
domingo, 16 de febrero de 2025
Trump II sube el tono del nacionalismo populista

domingo, 10 de marzo de 2024
Palestina en Eurovisión
La trayectoria de Israel en el Festival Europeo de la Canción es aún más larga, se remonta a 1973, año recordado por la guerra del Yom Kipur, el Gran Día (en árabe se dice muy parecido) de fiesta que los vecinos aprovecharon para atacar, una actuación que hoy pertenece a la arqueología política de las cosas imposibles que vuelvan a suceder.
Israel ha llegado incluso a ganar Eurovisión en cuatro ocasiones. Destaquemos entre sus representantes a la cantante israelí Noa en 2009, artista de origen familiar yemení, podríamos considerarla una judía árabe, familia de religión judía y cultura árabe, como cientos de miles de habitantes de Oriente Próximo y Mágreb durante siglos, hasta los años sesenta del siglo pasado.
Australia e Israel son la muestra de que Europa es más que un marco geográfico, es una idea política, garantía de Derecho, libertades y desarrollo para sus nacionales, no llega a ser un estado de ánimo, como se dice de Tánger, pero se acerca, e incluye en el club a quien le apetece, y excluye por los mismos motivos aunque el candidato sea tan europeo como Turquía.
La Unión Europea de Radiodifusión dice regirse por normas, y una de ellas prohíbe y sanciona las manifestaciones políticas. La edición del Festival Europeo de la Canción de 2024 (Malmö, Suecia, en mayo, tras ganar en la edición pasada la cantante Loreen, sueca de origen marroquí) ha nacido ya con cierta polémica a cuenta de la participación de Israel, el contenido de su participación -les han forzado a cambiar tema y letra- y las llamadas a su exclusión.
Con más de 31.000 muertos encima de la mesa en seis meses de violencia extrema, muchas voces defienden la expulsión de Israel del certamen, como se hizo hace dos años con Rusia.
La Unión Europea de Radiodifusión (EBU-UER) anunció en 2022 el boicot a la participación de Rusia en el Festival de la Canción de Eurovisión de ese año porque "a la luz de la crisis sin precedentes en Ucrania, la inclusión de una participación rusa en el Concurso de este año desacreditaría la competencia" (quizá quisieron decir competición).
"La EBU es una organización apolítica de emisoras comprometidas con la defensa de los valores del servicio público", decían de sí mismos. "Seguimos dedicados a proteger los valores de una competición cultural que promueve el intercambio y la comprensión internacionales, reúne al público, celebra la diversidad a través de la música y une a Europa en un mismo escenario", justificaban la exclusión.
El distinto tratamiento a Rusia e Israel en el concurso alimenta la visión muy real de doble moral por parte de la organización, opinión muy extendida fuera de lo que se ha venido en llamar Occidente, otra etiqueta no geográfica. Sobre la politización del festival, recordemos que Ucrania venció en la edición de 2022 por motivos extra musicales, muy políticos, para regocijo generalizado.
Para completar el contexto, recordemos que Islandia, pequeño y poco habitado país al norte de todos los nortes, conocido por producir a Björk y otros músicos inclasificables, fue multada en 2019 por la organización del festival porque sus participantes exhibieron una bandera palestina. Este 2024, un cantante palestino ha estado a punto de ganar la representación del país en Eurovisión, ha quedado segundo en el espectáculo de selección, con un tema cantado en islandés, pues en Islandia y otros sitios es el idioma lo que mejor representa la identidad cultural, más allá del origen y lugar de nacimiento del cantante.
Defendamos desde aquí el arte, la cultura y el deporte al margen de consideraciones políticas, defendamos la participación libre de cualquiera al margen del comportamiento de los dirigentes de su país, algunos recordamos vagamente en nuestra infancia el boicoteo mutuo de EEUU y la URSS a sus juegos olímpicos respectivos. Ahora bien, si excluimos debiera aplicarse la nueva regla a todo caso.
Difícil evitar en la edición de 2024 la contaminación política palestina del concurso, por los muertos, por los prolegómenos, por el Benidorm Fest islandés, por la pegatina de los Goya, porque es la actualidad y los artistas suelen ser gente sensible a las tragedias y a la actualidad.
Separar cultura y política es imposible hasta en Eurovisión, con su defensa por ejemplo edición tras edición de opciones sexuales no convencionales, eso es política con mayúsculas, y la participación de Israel también lo es.
