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domingo, 16 de febrero de 2025

Trump II sube el tono del nacionalismo populista

Donald Trump II se merece provocar todo tipo de reacciones menos una: la sorpresa, porque tenemos precedentes y conocemos a este personaje televisado desde los años ochenta del siglo XX; si acaso requiere en esta fase prestar atención al volumen del sonido. Hay mucho de comunicación en su arranque presidencial. Se trata de evitar el pánico, mala posición para interpretar señales y decidir actuaciones de respuesta.

Sus primeras decisiones amenazan el sistema, leemos, pero ¿qué sistema? Trump ha disparado en sus primeras semanas de mandato -es decir, retirada de fondos e incluso de su país- contra la Organización Mundial de la Salud y contra la cooperación al desarrollo y la agencia USAID; recordemos que ya en su primer mandato sacó a EEUU de la UNESCO y el propio Biden demócrata retiró hace escasos dos años los fondos a la agencia de la ONU para los refugiados palestinos UNWRA.
Trump amenaza al Tribunal Penal Internacional, organismo que ha sido antes y después de su mandato objeto de todo tipo de ataques por sus actuaciones contra el genocidio en Gaza y las órdenes de arresto emitidas contra Netanyahu y el ministro de Defensa israelí por crímenes de guerra.
Ha disparado Trump retórica y legalmente contra sus vecinos Canadá y México, contra los aliados en Múnich, contra el comercio más o menos libre; contra la legalidad internacional en Palestina-Israel. Y nada de lo anterior es novedoso, ya se vio en su primer mandato 2016/2020 o durante la presidencia de Biden. El sistema anda perjudicado, pero no es de ahora.
Nada puede quitar responsabilidad a las explosivas declaraciones de Donald Trump y a sus primeras decisiones como presidente de EEUU en este segundo mandato iniciado en enero de 2025, continuidad de lo declarado en la oposición y de un primer mandato finalizado sin reconocer el resultado de las urnas y amparando el asalto al Parlamento, la diferencia hoy es el grado, más elevado. 
La historia nunca se repite. Entre las dos presidencias de Trump tratará ahora de no cometer los mismos errores que en la primera, y parte con estrategias escritas por think tank conservadores como el Project 2025 elaborado por la Heritage Foundation. Hay mucho que aprender del trabajo continuado de elaboración y difusión de estrategias políticas y argumentos por parte de organizaciones de inspiración y financiación conservadora, nacionalista y populista.
Otra novedad: el responsable político más poderoso del mundo aparece patrocinado por las mayores fortunas del planeta, 260 millones de dólares aportó Elon Musk-Tesla-Twitter a la campaña y hoy está en plantilla para reducir la Administración. ¿Depende Trump de sus patrocinadores? Si la respuesta es afirmativa habría que extenderla a otros responsables institucionales cercanos que han recibido financiación generosa de terceros.
"Ahora vosotros sois los medios", dijo Musk en noviembre tras las elecciones presidenciales, vosotros se refiere a los ciudadanos, y el intermediario que desaparece en sus deseos son los medios de comunicación. Ésta es una diferencia relevante entre 2017 y 2025, entonces los medios tradicionales e incluso las redes sociales se opusieron a los excesos de Trump, fiscalizaron sus mentiras, pidieron el voto para el contrincante, hoy reman a su favor o se ponen de perfil. Millonarios, medios y redes comparten hoy intereses con Trump.
Si acudimos a la retórica de la comunicación política estadounidense, no siempre exportable a las colonias -sí en la inspiración, no literalmente-, el presidente Joe Biden se despidió del cargo con un discurso a su nación en el que alertaba de que "está tomando forma en Estados Unidos una oligarquía de extrema riqueza, poder e influencia que realmente amenaza toda nuestra democracia, nuestros derechos básicos y nuestra libertad". Denunció también que existe un "complejo industrial tecnológico ultrarrico" que, según dijo, podría ganar un poder sin control sobre los estadounidenses.
Se quiso de este modo emparentar Biden en su despedida con el presidente Eisenhower, que en 1961 traslado por televisión el concepto del "complejo militar-industrial" conformado por las Fuerzas Armadas y los fabricantes de armamento y advirtió de su creciente injerencia en el manejo de las políticas públicas del país. "Debemos cuidarnos de la adquisición de influencia injustificada, solicitada o no, del complejo militar industrial", fueron sus palabras, recordadas hasta muy recientemente sólo por pacifistas e izquierda extraparlamentaria.
Tiene interés la referencia de Ike-Biden por movimientos probables de Trump en este campo, como se verá más adelante.
Sin dejar nunca la comunicación, se detectan tres tendencias claras en las primeras semanas de. presidente Trump. La primera es la estrategia del megáfono loco, anuncios disparatados que concentran la atención mediática y política mundial, marcan la agenda y se focaliza en su persona, menos importante es que la reacción sea positiva o crítica. Además este tipo de anuncios se renuevan y saltan de tema a gran velocidad.
