viernes, 23 de julio de 2021

Seguridad: tiempos de diagnóstico y definición de estrategias

Artículo publicado originalmente en Blog IDAPS.


¿Cómo están evolucionando los riesgos, desafíos, amenazas a nuestra seguridad? Aparentemente hacia el gris, nos dicen sus profesionales; y hacia lo digital, nos dicta la lógica y la actualidad; en ambos casos la atribución de responsabilidades se difumina, y entonces la justificación de la respuesta también, nuevos escenarios donde los instrumentos tradicionales pueden ver alterada su capacidad de actuación y disuasión.

En principio, las políticas y los medios públicos y privados destinados a la seguridad deberían estar directamente conectados con la inseguridad a la que se enfrentan, aunque la relación no está asegurada por fenómenos llamados inercias, intereses de parte y corporativismo, entre otros, también por el momento presupuestario y por las modas, y la actual es sanitaria (viendo los últimos escándalos de espionaje electrónico, los virus médicos y digitales copan la actualidad).

A mediados de 2021 tanto España como las dos principales organizaciones políticas multilaterales relacionadas con la seguridad de las que formamos parte, la OTAN y la Unión Europea, se encuentran inmersas en un proceso de definición estratégica a partir de un diagnóstico que revele amenazas, recursos y prospectiva para dibujar un marco de actuación en temas de seguridad exterior.

El resultado habrá que juzgarlo por las expectativas, que no suelen ser excesivamente elevadas en estos asuntos; y por la concreción, no vendría mal ser exigente en cuanto a lo aprendido de la gestión de crisis de la envergadura de la financiera de 2008 como de la pandemia mundial provocada por el covid-19 a partir de comienzos de 2020. Otro riesgo muy actual es que pandemias y virus copen todos los documentos sobre seguridad; entonces quizá nos llevemos la sorpresa de que las nuevas estrategias apuesten por incrementar los presupuestos en sanidad pública y atención primaria, en lugar de armamento (esto último es ironía). Las propias estrategias tienen sus propios riesgos internos, no menores en su tendencia a no priorizar o a contemplar tan amplio abanico que lo dicen todo y nada al mismo tiempo. Otro factor, especialmente en el marco a 27 de la UE, es que un acuerdo de mínimos produzca un documento descafeinado.

En cualquier caso los tres documentos estratégicos vigentes requerían una actualización: la Estrategia de Seguridad Nacional española es de 2017; la Estrategia Europea de Seguridad, de 2016; y el concepto estratégico de la OTAN es de 2010.


Nueva estrategia española de seguridad

El primero de los tres documentos estratégicos que se hará público es el español, este mismo año 2021. El proceso arrancó hace al menos un año ya, en verano de 2020. La nueva Estrategia será la cuarta de nuestra historia, "dando así cumplimiento a la Ley 36/2015 de Seguridad Nacional, que prevé la revisión de la misma cada cinco años o cuando lo aconsejen las circunstancias cambiantes del entorno estratégico, una situación, esta última, que se ha materializado tras la pandemia del covid-19, siendo necesario volver a evaluar los ámbitos definidos en la Seguridad Nacional y las relaciones entre ellos", se dijo en ese momento.

En la búsqueda de una amplia participación y consenso, está prevista la participación en la nueva Estrategia de las comunidades autónomas, a través de la Conferencia Sectorial para Asuntos de Seguridad Nacional, "buscando entre todas las instituciones implicadas un amplio consenso en la visión y política de Estado necesaria para la protección de la libertad, los derechos y el bienestar de los ciudadanos y así, garantizar la defensa de España y sus principios y valores constitucionales".

La Estrategia de Seguridad Nacional 2017 a sustituir se supone que tiene la huella de su momento, de Mariano Rajoy como presidente del Gobierno y de un par de ministros por ramo (cambiaron los titulares meses antes de su presentación): Jorge Fernández Díaz y Juan Ignacio Zoido en Interior; Pedro Morenés y María Dolores de Cospedal en Defensa; la impresión subjetiva es que han pasado más de cuatro años desde aquel momento.

Identifica este documento de 2017 "las amenazas que comprometen o socavan la Seguridad Nacional y por otra parte, los desafíos que, como retos y sin tener la entidad de amenaza, suscitan vulnerabilidad, provocan situaciones de inestabilidad o pueden propiciar el surgimiento de nuevas amenazas".

En cuanto a las principales amenaza identificadas, se encuentran "los conflictos armados, el terrorismo, el crimen organizado, la proliferación de armas de destrucción masiva, el espionaje, las ciberamenazas y las amenazas sobre las infraestructuras críticas. Especial mención merece la amenaza del terrorismo yihadista -añade la Estrategia de 2017, muy cercana a los atentados de Cataluña-, uno de los principales problemas de seguridad a los que se enfrenta el mundo y que de nuevo mostró toda su brutalidad en España en agosto de 2017".

En cuanto a desafíos, la Estrategia señala "la inestabilidad económica, la vulnerabilidad energética, los movimientos migratorios, las emergencias y catástrofes, las epidemias y pandemias (de forma genérica y distinta a cómo llegó) y el cambio climático".

Dichas amenazas y desafíos no existen aislados, "sino que están interconectados, sus efectos traspasan fronteras y se materializan con frecuencia en los espacios comunes globales, como el ciberespacio, el espacio marítimo y el espacio aéreo y ultraterrestre", añade la estrategia.

Los siguientes pasos están avanzados en la Orden de octubre de 2020 que aprueba el procedimiento para la elaboración de la Estrategia de Seguridad Nacional 2021 (BOE de 5.11.2020). Dice el procedimiento que "la naturaleza global de las amenazas junto con la velocidad del cambio hace necesario:

  • Evaluar los ámbitos definidos en la Seguridad Nacional y las relaciones entre ellos para establecer líneas de acción mucho más transversales e integradas que permitan la debida planificación y preparación para hacer frente a cualquier eventual crisis;
  • Establecer un sistema de alerta temprana para cada ámbito de la Seguridad Nacional, basado en indicadores y aprovechando la tecnología disponible, que permita la detección de crisis potenciales y la activación temprana del sistema de gestión de crisis para una óptima administración de todos los recursos disponibles;
  • Utilizar la tecnología, aprovechando la inteligencia artificial y la mecanización de procesos, para lograr una mayor velocidad de reacción, mayor integración, compartición de datos y digitalización de procesos".

Un aspecto especialmente relevante del  Informe de Seguridad Nacional 2020 aprobado en marzo y conocido en mayo de 2021, "es que se configura como elemento de revisión de la Estrategia de Seguridad Nacional 2017". El análisis de riesgos que incluye el informe, en el que se afirma han participado dos centenares de especialistas, además de los responsables públicos de seguridad, "se integra de forma plena al proceso de elaboración de la nueva Estrategia. En concreto, los resultados serán incorporados en el nuevo texto".

En ese Análisis de Riesgos para la Seguridad Nacional 2020/2023, "las epidemias y pandemias son las amenazas para la Seguridad Nacional percibidas como más peligrosas. La crisis generada por la covid-19 es considerada como la más grave desde la Segunda Guerra Mundial en términos de número de muertes y casos diagnosticados. Cabe destacar que la pandemia del coronavirus está teniendo duras consecuencias en múltiples ámbitos relacionados con la Seguridad Nacional que trascienden el ámbito sanitario y la seguridad de la salud pública".