Desde esta columna lanzamos una petición a la Unión Europea de Radiodifusión: que se estudie la participación de Palestina en próximas ediciones del concurso, si llegara algún día a materializarse esa idea de los dos Estados vecinos. Comparte espacio geográfico con Israel, Mediterráneo con Europa, comparte monoteísmo, cercanía también cultural y condición de víctima de una limpieza étnica, en su caso en marcha.
O mejor propuesta aún, que la representación de un futuro único Estado democrático y aconfesional que integre a todos los ciudadanos de la Palestina histórica, independientemente de sus creencias, se alterne un año en hebreo y otro en árabe, o una estrofa en cada idioma.
Lo que está claro es que tanto derecho como cualquiera tienen los palestinos a estar presentes en Eurovisión, y hasta que sea con música ya están allí políticamente instalados, muy especialmente en la edición de 2024.
Artículo publicado también en La Hora Digital.
lunes, 30 de octubre de 2023
Gaza 'mon amour'
Ficción
- ‘Un fin de semana en Gaza’. Reino Unido, 2022. Argumento: un periodista británico (y su pareja israelí) intenta escapar de Israel después de que la ONU imponga restricciones al tráfico aéreo y marítimo debido a la propagación de un virus. Gaza se convierte en el lugar más seguro de la región. Acabarán saliendo por Ráfah hacia Egipto.
- ‘Gaza mon amour’. Coproducción Palestina-Francia-Alemania-Portugal-Qátar, 2020. Argumento: Gaza, hoy. Issa, un pescador de sesenta años, está secretamente enamorado de Siham, una mujer que trabaja en el mercado con su hija Leila. El descubrimiento de una antigua estatua de Apolo en sus redes de pesca cambiará su vida para siempre. Curiosamente, su confianza comienza a crecer y finalmente decide acercarse a Siham.
No existe una definición internacionalmente aceptada y vinculante del término terrorismo, en tratados y análisis se impone la interpretación de parte y sorprende la ausencia clamorosa del terrorismo de Estado.
En cualquier caso el terrorismo se reconoce, definámoslo informalmente como una táctica, no una ideología, caracterizada por el uso de la violencia física contra civiles para conseguir objetivos políticos y tiene siempre una organización detrás, este invento de los 'lobos solitarios' (de distinto tratamiento aparezcan en Haro o Algeciras) está cogido con alfileres.
Identificamos sin duda como una acción terrorista el ataque de Hamás del 7 de octubre, cumple la definición, asesinato de civiles israelíes; y los mismos ingredientes y catalogación podríamos aplicar al atentado por milicia sionista en 1947 al cuartel general británico en el hotel King David de Jerusalén, con un centenar de muertos; a las actividades del Frente de Liberación Nacional Argelino en los cincuenta y sesenta y también a la represión francesa del independentismo argelino; violencia física contra civiles para conseguir objetivos políticos es la respuesta israelí al ataque de Hamás.
En cuanto a actores terroristas, digamos que Hamás es un agente relativamente reciente en este conflicto, surge a finales de los 80 al calor de la primera intifada, y se enmarca en un fenómeno del máximo interés como es el fracaso, por méritos propios e inducidos por terceros, del nacionalismo árabe laico de mitad del siglo pasado y su sustitución por un islamismo en ocasiones radicalizado.
Al margen del terrorismo, recordemos que desde Estados Unidos y Europa se ha hecho también todo lo posible para forzar el fracaso de cualquier experiencia política islamista no radical; y también que los actuales dirigentes por ejemplo en Túnez o Egipto han implantado unas dictaduras más represivas que los regímenes democráticos previos gobernados aunque fuera difícilmente por partidos islamistas.
Parece además claro que si el problema de seguridad de Israel es el terrorismo, en ningún caso este tipo de violencia se combate con cazas, bombardeos aéreos y carros de combate, cortes de alimentos y electricidad de millones de civiles, sino con inteligencia (en su doble sentido) y fuerzas policiales.
Apuntemos también que Hamás es un acrónimo cuya letra eme corresponde a la palabra árabe que significa 'resistencia', y este carácter de rebelión contra el ocupante lo comparte con Hezbolá, nacido y crecido contra la invasión por Israel del sur del Líbano durante dos décadas, nada que ver con otros grupos como Al Qaeda o el Estado Islámico. Se trata los primeros de dos movimientos políticos nacidos en el territorio, por palestinos en el caso de Hamás y no solo de Gaza, arraigados además por la vertiente social de este movimiento, en el marco de una estructura estatal inexistente, prestando servicios sociales y educación a una población desasistida.