Aquí habría que aclarar que los bombazos informativos no tienen necesariamente una estrategia política definida detrás, no parece existir un plan detallado para convertir Gaza en un resort de Florida sin caimanes. De existir un plan se parecerá al precedente de los Acuerdos de Abraham de 2020, gestionados por su yerno, con el ambicioso objetivo de solucionar el conflicto israelo-palestino sin contar con los palestinos, que sin duda favoreció relaciones económicas y de seguridad de EEUU e Israel con petromonarquías y Marruecos y nada solucionó relacionado con Palestina.
Apuntemos solo que esta estrategia del megáfono también fue utilizada por la OTAN-EEUU en el inicio del conflicto de Ucrania, con menos estridencias que las formas trumpianas.
Una segunda tendencia observada es que un discurso extremo por parte del responsable político de mayor poder del planeta pues normaliza el extremo. Ya forma parte de la normalidad debatir sobre la utilidad o no de las vacunas, la apología del franquismo y se podría concluir que la limpieza étnica de dos millones de palestinos es complicada -probablemente acabaría ese movimiento con la monarquía jordana y la última dictadura egipcia-, pero quizá no sea tan impensable la expulsión de 200.000 palestinos de su tierra.
En tercer lugar, siguiendo con el foco de la comunicación, Trump es un empresario de la construcción, un promotor inmobiliario, de casinos, hoteles y clubes de campo, sus declaraciones de máximos suponen el inicio de una negociación que ya comienza desequilibrada y acabará si se produce claramente a su favor. Aquí está el carácter transaccional de la persona y sus mensajes, el marco es una futura negociación que se pretende condicionar desde el arranque.
Trump conoce y practica los fundamentos del márketing, especialmente la pe de promoción, aunque el producto y el precio no los domina tanto.
Añadamos que entre las diversas modalidades Trump se apunta a la negociación suma cero, lo que él gana alguien lo tiene que perder, enfoque distinto a la globalización de las últimas décadas y la extensión de relaciones comerciales entre diferentes o vecinos como México-EEUU-Canadá y aquel tratado de libre comercio NAFTA, vigente durante tres décadas hasta Trump II.
Todo lo anterior se puede sintetizar en que asistimos a una versión extrema, desde la misma Casa Blanca, de la más extrema de las versiones conocidas del nacional populismo, y la etiqueta no lo pone ningún nostálgico de Eisenhower.
La definición ideológica de la nueva Presidencia de EEUU es de Steve Bannon, comunicólogo en jefe del primer Trump, condenado en su día por quedarse millones de dólares de muchos incautos destinados a construir aquel muro con México, indultado después y hoy bastante rehabilitado. 
"He estado trabajando en el nacionalismo populista durante 20 años", afirma Bannon en entrevista reciente (The New York Times / Agenda Pública), "durante los cuatro años (de Biden), hemos tenido intelectuales serios que por primera vez han pensado en alternativas políticas serias sobre estrategia militar, seguridad nacional, política exterior, economía, etc.", nos cuenta. "Se trataba de adoptar políticas, porque uno de los problemas que definitivamente teníamos es que existía una brecha entre la promesa nacionalista populista y la ejecución nacionalista populista". 
Palabra de Bannon, y apunta intenciones sobre reducción del gasto público: "Comencemos con el presupuesto de Defensa. Acabamos de acordar una ley de Autorización de Defensa Nacional por valor de 900.000 millones de dólares. Lo cual, como ex oficial naval en servicio y hombre cuya hija fue a West Point, y ella dio ocho años de su vida, es algo que conozco bien. El presupuesto de defensa es una obscenidad y debe recortarse". Es muy probable, de creerle, que el Pentágono esté en el objetivo del  millonario recortador Musk y de su hijo.
Acabemos. Trump II no es novedoso, su puesta en escena es exagerada y preocupante, y continuidad de un personaje público presente en los hogares norteamericanos durante cuatro décadas. Los medios de comunicación, porque así es el oficio, dan/damos coherencia a un discurso político a menudo deslavazado, ridículo o canutazos dispersos mientras firma decretos o pasa a veinte metros de periodistas. Es el consejero delegado de una empresa arropada ideológicamente por el nacionalismo populista. Nos altera con sus anuncios explosivos, y si en lugar del pánico la reacción es la indiferencia, también beneficiará a sus intereses.
Y dos apuntes finales. Uno que el presidente Trump tiene fobia a los gérmenes, nos confiesa Bannon, "dar la mano fue un gran problema" para él, lo que le debe convertir en un negociador implacable, teniendo en cuenta que un pacto comienza y termina con un apretón de manos.
Y una duda, sospechamos que el alcalde de tu pueblo tiene más poder que Trump sobre la vida diaria del ciudadano, con lo que habría que votar en elecciones municipales pensando en lo que ha hecho y propone, no pensando en Trump, como sucedió en gran parte de España en 2023. Sirva el ejemplo del alcalde para ilustrar también que tenemos más capacidad de influencia en lo cercano que en Washington.
Lo anterior se aplica siempre que no seas palestino, en su caso da igual quién gobierne en Estados Unidos y en la municipalidad.