Este trabajo prospectivo señala cuatro amenazas y desafíos que, junto a las epidemias y pandemias, se sitúan de forma destacada en la zona más alta de la tabla en el mapa de riesgos: la inestabilidad económica y financiera; la vulnerabilidad del ciberespacio; el espionaje; y los flujos migratorios irregulares.

Junto a las cinco amenazas y desafíos señalados anteriormente, "otros nueve elementos se sitúan en esta zona de peligro muy alto: los efectos del cambio climático; las amenazas para las infraestructuras críticas; las emergencias y catástrofes; los conflictos armados; la vulnerabilidad energética; el crimen organizado; la vulnerabilidad aeroespacial; el terrorismo; y la vulnerabilidad marítima". 

Difícil ver el bosque entre tanto árbol, aunque destaca el lugar muy secundario que ocupa el terrorismo.

Al margen de la nueva estrategia como tema concreto, el largo y dificultoso camino de fortalecimiento de un sistema de seguridad nacional dirigido desde y encuadrado en Moncloa va poniendo de relieve la necesidad de un referente político de peso sobre estos asuntos de seguridad; sobre el papel es el director del Gabinete del Presidente, quien acude al Parlamento a explicar avances e informes, aunque la realidad es que ese puesto -se apellide quien lo ocupe Moragas, Redondo o López- tiene muchas otras prioridades como para ser también una especie de consejero de seguridad nacional con presencia pública y competencia política para responder de forma tajante a desinformación interesada sobre seguridad nacional. Como ejemplo, en los últimos tiempos se ha intentado vender un procedimiento administrativo de actuación frente a la desinformación como el Gran Hermano de Orwell; y la actual modificación en marcha de la ley de Seguridad Nacional, que busca "reforzar los mecanismos a disposición del Estado para acceder a los recursos necesarios para la gestión de crisis", se descalifica como la implantación de la Venezuela bolivariana en nuestro país.

Al hilo de lo anterior, las estrategias y los responsables de la seguridad deberían detenerse a pensar en cómo reaccionar ante los bulos y la desinformación que muy a menudo proceden del mismo sistema profesional y político de la seguridad, hispano-español o aliado.


Unión Europea: Strategic Compass

Habrá que esperar a marzo de 2022 para conocer por parte de la Unión Europea, coincidiendo con la presidencia francesa del Consejo, los resultados de lo que se ha venido en llamar Strategic Compass, el rumbo estratégico (brújula sería una palabra con mucha mayor fuerza) que oriente la seguridad exterior de la Unión.

Hasta el momento se han dado pasos y pocas pistas; y se ha reiterado desde el comienzo de la legislatura europea en 2019 el concepto de "autonomía estratégica", que aparece en cualquier proyecto de envergadura que se pone en marcha desde las instituciones comunitarias.

En este sentido, el alto representante Josep Borrell, aclara que "la autonomía no debería suponer una total independencia o aislamiento del resto del mundo, sino más bien la capacidad de pensar por nosotros mismos y de actuar de acuerdo con nuestros propios valores e intereses. La Unión Europea necesita lograr este tipo de autonomía, reforzando al mismo tiempo nuestras alianzas y preservando nuestro compromiso con el multilateralismo" (Project Syndicate, 13.11.2020).Señala Borrell que los retos europeos en materia de seguridad van más allá de las competencias tradicionales de la OTAN. Desde el Sahel y Libia hasta el Mediterráneo oriental, no son pocas las crisis que exigen una respuesta europea firme. "La tarea de la UE es definir una posición común a partir de la cual pueda actuar para mantener la estabilidad regional", dice.

Para tener éxito, "Europa debe desarrollar su propio marco de seguimiento y análisis de las amenazas, de modo que pueda pasar rápidamente de la evaluación de amenazas a la operacionalización y la respuesta. Esta es la razón por la que estamos desarrollando un rumbo estratégico (Strategic Compass).

En línea muy coincidente se manifiesta Javier Solana: "La autonomía estratégica europea va mucho más allá de la seguridad militar; la pandemia por ejemplo nos ha dado una gran lección, que no éramos autónomos en mascarillas", afirmaba recientemente; "la autonomía deberíamos empezar a mirarla con otra perspectiva; no hay duda que tiene que ver con nuestra seguridad, también con muchas más cosas en el mundo de hoy: tiene que ver con las inversiones, con la tecnología, con la energía, tiene que ver con el clima..." (Seminario APE, junio 2021).

Aclara quien fue secretario general de la OTAN y responsable de política exterior y de seguridad europeas que "cuando la UE habla de autonomía no habla de autarquía o proteccionismo, sino de todo lo contrario, habla de tener esas capacidades para ponerlas a disposición de las organizaciones internacionales y ser más útil en el mundo en que vivimos", se trata de ser más fuertes y prepararse para el futuro, más que para el pasado.

Solana defiende que "la autonomía estratégica de la UE sería la capacidad de actuar solos, pero con la voluntad de actuar multilateralmente con otros, y más allá de la seguridad".

"En relaciones internacionales se pueden hacer tres cosas: confrontar, cooperar o competir; hay mucho margen para defender nuestros intereses", opina Solana, alejándose de la falsa disyuntiva que a menudo llega de la otra orilla atlántica de sólo distinguir entre enemigos y aliados. "La planificación militar debe ser europea", añade Solana, apuntando a una carencia.

Las orientaciones políticas que está definiendo la UE, así como los objetivos específicos, se agruparán en torno a cuatro áreas interrelacionadas: gestión de crisis y conflictos; resiliencia ante los desafíos y amenazas cambiantes; desarrollo de capacidades e instrumentos civiles y militares; y, por último, cooperación con socios, a nivel bilateral y con organismos internacionales.

Para este proceso se ha elaborado un primer análisis de amenazas, con aportaciones de los servicios de inteligencia civiles y militares de los Estados miembros, que recoge los desafíos de seguridad y defensa europea para un periodo entre cinco y diez años, como la creciente competencia geopolítica y la presión sobre el sistema multilateral; la desestabilización del entorno regional; o las amenazas híbridas y transnacionales, cada vez más complejas. Este diagnóstico de inteligencia compartida, que en sí mismo es un avance, fue anunciado en noviembre de 2020, aunque se desconoce su contenido.

La UE muestra voluntad de avanzar en asuntos de seguridad y estratégicos, que se sumarán a los proyectos concretos en marcha fundamentalmente industriales (PESCO),  o que por primera vez el Marco Financiero contempla un fondo de defensa. Asimismo la Conferencia sobre el Futuro de Europa, entre mayo de 2021 y 2022, debería tratar estos temas de seguridad exterior, muy ligados al fortalecimiento de la UE como entidad política que exige el desarrollo de pilares robustos en protección social y seguridad física.


Alianza Atlántica: nuevo concepto estratégico en España 2022

En relación con la Alianza Atlántica, parece que se han producido algunos cambios entre la "muerte cerebral" diagnosticada para la organización por el presidente francés en noviembre de 2019, y la optimista cumbre de la Alianza de junio de 2021. Entretanto se ha inaugurado una flamante sede en Bruselas y ha cambiado el presidente de Estados Unidos, de donde se infiere la permanente necesidad de reinventarse por parte de la organización -más aún tras el fin de Afganistán- y el poder del aliado norteamericano en la organización, sólo matizado por la unanimidad requerida en las decisiones (curiosamente este método de decisión no es cuestionado en el funcionamiento de la Alianza, sí en la UE).