Digamos finalmente que la fortaleza de Hamás es directamente proporcional al fracaso del proceso de paz de Oslo y el desprestigio de la mini Autoridad Palestina.
Y concluyamos recordando aquel gran avance político de la sociedad española al afrontar el terrorismo independentista cuando se popularizó aquello de "Vascos sí, ETA no"; con ese mismo espíritu podríamos hoy decir "Palestinos sí, Hamás no", "Judíos sí, Natanyahu no, colonialismo no". El antisionismo no es antisemitismo.
4 – Instrumento militar
Israel no cabe duda de que tiene la capacidad militar suficiente, y la impunidad internacional reconocida, para prolongar el conflicto unas décadas más e incluso para expulsar a un millón de palestinos al Sinaí, limpieza étnica como la ya ocurrida en 1947/48, aunque el foco mediático y la época en la que vivimos quizá no lo permitiría como en el pasado.
Lo relevante aquí es que Israel no afronta ninguna amenaza existencial. Los vecinos han sido progresivamente desactivados por acuerdos de paz (Egipto, Jordania); por guerras civiles y de agresión (Líbano, Siria); o por directamente invasiones (Irak).
De lo anterior, de la crisis actual en Palestina-Israel y también de la invasión de Ucrania cabe concluir o al menos plantearse el fracaso de la disuasión como uno de los pilares de la defensa militar. Ingentes presupuestos militares y una carrera de armamento en crecimiento no han impedido la actuación de Rusia ni de Hamás, lo que obligaría a replantearse algunos principios teóricos.
Se dice que las operaciones de paz paran el reloj de un conflicto, los más de 600 cascos azules españoles en el sur del Líbano, encuadrados en una fuerza de diez mil actualmente comandados por un general español, han evitado el conflicto desde 2006 y es un gran logro, pero nunca solucionan el problema, la salida siempre es política; también lo será en el caso palestino.
5 - Futuro - Democracia
Un último acercamiento al conflicto palestino-israelí se debe dirigir al día después de los disparos, y su solución a largo plazo sólo puede ir ligada a la democracia.
Añadamos como aclaración que el conglomerado no geográfico que llamamos Occidente, Estados Unidos, Europa, las democracias reconocidas, no actúan democráticamente fuera de sus fronteras nacionales, aunque sí viaje en su discurso de valores y principios, y sólo vale mencionar para acreditarlo ejemplos como Guantánamo, Abú Ghraib, asesinatos selectivos, bombardeos de Irak o Siria desde hace años.
Recordemos que la República española no actuó democráticamente en el norte de Marruecos, quizá hubiera sido la historia diferente; que Francia no actuó democráticamente en Argelia ni con los argelinos en suelo francés.
E Israel no es una democracia para dos millones de sus ciudadanos que son palestinos, ni para los palestinos de los territorios ocupados. El sistema de discriminación racial institucionalizado conocido como apartheid define en buena medida la situación en Israel-Palestina, así lo han reconocido y documentado organizaciones de defensa de los derechos humanos locales (israelíes) y otras de trayectoria poco discutible como Amnistía Internacional o Human Rights Watch. Cabe recordar que la Corte Penal Internacional incluyó en 1998, en el Estatuto de Roma, el “crimen de apartheid” entre los crímenes de lesa humanidad (artículo 7).
Como europeos que somos, acudamos a la Unión Europea y su estrategia global para la política exterior y de seguridad de 2016, en la que leemos que "la UE promoverá un orden mundial basado en normas, con el multilateralismo como principio esencial y las Naciones Unidas como núcleo".
A octubre de 2023 se puede afirmar que el modelo Gaza, el confinar dos millones de personas sin salida y sin derechos, bombardeables regularmente, ha culminado sin éxito, y aún no sabemos qué formato lo puede sustituir.