Artículo publicado también en La discrepancia.


domingo, 10 de marzo de 2024

Palestina en Eurovisión

Resulta que Australia participa en el festival de Eurovisión desde 2015. Son más de 17.000 kilómetros los que separan Zahara de los Atunes y Camberra, ¿cuál es entonces la explicación? Pues porque nos gusta y porque nos divierte, que cantaban Los Ronaldos, más una pizca de historia inglesa y porque son de origen mayoritariamente europeo, fruto de un tipo específico de colonialismo anglo que desplaza a la población local, hacia otros lugares u otros mundos, y sitúa a colonos, que hoy mismo podemos contemplar en algunos lugares de Oriente Próximo.

La trayectoria de Israel en el Festival Europeo de la Canción es aún más larga, se remonta a 1973, año recordado por la guerra del Yom Kipur, el Gran Día (en árabe se dice muy parecido) de fiesta que los vecinos aprovecharon para atacar, una actuación que hoy pertenece a la arqueología política de las cosas imposibles que vuelvan a suceder.

Israel ha llegado incluso a ganar Eurovisión en cuatro ocasiones. Destaquemos entre sus representantes a la cantante israelí Noa en 2009, artista de origen familiar yemení, podríamos considerarla una judía árabe, familia de religión judía y cultura árabe, como cientos de miles de habitantes de Oriente Próximo y Mágreb durante siglos, hasta los años sesenta del siglo pasado.

Australia e Israel son la muestra de que Europa es más que un marco geográfico, es una idea política, garantía de Derecho, libertades y desarrollo para sus nacionales, no llega a ser un estado de ánimo, como se dice de Tánger, pero se acerca, e incluye en el club a quien le apetece, y excluye por los mismos motivos aunque el candidato sea tan europeo como Turquía.

La Unión Europea de Radiodifusión dice regirse por normas, y una de ellas prohíbe y sanciona las manifestaciones políticas. La edición del Festival Europeo de la Canción de 2024 (Malmö, Suecia, en mayo, tras ganar en la edición pasada la cantante Loreen, sueca de origen marroquí) ha nacido ya con cierta polémica a cuenta de la participación de Israel, el contenido de su participación -les han forzado a cambiar tema y letra- y las llamadas a su exclusión.

Con más de 31.000 muertos encima de la mesa en seis meses de violencia extrema, muchas voces defienden la expulsión de Israel del certamen, como se hizo hace dos años con Rusia. 

La Unión Europea de Radiodifusión (EBU-UER) anunció en 2022 el boicot a la participación de Rusia en el Festival de la Canción de Eurovisión de ese año porque "a la luz de la crisis sin precedentes en Ucrania, la inclusión de una participación rusa en el Concurso de este año desacreditaría la competencia" (quizá quisieron decir competición).

"La EBU es una organización apolítica de emisoras comprometidas con la defensa de los valores del servicio público", decían de sí mismos. "Seguimos dedicados a proteger los valores de una competición cultural que promueve el intercambio y la comprensión internacionales, reúne al público, celebra la diversidad a través de la música y une a Europa en un mismo escenario", justificaban la exclusión.

El distinto tratamiento a Rusia e Israel en el concurso alimenta la visión muy real de doble moral por parte de la organización, opinión muy extendida fuera de lo que se ha venido en llamar Occidente, otra etiqueta no geográfica.  Sobre la politización del festival, recordemos que Ucrania venció en la edición de 2022 por motivos extra musicales, muy políticos, para regocijo generalizado.