Durante esta reunión en Bruselas, los jefes de Estado y de Gobierno acordaron que España acoja en 2022 la cumbre de la OTAN. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, señaló que en la Cumbre de 1997 en España, los aliados "fuimos capaces de demostrar cohesión pero, sobre todo, visión de futuro para afrontar el nuevo escenario estratégico que se abría tras la caída del muro de Berlín. Me gustaría llevar ese espíritu de Madrid a la próxima Cumbre para que seamos capaces de alumbrar un nuevo Concepto Estratégico que nos sirva de guía en los años venideros".

Recordaba Moncloa en ese marco que el compromiso de España con la OTAN se manifiesta en que nuestro país participa en la mayoría de las misiones de la organización, y lo hace con 902 efectivos. 

En la Cumbre de la OTAN de este junio los aliados han refrendado 'OTAN 2030', un documento para lograr una organización más política y fuerte militarmente, y más global, para afrontar las amenazas y los retos del nuevo contexto estratégico.

El documento 'OTAN2030' contempla nueve prioridades: aumentar las consultas políticas y la coordinación entre aliados; reforzar la disuasión y la defensa; mejorar la resiliencia; preservar la ventaja tecnológica; mejorar la cooperación con socios en adiestramiento y generación de capacidades; luchar contra el cambio climático; renovar el concepto estratégico; y asignar recursos para llevar a cabo estos temas.


Pistas externas

Atendiendo a otras pistas dispersas, el secretario de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Alejandro Mayorka, declaraba hace pocas fechas en una entrevista en la prensa española (El País, 24.6.2021). que "los ciberataques son una de las mayores amenazas a la que nos enfrentamos en EE UU y en el mundo, pero la amenaza terrorista se mantiene. En todos los años que he estado vinculado a la seguridad nacional he visto cómo ésta ha ido cambiando. La mayor amenaza terrorista a la que nos enfrentamos hoy en Estados Unidos es la amenaza del terrorismo interior, una conexión entre ideologías radicales y violencia". De aquí se deduce que a EEUU le preocupa la ciberseguridad, el terrorismo propio y China, ¿lo trasladará a través de la OTAN? ¿Dejarán la confrontación con Rusia a los europeos? ¿Existe la autonomía estratégica de la UE dentro de la OTAN?

España, la UE y la OTAN  están actualizando sus estrategias de seguridad cuyo resultado deberá tener en cuenta un terrorismo yihadista omnipresente desde el cambio de siglo y hoy claramente a la baja; el fin de las grandes y prolongadas intervenciones militares como Afganistán (se habla de cansancio estratégico); muestra síntomas de agotamiento la desinformación como gran argumento de sustitución al terrorismo (en lugar de las bien reales ciberamenazas); se presenta una improbable nueva guerra fría con la vuelta de Rusia y la emergencia de China (por ofrecer un dato aproximado, el presupuesto anual en Defensa de EEUU triplica al de China y es diez veces el de Rusia); ciudadanos y parlamentos parecen cada día más lejos de las decisiones y decisores sobre su seguridad...

Es de agradecer en cualquier caso la aparición de documentos estratégicos que analicen tendencias y dibujen escenarios futuros, trabajos que no olvidemos se hacen para actuar en el presente. Estos informes han estado tradicionalmente financiados por el sector de la seguridad, con lo que las previsiones suelen salir muy inseguras, siguiendo el principio del mantenimiento de la especie y su reproducción; en los últimos tiempos se van sumando además ejercicios de prospectiva en otros ámbitos, como el proceso "España 2050. Fundamentos y propuestas para una Estrategia Nacional de Largo Plazo".

Bienvenido cualquier esfuerzo que ayude al ciudadano a pensar y comprender, y a los actores públicos y privados a organizarse, prevenir y gestionar crisis; nada de lo anterior está garantizado con la publicación de tres estrategias de seguridad, depende de su contenido y de la pedagogía que se haga con el documento; hasta el momento se ha desaprovechado el proceso de elaboración para implicar al ciudadano y estar presente en el debate público.

La seguridad total no existe, la actual exige instrumentos más allá de los militares y policiales, el momento exige mayor concreción que en el pasado.

De la publicación de las tres estrategias en elaboración, y de su desarrollo, derivará el porcentaje del PIB que dedicamos a la seguridad exterior, por ejemplo, y el futuro de los instrumentos públicos dedicados a estos menesteres, por centenarios que sean, otra cosa sería seguir un orden no lógico; incluso si el objetivo final fuera la sensación subjetiva de seguridad, más que la seguridad misma.

Veremos con atención los productos estratégicos hoy cocinándose. Quizá una de las claves sea su éxito en la definición de una nueva relación entre soberanía y seguridad.

Escribía recientemente Xavier Vidal-Folch que "el universo de las democracias contemporáneas aspira a configurar un espacio de identidades superpuestas, un conjunto de competencias concurrentes; un mundo de soberanías compartidas. La clave de lo contemporáneo no es la imposible independencia absoluta, sino la interdependencia". 

También en seguridad.



lunes, 24 de mayo de 2021

España-Marruecos, ¿choque de ignorancias?

Imagen difundida por la Guardia Civil.

Escuché a un embajador de Marruecos en España salir con éxito de una pregunta incómoda sobre derechos humanos señalando que los avances en las libertades individuales y colectivas, como la igualdad o la participación política, es un proceso histórico para todos los humanos, que según las circunstancias y el momento avanzan más en unas geografías que en otras. El embajador fue luego destinado a un puesto relacionado con la descentralización política de su país, labor sobre la que desconozco los resultados.

Digamos cortésmente que la iniciativa sobre conquistas sociales y políticas no se pilota hoy desde aquella orilla. Una afirmación la anterior compatible con el reconocimiento a que nuestro vecino del sur ha puesto en marcha avances políticos claros en los últimos años: un nuevo Código de Familia en 2004 que amplía los derechos de la mujer;  la Instancia Equidad y Reconciliación, una Comisión Marroquí de la Verdad creada ese mismo año con el objetivo de arrojar luz y testimonios sobre las graves violaciones de derechos humanos ocurridas entre 1956 y 1999 -léase, represión de Hasán II, padre del rey reinante-, determinar las responsabilidades institucionales, indemnizar y rehabilitar a las víctimas, y elaborar propuestas de reformas; o la nueva Constitución de 2011, que entre otros contenidos contempla el voto de españoles/extranjeros residentes, que se vería acompañado del voto marroquí en España, posibilidad no desarrollada.

Aparece hoy muy limitado el impulso aperturista inicial de Mohamed VI tras su acceso al trono en 1999, como de otros gobernantes árabes que heredaron el poder en el cambio de siglo -Abdalá II en Jordania también en 1999 o Báshar al Ásad en 2000-, que despertaron mejores expectativas que resultados, a pesar de haber sobrevivido a las revoluciones-primaveras árabes, que no tiene poco mérito, aunque puede no ser suficiente para que sus hijos hereden el puesto.

Decimos que Estados Unidos no es Trump, no sólo, que Reino Unido no es Johnson (ni May ni Cameron), de donde se deduce que Marruecos no es Mohamed VI ni España Pedro Sánchez (o Rajoy), que estos países y sociedades son bastante más que sus dirigentes, incluidos los económicos y mediáticos, pero está claro que toman decisiones que pueden ser relevantes sobre la vida y hacienda, sobre el destino de los recursos públicos y sobre la seguridad. Por poner un ejemplo, el progreso social y político puede verse favorecido o torpedeado.