A estas alturas y tres décadas desde su firma resulta evidente que los Acuerdos de Oslo son inviables, la solución de dos Estados independientes en el antiguo mandato británico en Palestina, probablemente el asesinato del primer ministro israelí en 1995 a manos de un terrorista israelí frustró el proceso en fecha tan temprana, rematado en el año 2000 por Clinton-Ehud Barak. Hoy es inviable por la falta de voluntad y por la presencia en los territorios palestinos ocupados de 700 mil colonos radicalizados en su mayor parte que no se van a ir a ningún sitio.
El escenario local e internacional, como se apuntaba al comienzo, es dinámico. Se observan cambios en la visión del conflicto, generacional en cualquier geografía; especialmente en Estados Unidos, en el ámbito académico, existe ya una minoría en el Congreso norteamericano que hace oír voces alternativas sobre el conflicto; las encuestas registran un cambio entre los demócratas estadounidenses hacia posiciones más centradas y pro palestinas que en el pasado.
Existe desde hace tres lustros una campaña internacional surgida desde la sociedad civil de boicot, desinversión y sanciones (BDS), resistencia no violenta contra la ocupación israelí, similar a muchas otras practicadas en procesos de descolonización.
Y pensando en el futuro la solución al conflicto pasa por un único Estado democrático, con igualdad de derechos y obligaciones de todos sus ciudadanos. Ya existe un único Estado en la Palestina histórica, el reto es que sea democrático. Al diagnóstico generalizado de una situación actual de apartheid sudafricano le corresponde una solución sudafricana.
No cabe imaginar otra alternativa que una opción democrática de este tipo, apoyada ya hoy por la cuarta parte de los palestinos (los partidarios de los dos Estados no son muchos más), a la que habría que dedicar pedagogía y tantos esfuerzos como se hicieron en el proceso de Oslo.
Conocemos ya el resultado de la opción realista que ha negado durante décadas la democracia y el derecho internacional en el conflicto palestino-israelí. La opción democrática no sería ingenuidad, sino actuar por interés, incluir el Estado de derecho entre nuestros intereses.
Artículo publicado también en la web Rebelión; y en infoLibre.
martes, 18 de agosto de 2020
Israel, Emiratos y la paz en Palestina
Agosto nos suele coger con la guardia baja, en bermudas tendemos a pensar que la actualidad está tan recortada como la pernera de los pantalones y el tamaño de las redacciones de informativos, cosa que no suele ocurrir. En verano los helicópteros vuelan, se averían, a veces sufren accidentes e incluso son robados tanto o más que el resto del año, las leyes de la física y de la delincuencia no entienden de calendarios.En un escueto comunicado, Zarzuela señaló que "Su Majestad el rey don Juan Carlos ha indicado a la Casa de Su Majestad el rey que comunique que el pasado día 3 del presente mes de agosto se trasladó a Emiratos Árabes Unidos, donde permanece en la actualidad". El rey emérito ha dicho a su hijo que nos diga.
martes, 19 de agosto de 2014
Gaza 2014: guerra civil y adiós a Oslo
Los prejuicios hay que contrastarlos con la realidad. Y si el resultado los confirma es que uno no andaba demasiado equivocado.En este caso el juicio previo, a partir de la experiencia de la última gran ofensiva armada sobre Líbano en 2006 y sobre Gaza en 2009, era que el límite asumible de árabes muertos en un conflicto relacionado con Israel rondaba la cifra de 1.500.
Líbano 2006: entre el 1 de julio y el 14 de agosto. Motivo aparente: captura de dos soldados israelíes y borrar del mapa a Hezbolá. Nombre: Operación Recompensa Justa. Balance de víctimas: 1.187 libaneses muertos, 4.060 heridos, 256.000 desplazados y 15.000 viviendas destruidas. Por parte de Israel, 116 soldados muertos y 450 heridos. Entre los civiles, 41 muertos y 604 heridos. Resultado: intensa actividad diplomática –y española-, resolución 1.701 de la ONU que refuerza su presencia en el sur del país y pasa de ser testigo desde 1978 a eficaz barrera que ha puesto fin a un ciclo de violencia con el vecino norte de cuatro décadas.
Gaza 2009: entre el 27 de diciembre de 2008 y el 18 de enero de 2009. Motivo aparente: destruir la infraestructura terrorista y borrar del mapa a Hamás. Balance de víctimas: 1.434 palestinos y 14 israelíes muertos. Nombre: Operación Plomo Fundido. Resultado: ninguno.