Para completar el contexto, recordemos que Islandia, pequeño y poco habitado país al norte de todos los nortes, conocido por producir a Björk y otros músicos inclasificables, fue multada en 2019 por la organización del festival porque sus participantes exhibieron una bandera palestina. Este 2024, un cantante palestino ha estado a punto de ganar la representación del país en Eurovisión, ha quedado segundo en el espectáculo de selección, con un tema cantado en islandés, pues en Islandia y otros sitios es el idioma lo que mejor representa la identidad cultural, más allá del origen y lugar de nacimiento del cantante.

Defendamos desde aquí el arte, la cultura y el deporte al margen de consideraciones políticas, defendamos la participación libre de cualquiera al margen del comportamiento de los dirigentes de su país, algunos recordamos vagamente en nuestra infancia el boicoteo mutuo de EEUU y la URSS a sus juegos olímpicos respectivos.  Ahora bien, si excluimos debiera aplicarse la nueva regla a todo caso.

Difícil evitar en la edición de 2024 la contaminación política palestina  del concurso, por los muertos, por los prolegómenos, por el Benidorm Fest islandés, por la pegatina de los Goya, porque es la actualidad y los artistas suelen ser gente sensible a las tragedias y a la actualidad.

Separar cultura y política es imposible hasta en Eurovisión, con su defensa por ejemplo edición tras edición de opciones sexuales no convencionales, eso es política con mayúsculas, y la participación de Israel también lo es.

Desde esta columna lanzamos una petición a la Unión Europea de Radiodifusión: que se estudie la participación de Palestina en próximas ediciones del concurso, si llegara algún día a materializarse esa idea de los dos Estados vecinos. Comparte espacio geográfico con Israel, Mediterráneo con Europa, comparte monoteísmo, cercanía también cultural y condición de víctima de una limpieza étnica, en su caso en marcha.

O mejor propuesta aún, que la representación de un futuro único Estado democrático y aconfesional que integre a todos los ciudadanos de la Palestina histórica, independientemente de sus creencias, se alterne un año en hebreo y otro en árabe, o una estrofa en cada idioma.

Lo que está claro es que tanto derecho como cualquiera tienen los palestinos a estar presentes en Eurovisión, y hasta que sea con música ya están allí políticamente instalados, muy especialmente en la edición de 2024.

Artículo publicado también en La Hora Digital.


lunes, 30 de octubre de 2023

Gaza 'mon amour'

Octubre de 2023 marca un nuevo episodio de violencia generalizada en Israel-Palestina a partir de un ataque sorpresivo y criminal de Hamás contra población civil (y militar) israelí desde Gaza y una respuesta brutal por parte del ejército israelí que continúa tres semanas después del origen, con un millar de víctimas israelíes y siete veces más palestinas.
La explosión de violencia genera condenas, posicionamiento; pero en un marco más general provoca una demanda de información y explicación. Comparto unos apuntes previos sobre el conflicto, un par de películas sobre Gaza y un intento de arrojar algo de luz sobre cinco ámbitos: momento, colonialismo, terrorismo, instrumento militar y futuro.
Es conveniente analizar el día antes de la explosión y el día después a que callen las armas, y una declaración de principios que publicaba la periodista Ana Iris Simón recientemente en El País: “Ninguna causa es lo suficientemente justa como para asesinar un solo niño en su nombre, ni siquiera vengar la muerte de otros niños”.
Como acotaciones muy generales cabe en primer lugar llamar la atención sobre la densidad de acontecimientos y lo reducido del espacio, condiciones histórico-físicas que incrementan los intercambios, la complejidad y la incertidumbre. La Palestina histórica equivale en kilómetros cuadrados a la provincia de Badajoz, y siempre es interesante recordar que los territorios ocupados y admitidos por los palestinos para un hipotético Estado suponen el 22% de esa superficie.
Cabría decir también al comienzo de este artículo que no se trata de un conflicto eterno, irresoluble, bíblico, incomprensible, interpretación que genera hastío y aleja de cualquier intento de comprensión del fenómeno. Se trata por contra de un conflicto eminentemente político, fácilmente acotable su recorrido en el tiempo -nada empezó el 7 de octubre- con una fecha clave marcada por la llamada Declaración Balfour de 1917, por la que Gran Bretaña se comprometió a facilitar la instalación del hogar nacional judío en Palestina. El conflicto es abordable porque nos resulta cercano y familiar en su origen, muy europeo, a partir de actuaciones e ideología como la ocupación colonial de un territorio y el nacionalismo.
El conflicto palestino-israelí no es religioso (existen palestinos de las tres religiones monoteístas e incluso ateos), no es una guerra entre Estados. El conflicto afecta directamente a unos 12 millones tanto de judíos como otros tantos palestinos -las dos comunidades están igualadas en número-, la mitad de ellos residentes en la Palestina histórica y la otra mitad en el exterior, llámese exilio, emigración o diáspora.
Como última acotación previa, y los sucesos de octubre lo confirman, nos encontramos ante un escenario dinámico, lo que implica que la visión o planteamiento de hace cincuenta años probablemente no sirva para el presente. A lo largo ya de más de un siglo se han tomado cientos de decisiones políticas que han provocado la situación actual, esas decisiones podían haber sido otras.