Mayo de 2021, el Gobierno marroquí (incluye la Corona) provoca una crisis política y diplomática con España -con una importante derivada humanitaria- sin precedentes desde Perejil 2002, abriendo la frontera con Ceuta que atraviesan miles de personas sin control. El momento claramente es consecuencia del reconocimiento en diciembre por el presidente de EEUU de la soberanía marroquí del Sáhara occidental, en compensación por el establecimiento de relaciones diplomáticas con Israel, leído por el poder político en Marruecos como una oportunidad para presionar a la UE, a España, a la ONU, para que muevan ficha a favor de su punto de vista de anexión incondicional y carpetazo al acuerdo de paz de 1991, un plan de arreglo que fue aprobado por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, que establecía un período de transición para preparar la celebración de un referéndum en el que el pueblo del Sáhara Occidental eligiera entre la independencia y la integración con Marruecos. 

Existían sospechas, pero se ha confirmado ahora por sus protagonistas, de que el Gobierno de Marruecos utiliza el flujo migratorio como instrumento de presión diplomática, lo que parece poco responsable para sus intereses, para las personas afectadas y sirve ya de hecho acreditado que estará presente en todo tipo de negociación futura y costará difuminar.

La crisis tiene una clara relación con la seguridad, la soberanía y el pulso diplomático, y de su gravedad da idea el viaje inmediato a Ceuta y Melilla del presidente del Gobierno español, gesto que no se producía con o sin crisis desde Zapatero.

De máximo interés para especialistas en seguridad (que son pocos) y profesionales (muchos) es si estos acontecimientos se enmarcan en la zona gris, en estrategias y amenazas híbridas, si nos encontramos en el nivel de configuración del entorno, interferencia o desestabilización. En cualquier caso, cuando la seguridad pierde contacto con el ciudadano, como ha ocurrido en esta ocasión, estas decisiones están más relacionadas con la seguridad laboral de quienes se dedican a ella y de los responsables que manejan esos recursos.

No parece fundado el análisis, con defensores en ambas orillas del Estrecho, que sitúa el control de la inmigración, el terrorismo yihadista o el desarrollo económico de España-Europa en manos de Marruecos: recordemos los atentados en Casablanca de mayo de 2003, anteriores al 11-M; que cuanto más dura sea la política migratoria de España mayor será el problema para Marruecos, país de paso pero también de destino de poderosos flujos migratorios desde el sur; atendamos a que el desarrollo económico marroquí está bastante ligado a la relación con su primer socio económico, que es la UE, o comercial, que es España.

Imagen de Ceuta publicada en la prensa marroquí.

Provocado el conflicto surge la pelea por el relato, en el que situar imágenes como la del guardia civil submarinista salvando bebés de morir ahogados o la voluntaria de Cruz Roja abrazando a un inmigrante aterrado; o militares españoles dando porrazos a inmigrantes, según ilustra la prensa de uno u otro país, con un ganador claro.

En este mismo capítulo de la comunicación, el director de la agencia oficial de noticias de Marruecos -MAP-, vestido con traje de camuflaje, escribe algunas proclamas faltonas de consumo interno y explosivo nacionalismo, y otras frases con mayor interés sobre lo que parece haber descubierto en "la nueva realidad geopolítica": "Ha llegado el momento de aclararse, especialmente después del reconocimiento por parte de los Estados Unidos de la plena soberanía de Marruecos sobre su Sahara. Qué vas a hacer?", aconsejando que España se alinee con EEUU (¿Trump, Biden?) y dar una oportunidad a la paz, inspirado por John Lennon.

"Estados miembros con un goteo de euros sin conciencia de un destino compartido. Y desvaríos infantiles en dirección a terceros países. Tu hechizo está roto", dice de la UE; "esta Europa desorientada, se debilita, que se alimenta a la fuerza de sus euros y se pierde en el siglo sin valores compartidos y sin un modelo gratificante ya no nos conviene, por qué entonces insistir en vivir juntos".

Además de cargar MAP contra las agencias EFE y AFP -entre bomberos no conviene pisarse la manguera-, el director de la marroquí opina que "Europa se está muriendo. Ni cohesión económica ni financiera. Sin capacidad para proteger realmente sus fronteras, ni en Oriente ni en Occidente. Ningún ejército capaz de asumir un desafío o imponer valores". 

¿Imponer valores? Qué difícil debe ser dirigir un medio de comunicación público, visto el despiste generalizado en éstas y otras geografías.

Parece desconocer la comunicación oficial que no hay marroquí sin acceso a medios extranjeros ni español sin referencias marroquíes, con lo que estos esforzados cantores le dejan a uno algo asombrado. ¿Desconocen el millón de marroquíes en España su país de acogida o residencia? ¿Se creen estas cosas los marroquíes que vacacionan en la costa del Sol? ¿Hay algún marroquí con un móvil en la mano que no acceda a fuentes de información no oficiales?

Una de las lecciones de la última crisis Marruecos-España, sobre la que los medios no han conseguido imponer un nombre, aún no está bautizada con éxito (eso sería otra batallita que librar), es que los regímenes autoritarios y/o no democráticos en cualquier orilla del Mediterráneo, occidental u oriental, no son fiables, porque no son previsibles, y de forma imprevista actúan Turquía, Egipto, Israel o Marruecos; de donde se deduce que la pedagogía y el respeto a los derechos humanos debería formar parte de cualquier negociación de la UE con terceros, no por altruismo, sino porque interesa.

La crisis de Ceuta de mayo de 2021 está teniendo un claro coste reputacional para los responsables políticos marroquíes, de lo quizá aún no sean conscientes, y un deterioro claro de las relaciones con España y la Unión Europea (recordemos, por ejemplo, que es la UE quien negocia la pesca con Marruecos, no los países individualmente).

Hace medio siglo convivían en las dos orillas del Estrecho un príncipe de los creyentes y un general superlativo por la gracia de Dios, y no se llevaban mal, a pesar de que incluso intercambiaron disparos y algún muerto (800 en Ifni), o que el de aquí hizo carrera con la ocupación colonial de los súbditos del de allí.

La condición de súbditos es la clave, o ciudadanos, apostaría a que a ambos lados del Estrecho son mayoría los ciudadanos frente a los súbditos; la diferencia es que los ciudadanos opinan y exigen responsabilidades a sus responsables políticos.

Imagen difundida por la Cruz Roja española.
"La nueva realidad geopolítica" de la que escribe el director de MAP se remite a los acuerdos de normalización o de Abraham de algunos países árabes, más Bután, con Israel, disueltos como un azucarillo tras la última masacre de palestinos en Gaza de este mes de mayo. "¡Un gran avance para la paz en Oriente Medio!", escribió Trump a través de su cuenta de Twitter.

El diciembre de 2020, ya perdidas las elecciones, la Administración Trump difunde un comunicado conjunto firmado por el primer ministro marroquí, Saad Din el Otmani; Jared Kushner, yerno de Trump; y por parte israelí Meir Ben-Shabbat, asesor responsable del Consejo de Seguridad Nacional, más un director de Exteriores que pasaba por allí.

Refiere la declaración una conversación telefónica entre Trump y Mohamed VI, y afirma que "el establecimiento de plenas, pacíficas y amistosas relaciones diplomáticas (entre Marruecos e Israel) se produce por el interés compartido entre ambos países y promoverá la causa de la paz en la región, impulsando la seguridad y desbloqueando nuevas oportunidades para toda la zona". Los acontecimientos recientes en Palestina no han confirmado los deseos expresados en la declaración tripartita.