Gaza 2014: desde el 1 de julio. Motivo aparente: borrar del mapa a Hamás. Nombre: Operación Margen Protector. Balance: 2.016 palestinos muertos, incluidos 541 niños y 250 mujeres; 237.659 desplazados; 65 israelíes muertos (de ellos, 64 militares); daños por 4.400 millones de euros; 12.000 viviendas destruidas, en las que vivían más de 100.000 personas; 230 escuelas, 51 hospitales y centros de salud alcanzados, junto con la destrucción de otras infraestructuras básicas como la única central eléctrica de Gaza.
La conclusión sólo puede ser que la comunidad internacional se ha vuelto más permisible, los Estados más inoperantes, entre un 20% y un 25% más pasivos que hace una década.
La crisis financiera-económica-política-social-institucional ha tenido como efecto secundario una falta de compromiso de los Estados con las organizaciones internacionales a las que pertenecen, una introspección nacional y como mucho la búsqueda de alianzas bilaterales, como la de España con Francia en el Sahel, o la de Reino Unido y Francia en materia de armamento.
Las Organizaciones Internacionales y la Unión Europea son el resultado de lo que acuerdan sus miembros, su inoperancia es la suma de la de los gobiernos nacionales.
Los críticos hacia Naciones Unidas (muchos suelen defender el trabajo de otras organizaciones bastante más modestas, incluso caritativas) deben saber que antes del último conflicto la mitad de los 1,7 millones de gazatíes dependían de la ayuda que les prestan las agencias de Naciones Unidas en asuntos tan básicos como la educación, la sanidad, también el agua.
Los críticos pueden mirar también a Líbano, donde 10.000 cascos azules han impedido que se repita la tragedia en ese territorio durante los últimos ocho años.
Volvemos a vivir una crisis humanitaria en Oriente Próximo, una más, y como nada se repite exactamente pues tiene componentes de siempre y factores muy actuales.
Entre la continuidad figura la ocupación colonial de Palestina por Israel, y cualquier acercamiento con el derecho internacional en la mano nos dice que la responsabilidad es siempre de la potencia ocupante.
Entre las novedades se encuentra el acuerdo entre las distintas sensibilidades políticas del movimiento palestino, alcanzado por la OLP y Hamás en fechas previas al conflicto. Y un golpe de Estado en Egipto avalado por EE.UU. y con la indiferencia -si no aplauso- del resto de los países occidentales y del área.
Y la gran novedad es que la base sobre la que se construyeron los acuerdos de Oslo de 1993, la solución de dos Estados (el palestino sobre el 20% del suelo que formaba el mandato británico) es física y políticamente inviable.
La realidad hace imposible la solución de los dos Estados, Israel y Palestina nunca serán entidades políticas independientes, soberanas y vecinas. Medio millón de colonos, limpiezas éticas y étnicas, un millón de palestinos de nacionalidad israelí, un muro de 450 kilómetros, extremistas de pelo largo y pelo corto impiden la hipótesis de los dos Estados.
El tangerino Shlomo Ben Amí, ex ministro israelí de Asuntos Exteriores y ex embajador de Israel en España, mostraba recientemente por escrito su desesperación y de pasada decía que la situación actual bien podría definirse como una guerra civil permanente.
Población de un mismo territorio enfrentada entre sí, eso es una guerra civil. Palestinos e israelíes llevan siete décadas viviendo y luchando por el mismo suelo, guerra civil.
Sudafricanos de origen angloholandés y negros luchando por el mismo territorio, y la solución por imposible nunca fue –se intentó, bantustantes- la separación física.
Se intentó también en la India a un coste humano disparatado, se quiso crear una India hindú y un Pakistán musulmán. Hoy la India, con 150 millones de musulmanes, es el tercer país de religión islámica del planeta.
En cada conflicto surgen visionarios de la separación física sobre el mapa de la realidad social mezclada. Los territorios étnicamente puros sólo existen como objetivo en las salas de operaciones de los Estados Mayores, y el intento de aplicarlo a la realidad suele utilizar un método llamado limpieza étnica.
¿Cuál es la lección de la última catástrofe en Gaza? Que el futuro de Israel-Palestina -habría que encontrar un tercer nombre mutuamente aceptado- es un solo Estado democrático.
La historia enseña que lo conseguido con la violencia es muy difícil reconquistarlo pacíficamente, lo que asegura décadas de prosperidad a quienes aparentemente ceden su poder.