Ficción

La primera reacción personal en caliente fue buscar papel escrito en la estantería, pero antes... en el televisor. Desde estas plataformas de contenidos sin fondo ni bibliotecario a las que tenemos acceso desde el sofá aparecieron dos películas de ficción:
  • ‘Un fin de semana en Gaza’. Reino Unido, 2022. Argumento: un periodista británico (y su pareja israelí) intenta escapar de Israel después de que la ONU imponga restricciones al tráfico aéreo y marítimo debido a la propagación de un virus. Gaza se convierte en el lugar más seguro de la región. Acabarán saliendo por Ráfah hacia Egipto.
  • ‘Gaza mon amour’. Coproducción Palestina-Francia-Alemania-Portugal-Qátar, 2020. Argumento: Gaza, hoy. Issa, un pescador de sesenta años, está secretamente enamorado de Siham, una mujer que trabaja en el mercado con su hija Leila. El descubrimiento de una antigua estatua de Apolo en sus redes de pesca cambiará su vida para siempre. Curiosamente, su confianza comienza a crecer y finalmente decide acercarse a Siham.
No es buena idea acudir a la ficción para encontrar análisis y explicación al conflicto israelo-palestino, aunque estas dos películas revelan algunos puntos de interés, como que hace un par de años se podían situar comedias en Gaza (resultaría impensable una comedia localizada hoy en Ucrania), síntoma evidente de una ocupación normalizada, estaba asumida su precariedad, sus dos millones de habitantes enjaulados. Choca la violencia informativa actual y la cotidianidad del cine, donde asoman muchos policías palestinos, la obsesión por los papeles, puetos de control, cortes de luz y personas. Lo más sorprendente es compartir vivencias familiares, amorosas, picaresca incluso, con palestinos e israelíes de protagonistas. La normalidad informativa es bien distinta, los palestinos aparecen siempre muriendo, gritando o rezando; la deshumanización del adversario es criterio básico en cualquier conflicto. La cultura puede ser también un instrumento de conocimiento y muchas veces de propaganda -no en las películas referidas-, Paul Newman e Ingrid Bergman han hecho más desde la gran y pequeña pantalla por la causa sionista que algunas campañas militares.
A continuación cinco acercamientos al conflicto con el objetivo de entenderlo algo mejor.