Imaginando un hipotético ejercicio de prospectiva ‘Marruecos 2050’, ¿seguirá la frontera con Argelia cerrada como está desde 1994?; ¿habrán vuelto los embajadores de Marruecos en Alemania y España a su lugar de trabajo?; ¿se mantendrán los dos millones de turistas españoles que visitaron Marruecos en 2019? (20% del total); ¿continuará la Operación Paso del Estrecho  con cerca de cuatro millones de personas? ¿Cómo habrán evolucionado los 2.000 millones de euros que envían en remesas los marroquíes residentes en España a su país de origen?

Frente a 2002 (Perejil), 1975 (Marcha Verde),  1958 (guerra de Ifni), 1956 (independencia de Marruecos), 1912 (Protectorado) ó 1860 (toma española de Tetuán), ha cambiado el escenario, los actores, la comunicación, los intercambios, los ciudadanos y la información que reciben, elementos que esperemos contribuyan a disolver el nudo de desconfianza en menos de diez años.

Las autoridades marroquíes han realizado un diagnóstico erróneo de la oportunidad que parecía abrirse con la diplomacia tuitera de Trump, independientemente de lo que haga ahora Biden, probablemente nada, más allá de contemplar incómodo cómo chocan dos aliados cercanos. Para EEUU, Marruecos y España ni son un problema ni son indispensables, por lo que su reacción será siempre modesta.

El Gobierno marroquí ha realizado también una mala calibración del momento político de la Unión Europea, enfrentándose a Alemania y España y provocando una reacción del club que no tuvo en la crisis de Perejil; mal diagnóstico de una UE ultra sensibilizada hoy contra chantajes sobre migrantes, y que vive un refuerzo federal y un avance de políticas comunes -no sólo financieras- como reacción a la crisis del covid, avances con repercusión sobre su política exterior y de seguridad.

Las relaciones entre España y Marruecos, afortunadamente,  son más profundas y fuertes que la habilidad de sus dirigentes para leer el momento político. Historia común, cultural, medieval, colonial, de la que no somos responsables los vivientes, sí de la actual. La exposición en el Museo Reina Sofía sobre arte contemporáneo marroquí es un ejemplo a imitar.

Cultura e información, probablemente también la relación empresarial, son ingredientes para fortalecer una relación que la tozuda geografía hace obligada. Cuanto más complejas y densas sean las relaciones entre los dos países, incluida la sociedad civil, menos podrán ser manipuladas sus opiniones públicas y sus sociedades por intereses coyunturales; incluso podríamos decir que cada vez dependerán menos de decisiones personales.

La expresión "choque de ignorancias" del título fue la alternativa del intelectual palestino Edward Saíd a aquel "choque de civilizaciones" de rampante éxito a finales del XX.

La respuesta a la pregunta del título es claramente negativa, no puede haber ignorancia entre Marruecos y España, no la hay entre los que toman decisiones, choque de extremistas sí puede existir, no de ignorantes. Aunque sí se puede estar produciendo otro tipo de carencia, el desconocimiento o incapacidad de leer el momento: la cooperación y la interdependencia destacan como lecciones obligadas del covid, no por altruismo, sino por interés interesado. Otra actitud responde simplemente a quien piensa que puede conseguir más en solitario que en asociación, legítimo, pero ¿acertado?


Artículo publicado también en infoLibre -Blog Al revés y al derecho- y en Rebelión.

Sugerencias


martes, 18 de mayo de 2021

Les bâillements des étudiants palestiniens

L'épopée est belle: drapeaux, hymnes, trompettes, uniformes, médailles, martyrs, héros, celui qui a vécu de près un acte avec ces ingrédients ne peut s'empêcher de ressentir une émotion sincère et passagère.

La légalité internationale est un autre domaine d'une grande importance: les résolutions des Nations Unies, la Cour Pénale Internationale, la Cour Internationale de Justice de La Haye, chaque centimètre avancé dans ces instances est un succès irréversible, une nouvelle brique dans la construction d'une société réglementée par la justice et le droit et, par conséquent, les responsables de sa violation peuvent être dénoncés; le succès est également généralement temporaire dans ce cas, étant donné l'impunité surprenante de son non-respect.

Il existe un autre espace plus difficile d'accès: celui du quotidien.

Il s'avère que les moments de l'épopée et des tribunaux internationaux peuvent être qualifiés de vacances, mais que nos vies se déroulent principalement pendant les jours de travail.

Le printemps 2021 et son Ramadan ont été marqués en Palestine-Israël par une énième répression de la population civile palestinienne suite à un énième cas de confiscation de biens palestiniens pour les remettre aux colons, plus la frustration accumulée. Et cette fois-ci, cela coïncide avec la lecture et la découverte récente de "J'ai vu Ramallah", un roman autobiographique de l'écrivain palestinien Mourid Barghouti, né en Cisjordanie en 1944 et décédé à Amman en février 2021 (une découverte à remercier Separata Árabe, un site web et un club de lecture sur la littérature arabe dont Silvia Rubio et Maribel González sont à l'origine).

"Il suffit de subir la première expérience de l'exil pour se sentir exilé à jamais", déclare Barghouti dans un livre où il transmet ses sentiments et ses impressions sur sa première visite à Ramallah après 30 ans d'exil. La guerre de 1967 a éclaté alors qu'il étudiait au Caire et il n'a pu retourner dans son village qu'au milieu des années 90, lorsqu'Oslo a ouvert une fenêtre aujourd'hui définitivement gâchée par la réalité.

Le conflit transforme la normalité en un symbole, et les gens disparaissent. "La Jérusalem habituelle, celle de nos petits moments, celle que nous avons immédiatement oubliée parce que nous n'avions pas à nous en souvenir, parce que c'était aussi normal que l'eau était de l'eau, et que la foudre était de la foudre. Mais lorsqu'il nous a échappé, écrit Barghouti, il s'est élevé et est devenu un symbole. Vers le ciel. Toutes les luttes préfèrent les symboles. Jérusalem est désormais la Jérusalem de la théologie. Le monde est préoccupé par la 'situation' de Jérusalem, par son idée et sa légende. Mais ils ne se soucient pas de notre vie à Jérusalem ou de la Jérusalem de notre vie".

Barghouti évoque dans le roman le quotidien perdu et impossible à retrouver: "Ils ont pris les adresses de nos maisons et la poussière de nos escaliers (...). Ils ont supprimé les bâillements des élèves aux pupitres, la somnolence de la dernière classe du mardi. Ils ont gardé les traces des pas de ma grand-mère sur le chemin de la maison de Mme Hafiza".

Le double éloignement de l'exilé et du poète apparaît constamment dans le livre: impossible de retourner en enfance, figé dans le souvenir d'un passé inatteignable; et sans avenir. "L'occupation nous a laissés comme nous étions. C'est son crime. Ce n'est pas qu'elle nous interdisait de nous souvenir d'hier avec facilité, mais elle nous privait de la belle incertitude du lendemain".

Une temporalité permanente s'est installée en Palestine et parmi les Palestiniens: "Depuis 67, tout ce que nous faisons est temporaire et "jusqu'à ce que les choses deviennent plus claires". Mais les choses n'ont pas été clarifiées après trente ans", écrit Barghouti, même pas deux décennies après la publication du roman. Et la situation est aggravée par l'arbitraire toujours présent dans les régimes autoritaires et/ou coloniaux.