¿Ruptura o reforma? Reforma controlando los resortes del poder, los pisoteados se conforman durante generación y media con la victoria moral. El acuerdo dura tres décadas sin mover una coma. Es una de las lecciones que los dirigentes israelíes y norteamericanos podrían tomar de la Transición española.
Sugerencias
- UNRWA - Agencia de las Naciones Unidas para los refugiados palestinos - Web madre en inglés - Comité nacional España
- OCHA - Oficina de coordinación humanitaria de Naciones Unidas - Gaza crisis.
martes, 6 de agosto de 2013
Cuando despertaron, los catalanes, Hezbolá y los Hermanos Musulmanes aún estaban allí
La ciencia ficción inventa una realidad futura o un escenario distinto sobre los que normalmente operan sentimientos y comportamientos muy actuales. Por ejemplo, imaginemos que aviones sin piloto y sin guía directa puedan aterrizar autónomamente sobre un portaviones. Un inconveniente de la ciencia ficción es que se ve superada fácilmente; lo anterior ocurrió la semana pasada y era ciencia ficción hace un mes. La Armada de EE.UU. ha destinado 1.400 millones de dólares a convertir la ficción en realidad.Aparte de inventársela, otra forma de escapar de la realidad es simplificarla eliminando lo que nos estorba, por ejemplo los catalanes independentistas, los musulmanes egipcios hermanados o los libaneses shiíes seguidores de Hezbolá.
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Otro ejemplo lo hemos vivido en Egipto, donde la presidencia y el Gobierno de los Hermanos Musulmanes ha sido suprimido de un plumazo, mejor dicho, de un golpe de Estado militar de los de toda la vida, de manual. No gustaban. Aquí hemos asistido al intento –fallido- de crear el golpe de Estado democrático, hasta el ministro de Asuntos Exteriores de EE.UU. acaba de decir que los militares han intervenido en Egipto para traer la democracia. No ha colado. Nada creíble ni legítimo sucederá en Egipto si no se cuenta con la hermandad. A mayor represión, mayor radicalización.Y el tercer caso es que la Unión Europea acaba de incluir a Hezbolá en su listado de organizaciones terroristas, en su rama militar, que no la política, un matiz que nadie ha entendido.
Estos listados, como las barajas de enemigos, surgieron tras el 11-S, y con buen criterio la UE no entró al juego ni hizo su propia baraja durante 12 años, hasta ahora. Se insiste en que Hezbolá recibe apoyo iraní (todas las facciones libanesas, todas, tienen apoyo exterior, la injerencia extranjera en Líbano tiene al menos 180 años de vida), que por miles andan por Siria apoyando al dictador Al Asad (no parece que puedan aportar militarmente gran cosa).
Los Hermanos Musulmanes, Hezbolá y también Hamás son movimientos principalmente nacionalistas, islámicos y nacionalistas, actores políticos y sociales de primer orden en un territorio del que forman parte, con un respaldo ciudadano importantísimo, consecuencia del fracaso de otras opciones políticas más o menos laicas durante las últimas décadas, todas autoritarias, todas militares, todas tratando de buscar legitimidad social en otro conservadurismo religioso. Antiguas y actuales potencias coloniales tienen su cuota de participación en dicho fracaso, la otra parte es autóctona. El brochazo de identificarlas como terroristas es una muestra de incapacidad política.En la interpretación que nos hacemos de la realidad aparecen ahora liberadas dos cooperantes españolas secuestradas en Kenia durante 700 días, y nadie nos cuenta las circunstancias del secuestro ni las gestiones realizadas para su liberación, en claro contraste con otros secuestros de tiempos recientes, relacionados o no con las latillas de atún.
Y una última referencia se la merece por derecho propio que el consejo de ministros haya aprobado un crédito extraordinario de 877 millones de euros para financiar programas de armamento. Por favor, a cambiar todo el mundo las presentaciones de power point, sus gráficos y porcentajes de gasto en Defensa, que un viernes de julio el presupuesto del Ministerio se ha incrementado un 15%. La decisión, que supone 145 mil millones de aquellas pesetas, no ha merecido ni una nota de prensa de Moncloa, Hacienda o Defensa; y el crédito ha compartido Real Decreto con ayudas al vehículo eficiente y al Servicio Público de Empleo.
Disculpa, Monterroso, por manosear la frase hasta el infinito.



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