar en Canarias y exjefe de la Brunete critica el uso partidista y propagandístico de la bandera. En los últimos meses ha insultado a los ministros Trillo y Bono, con los que ocupó altas responsabilidades

Carlos Penedo. Artículo publicado originalmente en Estrella Digital.
Pedro Sánchez en el acto de proclamación como candidato del
PSOE a la Moncloa el pasado 22 de junio. | EP
Al teniente general Emilio Pérez Alamán no le ha gustado ver al secretario general del PSOE con la bandera de España a sus espaldas, "la última exhibición de este tipo de montajes por parte del hoy primer partido de la oposición en la aclamación de su candidato a presidir el Gobierno de España envuelto en su Bandera" (las mayúsculas son del general). Para este militar, recién retirado, es una muestra "una vez más que el Símbolo y lo que simboliza, por desgracia, no les importa mucho o nada salvo su explotación propagandística de partido".
En un artículo publicado en un blog llamado 'General Dávila', Pérez Alemán arremete también contra el PSOE, "partido que se ha manifestado en infinidad de ocasiones rodeado de símbolos antidemocráticos, incluso extranjeros y cuyo aspirante a ser Presidente manifiesta la posibilidad de eliminar el Ministerio de Defensa en su posible Gobierno".
Este militar ha sido mando de Canarias al comienzo de la primera legislatura de José Luis Rodríguez Zapatero y previamente general jefe de la División Mecanizada Brunete en tiempos del accidente del Yakovlev 42.
El teniente general menciona otros sucesos que considera graves ofensas, "así tuvimos que sufrir todos los españoles la afrenta de la pitada al Himno Nacional y al Rey de España (en la final de la Copa) ante la falta de prevención y de posterior actuación del Ejecutivo".
Añade el militar retirado "por no remontarme a otras afrentas, solo recordaré la reciente ausencia manifiesta de las Autoridades políticas al Acto de Homenaje a los Caídos el Día de las Fuerzas Armadas, olvidándose de que la Bandera de España, a la que gobiernan o pretenden gobernar, tiene una franja gualda, color de la flor del mismo nombre, no del oro que tantas veces se ha escamoteado a los españoles; las otras dos franjas rojas, no simbolizan nada radical ni revolucionario, sino la sangre que miles o millones de hombres y mujeres derramaron a lo largo de siglos para que tengamos la España que disfrutamos y que todos debemos defender".
En su reciente libro Diario de un ministro sobre su paso por el Ministerio de Defensa, José Bono dedica a Pérez Alamán varias referencias relacionadas con el discurso del teniente general Mena en la Pascua Militar de 2006 y el sondeo de los posibles apoyos que Mena pudiera tener entre los máximos responsables de las Fuerzas Armadas.


'Patria, honor, Dios, familia'

"Soy un militar de ideas claras. Los militares somos gente con conceptos muy primarios y no damos importancia a lo complementario. Por eso, para nosotros los conceptos claves son patria, honor, Dios, familia, sin que lo demás sea importante", palabras que pone Bono en su libro en boca de Pérez Alamán.
En el ambiente de "militares levantiscos pero poco preocupantes", dice Bono, de las palabras de Mena, con el estatuto de Cataluña y las referencias a la misión última de las Fuerzas Armadas, el primer ministro de Defensa de Zapatero cuenta que viajó a Canarias y mantuvo allí una cena con el teniente general, la cena más larga de su vida para varios de los asistentes.
Antes de ese encuentro relata que "me informan de que el general Pérez Alamán, jefe del Mando de Canarias, y el general Mena hablan de que tienen 'ganas de hacer algo, una cosa colectiva, pero que van a esperar a otro momento". Tras la cita personal, Bono informa a Zapatero de que "Pérez Alamán no representa peligro, lo más que puede hacer es hablar de manera destemplada, pero no lo veo con posibilidades de realizar un pronunciamiento exitoso".
Las referencias al general que Bono reproduce en su libro las califica el aludido de "burda mentira", "demagoga palabrería", y responde al exministro, en un artículo de este mes de abril publicado en Alerta Digital, que "basado en una información falsa y sin contrastar, solo tenia que preguntarme, se lanza a la piscina, pone negro sobre blanco una mentira de bellaco y pretende ofenderme aunque sin conseguirlo, porque su demagogia no da ni sombra a mi prestigio entre mis compañeros".
"Del juicio de valor que hace después de la cena-careo, tengo que aclararle que sí, me considero una buena persona y del siglo XIX y me honro en practicar las virtudes de aquella época donde, pese a todas sus sombras, el Honor era importante entre los caballeros y un apretón de manos entre dos hombres del pueblo valía mucho más que tanta firma y papeleo tramposo que vemos en políticos y banqueros de nuestros días", afirma.
Las críticas de militares a ministros y Gobiernos que los nombraron en altas responsabilidades -o los cesaron- son frecuentes cuando pasan a la situación de retiro, normalmente a los 65 años. Hasta ese momento y desde su último destino activo permanecen en la situación de reserva, en la que se les puede aplicar el Código Penal militar, aunque se han dado pocos casos de sanciones incluso en esa etapa por militares que se han salido de la neutralidad política a las que le obligan las leyes. El propio Pérez Alamán ha criticado duramente por escrito al exministro Federico Trillo, hoy embajador en Londres, por la gestión del accidente del Yakovlev al cumplirse el 12 aniversario.
La decisión de situar la bandera como fondo de Pedro Sánchez en su reciente proclamación como candidato ha levantado suspicacias dentro del propio PSOE, en círculos conservadores y, como se ve, entre militares ya en retirada. Se suma a la utilización por Rajoy y el Partido Popular de la Marca España o la profusión de grandes enseñas nacionales en algunos ayuntamientos.
Los símbolos patrios siguen sin dejar indiferentes a muchos ciudadanos que se deben preparar para su uso intensivo en la inminente campaña electoral.

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