"L'exil est comme la mort. Nous pensons que cela ne peut arriver qu'aux autres". La vie de Barguti donne des noms et des scénarios à la diaspora palestinienne, aux monarchies du Golfe comme destination de travail, à la dispersion des morts et des vivants à travers le Moyen-Orient et le reste de la planète, à la dépendance au téléphone, aujourd'hui aux réseaux, toujours à la recherche de papiers qui ouvrent souvent des frontières sauf la sienne.

La dispersion des Palestiniens n'empêche pas la violence qui est également dispersée, comme le meurtre de deux amis de Barghouti, l'écrivain Gassan Kanafani, assassiné à Beyrouth en 1972, et le dessinateur Nayi Ali, assassiné à Londres en 1987.

"J'ai vu Ramallah" est une extraordinaire invitation à apprendre de la main d'un poète la situation des Palestiniens en exil et sur le terrain, marqué par la colonisation.

Rappelons que les colons ont donné leur nom à la colonisation, une perspective qui éclaire et facilite la compréhension de la question palestinienne, avec la grande particularité - défend la journaliste Teresa Aranguren - que nous assistons ici à un cas étrange dans lequel le colonisateur veut expulser le colonisé, en plus de l'exploiter (ce qui est aussi le cas).

La biographie de Barghouti et de nombreux Palestiniens est marquée par la guerre des Six Jours de 1967, à l'origine de l'occupation israélienne de Gaza, de la Cisjordanie et de Jérusalem-Est.

"Dans notre calendrier, les chiffres perdent leur sens neutre et objectif et deviennent quelque chose qui ne peut signifier qu'une seule chose. Depuis la catastrophe de 1967, je ne peux plus regarder le chiffre 67 sans penser à la défaite. Je le vois immergé dans le numéro de téléphone d'un parent ou d'un ami, sur la porte d'une chambre d'hôtel, sur la plaque d'immatriculation d'une voiture qui passe dans n'importe quelle rue de n'importe quel pays du monde, sur l'entrée du cinéma ou du théâtre".

Des chiffres, beaucoup de chiffres, se sont emparés du conflit palestinien : 1948, 67, 73, 82, 87, 93, 242, 338, des dates et des résolutions de l'ONU que les enfants palestiniens connaissent avec une maturité politique prématurée.

Deux décennies après la Conférence de paix de Madrid et quelques années après les Accords d'Oslo, la solution à deux Etats (le Palestinien sur 20% de la Palestine historique, un territoire avec 700.000 colons) est déjà impossible, ce qui n'est peut-être pas une mauvaise nouvelle; et l'administration palestinienne créée dans le processus court le risque d'être un collaborateur de l'occupation (par exemple en matière de sécurité) ou de faire directement partie de l'administration coloniale. Mourid Barghouti et Edward Said étaient déjà très critiques à l'égard d'Oslo dans les années 1990, et le temps leur a donné raison.

La situation actuelle est celle d'une fragmentation accrue de la société israélienne et du paysage politique, avec quatre élections générales en deux ans ; à quoi il faut ajouter le nouveau report des élections palestiniennes initialement prévues pour ce mois de mai, quinze ans après les dernières.

Dans ce mai 2021 de violence croissante, des fantômes apparaissent, comme une nouvelle intifada pour apporter une solution temporaire à l'humiliation ; et d'autres pensent même à un nouvel épisode de nettoyage ethnique (appelé ainsi par l'historien israélien Ilan Pappé ce qui s'est passé en 1948) qui briserait l'équilibre démographique noué à 6,8 millions de personnes (le même nombre d'Arabes que de Juifs, sans compter les Palestiniens des pays voisins).

La violation systématique des droits des Palestiniens dans une sorte de nouvel apartheid, la discrimination raciale institutionnalisée en Afrique du Sud, est un diagnostic partagé tant par des ONG comme Human Rights Watch, dont un rapport a été publié en avril dernier sur le sujet, que par des hommes politiques ayant fait leurs preuves comme Shlomo Ben Ali, qui fut ministre des affaires étrangères d'Israël ainsi qu'ambassadeur en Espagne.

Il est surprenant que le diagnostic sud-africain ne corresponde pas à une solution sud-africaine, car toute autre alternative serait aujourd'hui inacceptable - le déplacement forcé de centaines de milliers de personnes - fondée sur la conviction que la continuité de la situation actuelle (un État confessionnel juif non démocratique avec des citoyens arabes de troisième ordre) est un pari sûr sur l'instabilité et un fardeau pour le développement futur.

Question: peut-il y avoir un projet d'avenir autre qu'un seul État démocratique qui protège la coexistence de tous les peuples vivant en Palestine-Israël ? 

Si nous voulons trouver des personnes dans le passé, le présent et l'avenir du conflit israélo-palestinien, le bâillement des élèves palestiniens dans les pupitres, nous devrons nous tourner vers la littérature, car les médias n'ont pas cela comme mission principale, mais pour trouver des clients présentant souvent une équidistance inexistante: ce n'est pas la même chose d'être colonisateur que colonisé, occupant que occupé, milice que puissance nucléaire, agresseur que agressé.

"L'oreiller est le Jugement dernier quotidien", dit Murid Barguti, en désignant ce moment de solitude dans lequel se trouve tout être humain.

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Texte original en espagnol. Traduction gracieuseté du magazine Atalayar, un pont journalistique d'Espagne entre rivages et cultures, où il a également été publié.

viernes, 14 de mayo de 2021

Palestinian pupils yawning

The epic is all very well: flags, anthems, trumpets, uniforms, medals, martyrs, heroes; anyone who has experienced an act with these ingredients up close cannot help but feel sincere and momentary emotion.

International legality is another field of enormous relevance: United Nations resolutions, the International Criminal Court, the International Court of Justice in The Hague, every centimetre that is advanced in these instances is an achievement that cannot be rolled back, a new brick in the construction of a society regulated by justice and law, and therefore those responsible for its violation can be denounced; success is also usually temporary in this case, given the surprising impunity of non-compliance.

There is another space that is more difficult to access: that of the everyday.

It turns out that the moments of the epic and of international tribunals might be said to be public holidays, but our lives are mostly spent on weekdays.

The spring of 2021 and its Ramadan have been marked in Palestine-Israel by the umpteenth repression of Palestinian civilians in the wake of the umpteenth case of confiscation of Palestinian property to be handed over to settlers, plus accumulated frustration. And this time coincides with the recent reading and discovery of 'I saw Ramallah', an autobiographical novel by the Palestinian writer Mourid Barghouti, born in the West Bank in 1944 and who died in Amman in February 2021 (a discovery to thank Separata Árabe, a website and reading club on Arab literature with Silvia Rubio and Maribel González behind it).

"It is enough to suffer the first experience of exile to feel exiled forever", says Barguti in a book in which he conveys feelings and impressions of his first visit to Ramallah after 30 years of exile. The 1967 war broke out when he was studying in Cairo and he could not return to his village until the mid-1990s, when Oslo opened a window that has now been definitively ruined by reality.

Conflict turns normality into a symbol, and people disappear. "The usual Jerusalem, the one of our little moments, the one we quickly forgot because we didn't have to remember it, because it was as normal as water was water, and lightning was lightning. But when it slipped through our fingers," writes Barghouti, "it climbed upwards and became a symbol. To the sky. All struggles prefer symbols. Jerusalem is now the Jerusalem of theology. The world is concerned with the 'status' of Jerusalem, with its idea and its legend. But they don't care about our life in Jerusalem and the Jerusalem of our life.

Barghouti recalls in the novel the everyday life lost and impossible to recover: "They have taken the addresses of our houses and the dust on our stairs (...). They have taken away the yawning of the pupils at the desks, the drowsiness of the last class on Tuesdays. They have kept my grandmother's footsteps on the way to Mrs. Hafiza's house".

The double estrangement of the exile and the poet appears constantly in the book: impossible to return to childhood, frozen in the memory of an unreachable past; and without a future. "The occupation left us as we were. This is its crime. It is not that it forbade us to remember yesterday with ease, but that it deprived us of the beautiful uncertainty of tomorrow".

Permanent temporariness has set in in Palestine and among Palestinians: "Since '67 everything we do is temporary and 'until things become clearer'. But things have not been cleared up after thirty years," writes Barguti, not two decades after the novel was published. And the situation is compounded by the arbitrariness always present in authoritarian and/or colonial regimes.

"Exile is like death. We think it can only happen to others". Barghouti's life gives names and scenarios to the Palestinian diaspora, the Gulf monarchies as a work destination, the dispersion of the dead and the living throughout the Middle East and the rest of the planet, the dependence on the telephone, today on networks, always in search of papers that often open borders except one's own.

Palestinian dispersion does not prevent violence that is also dispersed, such as the murder of two of Barghouti's friends, the writer Gassan Kanafani, murdered in Beirut in 1972, and the cartoonist Nayi Ali, murdered in London in 1987.

'I saw Ramallah' is an extraordinary invitation to learn from a poet about the situation of Palestinians in exile and on the ground, marked by colonisation.

Let us remember that the settlers gave their name to colonisation, a perspective that illuminates and facilitates the understanding of the Palestinian question, with the great peculiarity - the journalist Teresa Aranguren argues - that here we are witnessing a strange case in which the coloniser wants to expel the colonised, beyond exploiting them (which is also the case).

The biography of Barghouti and many Palestinians is marked by the 1967 Six-Day War, the origin of the Israeli occupation of Gaza, the West Bank and East Jerusalem.

"In our calendar, numbers lose their neutral, objective meaning and become something that can only mean one thing. Since the 1967 disaster, I have not been able to look at the number 67 again without thinking of defeat. I see it immersed in the telephone number of a relative or a friend, on the door of a hotel room, on the number plate of a car driving down any street in any country in the world, on the entrance to the cinema or the theatre.

Numbers, many numbers, have taken over the Palestinian conflict: 1948, 67, 73, 82, 88, 93, 242, 338, dates and UN resolutions that Palestinian children know with a premature political coming of age.

Two decades after the Madrid Peace Conference and a couple of years after the Oslo Accords, the two-state solution (the Palestinian one on 20 per cent of historic Palestine, territory truffled by 700,000 settlers) is now impossible, which may not be bad news; and the Palestinian administration created in the process runs the risk of being a collaborator of the occupation (for example in security matters) or directly part of the colonial administration. Murid Barguti and Edward Said were highly critical of Oslo already in the 1990s, and time has proved them right.

The current situation is one of more than fragmentation of Israeli society and the political landscape, with four general elections in two years; to which must be added the further postponement of the Palestinian elections originally scheduled for this May, fifteen years after the last ones.

In this May 2021 of growing violence, phantoms are appearing, such as a new intifada to provide a temporary outlet for the humiliation; and others may even be thinking of a new episode of ethnic cleansing (as the Israeli historian Ilan Pappé calls what happened in 1948) that would break the demographic balance tied at 6.8 million people (the same number of Arabs as Jews, not counting the Palestinians in neighbouring countries).

The systematic violation of Palestinian rights in a kind of new apartheid, institutionalised racial discrimination in South Africa, is a diagnosis shared both by NGOs such as Human Rights Watch, with a report released this April on the subject, and by politicians with a proven track record such as Shlomo Ben Ali, who was Israel's foreign minister as well as ambassador to Spain.

It is surprising that the South African diagnosis does not correspond to a South African solution, since any other alternative would be unacceptable today - the forced displacement of hundreds of thousands of people - based on the conviction that the continuation of the current situation (a non-democratic Jewish confessional state with third-rate Arab citizens) is a sure bet on instability and a burden for future development.

Question: can there be any project for the future other than a single democratic state that would provide for the coexistence of all the people living in Palestine-Israel? 

If we want to find people in the past, present and future of the Israeli-Palestinian conflict, the yawning Palestinian pupils at their desks, we will have to turn to literature, because the media do not have that as their main mission, but to find clients, often presenting a non-existent equidistance: it is not the same to be coloniser as colonised, occupier as occupied, militia as nuclear power, aggressor as attacked.

"The pillow is the daily Last Judgement", says Murid Barguti, pointing to that moment of solitude in which every human being finds himself.

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Original text in Spanish. Translation is courtesy of Atalayar magazine, a journalistic bridge between shores and cultures where this article was also published.

martes, 11 de mayo de 2021

El bostezo de los alumnos palestinos

Ilustraciones del artista palestino Nayi Al-Ali, creador de Handala, un niño de 10 años símbolo de la resistencia palestina.
Ilustraciones del artista palestino Nayi Al-Ali, creador de
Handala, niño de 10 años símbolo de la resistencia palestina.

La épica está muy bien: banderas, himnos, trompetas, uniformes, medallas, mártires, héroes, quien haya vivido de cerca un acto con estos ingredientes no puede dejar de sentir emoción sincera, y momentánea.

La legalidad internacional es otro campo de enorme relevancia: resoluciones de Naciones Unidas, Corte Penal Internacional, Corte Internacional de Justicia de La Haya, cada centímetro que se avanza en estas instancias es un logro que no tiene retroceso, un nuevo ladrillo en la construcción de una sociedad regulada por la justicia y el derecho y por tanto denunciables los responsables de su vulneración; el éxito suele ser también temporal en este caso ante la sorprendente impunidad de su incumplimiento.

Existe otro espacio más difícil de acceder: el de lo cotidiano.

Resulta que los momentos de la épica y de los tribunales internacionales podríamos decir que son los días festivos, pero nuestra vida trascurre mayoritariamente a través de los días laborables.

La primavera de 2021 y su Ramadán se han visto marcados en Palestina-Israel por la enésima represión de la población civil palestina a raíz del enésimo caso de confiscación de propiedades palestinas para entregárselas a colonos, más la frustración acumulada. Y este tiempo coincide con la reciente lectura y descubrimiento de "He visto Ramala", novela autobiográfica del escritor palestino Murid Barguti, nacido en Cisjordania en 1944 y fallecido en Ammán este febrero de 2021 (descubrimiento que agradecer a Separata Árabe, web y club de lectura sobre literatura árabe con Silvia Rubio y Maribel González detrás).

"Basta con sufrir la primera experiencia del destierro para sentirse desterrado para siempre", dice Barguti en un libro donde traslada sentimientos e impresiones de su primera visita a Ramala tras 30 años de exilio, la guerra de 1967 estalló cuando estaba estudiando en El Cairo y no pudo volver a su pueblo hasta mediados de los noventa, cuando Oslo abrió una ventana hoy definitivamente arruinada por la realidad.

El conflicto convierte la normalidad en símbolo, y desaparecen las personas. "La Jerusalén de siempre, la de nuestros pequeños momentos, la que enseguida olvidábamos porque no teníamos por qué recordarla, pues era tan normal como el agua era agua, y el rayo, rayo. Pero cuando se nos escapó de entre las manos -escribe Barguti- subió hacia arriba y se hizo símbolo. Al cielo. Todas las luchas prefieren los símbolos. Jerusalén es ahora la Jerusalén de la teología. Al mundo le preocupa la 'situación' de Jerusalén, con su idea y su leyenda. Pero nuestra vida en Jerusalén y la Jerusalén de nuestra vida les da igual".

Barguti recuerda en la novela la vida cotidiana perdida e imposible de recuperar: "Se han quedado con las direcciones de nuestras casas y el polvo de nuestras escaleras (...). Nos han quitado el bostezo de los alumnos en los pupitres, el sopor de la última clase de los martes. Se han quedado con los pasos de mi abuela camino de la casa de la señora Hafiza".

Aparece constantemente en el libro el doble extrañamiento del exiliado y del poeta: imposible regresar a la infancia, congelados en el recuerdo de un pasado inalcanzable; y sin futuro. "La ocupación nos dejó tal y como estábamos. He aquí su crimen. No es que nos prohibiese recordar con holgura el ayer sino que nos privó de la hermosa incertidumbre del mañana".

La provisionalidad permanente se ha instalado en Palestina y entre los palestinos: "desde el 67 todo lo que hacemos es temporal y 'hasta que se aclaren las cosas'. Pero las cosas no se han aclarado después de treinta años", escribe Barguti, ni dos décadas más tarde de publicarse la novela. Y a la situación se suma la arbitrariedad siempre presente en regímenes autoritarios y/o coloniales.

"El exilio es como la muerte. Pensamos que solo le puede pasar a los demás". La vida de Barguti pone nombres y escenarios a la diáspora palestina, las monarquías del Golfo como destino laboral, la dispersión de muertos y vivos por todo Oriente Próximo y por el resto del planeta, la dependencia del teléfono, hoy de las redes, siempre a la búsqueda de papeles que abren muchas veces fronteras excepto las propias.

La dispersión palestina no impide la violencia también dispersa, como el asesinato de dos amigos de Barguti, del escritor Gassán Kanafani, asesinado en Beirut en 1972, y del dibujante Nayi Ali, asesinado en Londres en 1987.

"He visto Ramala" es una invitación extraordinaria a conocer de la mano de un poeta la situación de los palestinos en el exilio y sobre el terreno, marcados por la colonización.

Recordemos que los colonos dieron nombre a la colonización/colonialismo, perspectiva que ilumina y facilita la comprensión de la cuestión palestina, con la gran peculiaridad -defiende la periodista Teresa Aranguren- que aquí asistimos a un caso extraño en el que el colonizador quiere expulsar al colonizado, más allá de explotarlo (que también); existen ejemplos históricos de colonialismo que persiguió la eliminación del nativo, como en norteaméríca y Australia (estudiado por investigadores como Itxaso Domínguez).

La biografía de Barguti y muchos palestinos está marcada por la Guerra de los Seis Días de 1967, origen de la ocupación israelí de Gaza, Cisjordania y Jerusalén oriental.

"En nuestro calendario, los números pierden su significado neutro y objetivo para convertirse en algo que solo podrá significar una única cosa. Desde el desastre de 1967 no he podido volver a ver el número 67 sin pensar en la derrota. Lo veo inmerso en el número de teléfono de un familiar o un amigo, en la puerta de la habitación de un hotel, en la matrícula de un coche que pasa por cualquier calle de cualquier país del mundo, en la entrada del cine o del teatro".

Los números, muchos números, se han apoderado del conflicto palestino: 1948, 67, 73, 82, 88, 93, 242, 338, fechas y resoluciones de la ONU que los niños palestinos conocen con una mayoría de edad política prematura.

Cuando se cumplen dos décadas de la Conferencia de Paz de Madrid y un par de años menos de los Acuerdos de Oslo, la solución de los dos Estados (el palestino sobre el 20% de la Palestina histórica, territorio trufado por 700.000 colonos) resulta ya imposible, lo que puede no ser una mala noticia; y la Administración palestina creada en el proceso corre el riesgo de ser colaborador de la ocupación (por ejemplo en asuntos de seguridad) o directamente parte de la Administración colonial. Murid Barguti y Edward Said fueron muy críticos con Oslo ya en los noventa, y el tiempo les ha dado la razón.

La situación actual es de más que fragmentación de la sociedad y el panorama político israelí, con cuatro elecciones generales en dos años; al que se suma el nuevo aplazamiento de las elecciones palestinas previstas inicialmente para este mayo, transcurridos quince años desde las últimas.

En este mayo de 2021 de violencia creciente aparecen fantasmas, como una nueva intifada que dé salida temporal a la humillación; e incluso otros pueden estar pensando en un nuevo episodio de limpieza étnica (así denominado por el historiador israelí Ilan Pappé lo sucedido en 1948) que rompiera el equilibrio demográfico empatado a 6,8 millones de personas (misma suma de árabes que de judíos, sin contar los palestinos en los países vecinos).

La vulneración sistemática de los derechos de los palestinos en una especie de nuevo apartheid, la discriminación racial institucionalizada en Sudáfrica, es un diagnóstico compartido tanto por ONG como Human Rights Watch, con un informe difundido este mes de abril sobre el tema; como por políticos de acreditada trayectoria como Shlomo Ben Amí, quien fue ministro de Exteriores de Israel, además de embajador en España, 

Sorprende que al diagnóstico sudafricano no corresponda una solución sudafricana, pues cualquier otra alternativa sería hoy inaceptable -el desplazamiento forzado de cientos de miles de personas-, desde el convencimiento que la continuidad de la situación actual (Estado confesional judío no democrático con ciudadanos árabes de tercera) es una apuesta segura por la inestabilidad y un lastre para el desarrollo futuro.

Pregunta: ¿puede existir proyecto de futuro distinto a un único Estado democrático que ampare la convivencia de todas las personas residentes en Palestina-Israel? (ver clicando aquí otros acercamientos del autor al conflicto).

Si queremos encontrar personas en el pasado, presente y futuro del conflicto israelo-palestino, los bostezos de los alumnos palestinos en los pupitres, habrá que acudir a la literatura, pues los medios de comunicación no tienen esa misión como principal, sino encontrar clientes a menudo presentando una equidistancia inexistente: no es lo mismo ser colonizador que colonizado, ocupante que ocupado, milicia que potencia nuclear, agresor que agredido.

"La almohada es el Juicio Final de todos los días", dice Murid Barguti, señalando ese momento de soledad en el que cada humano se encuentra consigo mismo.


Sugerencias

  • Palestina y la "solución de un Estado", conferencia de Itxaso Domínguez de Olazábal, coordinadora de Oriente Medio y Norte de África de la Fundación Alternativas (IEMED, 13.5.2021).
  • Las prácticas abusivas de Israel constituyen crímenes de apartheid y persecución (Human Rights Watch, 27.4.2021). La comisión de crímenes de lesa humanidad exige una respuesta que ponga fin a la represión de los palestinos
  • A Threshold Crossed. Israeli Authorities and the Crimes of Apartheid and Persecution (Human Rights Watch, 27.4.2021).
  • Literatura palestina que puedes leer en español (Separata Árabe, 7.4.2021).
  • ¿Es un solo Estado la solución al conflicto palestino-israelí?, por Mariano Aguirre (BBC, 25.12.2020).
  • Israel pone rumbo al ‘apartheid', por Shlomo Ben Amí (El País, 28.2.2020).