1 - Realidad - Momento

La explosión de violencia en Israel-Palestina de este otoño de 2023 se produce en el año en que se cumplen 75 del nacimiento del Estado de Israel y los palestinos denominan Nakba (catástrofe en árabe), referido en este caso a un proceso de limpieza étnica más amplio y los efectos de 1948.
Asimismo se cumplen 30 años de la firma de los Acuerdos de Oslo en 1993, hasta el momento el intento más serio de encontrar una salida al conflicto, si bien bajo unas premisas que han derivado en un punto muerto. Oslo establecía el principio de dos Estados vecinos, pero marcaba un proceso, no un punto final, que debía avanzar y no lo hizo, y dejaba para una fase última el acuerdo nunca alcanzado sobre Jerusalén, fronteras, seguridad, soberanía y retorno de ciudadanos expulsados del territorio.
Los acontecimientos de octubre de 2023 se producen en uno de los años más violentos de los últimos lustros (250 palestinos muertos violentamente hasta el día anterior al ataque de Hamás).
La realidad geopolítica era que Palestina y los palestinos habían desaparecido de la agenda como problema internacional urgente de resolver, mientras que los análisis se centraban en el aparente próximo acuerdo entre Israel y Arabia Saudí, en el marco de unos acuerdos de Abraham con los que Israel pretendía estrechar relaciones con los países árabes (conseguido con Emiratos, Bahréin, Sudán y Marruecos) y suponían en esencia solucionar el problema palestino con alguna inversión y sin contar con los palestinos. Nadie ha recordado en las últimas semanas que Arabia Saudí e Irán restablecieron relaciones diplomáticas en el cercano mes de marzo con la mediación de China, movimiento sorprendente en la región que muestra actores y acercamientos no previstos.
Muchos factores pueden definir el momento previo a la última explosión de violencia, como las crecientes provocaciones en la explanada de las mezquitas de Jerusalén por parte de extremistas judíos, lugar de simbolismo extremo como tercer lugar santo del Islam; origen de la segunda intifada en 2000 tras sucesos similares; la cúpula de la Roca figura en el logo de Hamás y en la pared de la mitad de los hogares palestinos.
Añadamos al momento la previsible anexión ilegal de Cisjordania por parte del Estado israelí (como ya ha hecho con Jerusalén y los Altos del Golán);  y las divisiones de un liderazgo palestino desacreditado, lo que abre la sucesión no lejana de Mahmud Abbás.
En octubre de 2023 se produce un distanciamiento creciente y preocupante entre la dirección política y los ciudadanos en los territorios palestinos ocupados, también en Israel (manifestaciones multitudinarias desde enero), en los países árabes vecinos y no tan vecinos.
Finalicemos este apartado con la próxima convocatoria de elecciones en 2024 tanto al Parlamento Europeo como a la presidencia de Estados Unidos, lo que explica visitas recientes, apoyos incondicionales y el movimiento de varios actores en el desarrollo próximo del conflicto.

2 - Colonialismo

No es posible entender el conflicto israelo-palestino sin tener presente que en su origen y desarrollo, hasta el día de hoy, es un fenómeno colonial, con todos sus ingredientes: existen colonizadores, colonizados y colonos, de estos últimos hasta 750.000, con un comportamiento extremo. Existen ocupantes y ocupados. Existen presos sin cargos y presos con cargos. Existen detenidos menores de edad bajo jurisdicción militar y no detenidos. Existen agresores y agredidos. Existe la vieja fórmula de fragmentar al colonizado geográfica y jurídicamente.
El proceso es claro, y por supuesto tiene sus peculiaridades, una no menor es que llegó tarde, al menos cien años: en 1947 el Reino Unido se retira de la India, y ese mismo año se aprueba en Naciones Unidas la resolución 181 que establece un Estado judío y otro Estado palestino en la superficie del mandato británico.
Convengamos que en el siglo XIX poca gente conocía lo que hacía el rey de los belgas Leopoldo sobre los congoleños, y a nadie le importaba, circunstancias de conocimiento e interés que han ido cambiando a lo largo del siglo XX y del siglo XXI. Imposible imponer una realidad colonial en una época poscolonial, y eso se ha ido intentando en Palestina por el proyecto colonial sionista primero apoyado por la primera potencia mundial que era el Reino Unido; y luego a partir de los años sesenta por la primera potencia mundial que era y sigue siendo Estados Unidos.
Añadamos a las peculiaridades que se trata de un tipo específico de experiencia colonial conocido y estudiado como colonialismo de asentamiento, de raíz británica, que pretende en último término expulsar o aniquilar al colonizado, con referencias históricas reconocibles en EEUU, Canadá, Australia o Nueva Zelanda. 
Finalicemos este epígrafe con la obviedad de que en todas las experiencias coloniales el colonizado se acaba rebelando contra el colonizador; y no menos importante, que el colonialismo acaba pasando factura al colonizador, en forma de militarismo, degradación del Estado, extensión de la violencia y reducción de derechos ciudadanos.

3- Terrorismo

No existe una definición internacionalmente aceptada y vinculante del término terrorismo, en tratados y análisis se impone la interpretación de parte y sorprende la ausencia clamorosa del terrorismo de Estado.

En cualquier caso el terrorismo se reconoce, definámoslo informalmente como una táctica, no una ideología, caracterizada por el uso de la violencia física contra civiles para conseguir objetivos políticos y tiene siempre una organización detrás, este invento de los 'lobos solitarios' (de distinto tratamiento aparezcan en Haro o Algeciras) está cogido con alfileres.

Identificamos sin duda como una acción terrorista el ataque de Hamás del 7 de octubre, cumple la definición, asesinato de civiles israelíes; y los mismos ingredientes y catalogación podríamos aplicar al atentado por milicia sionista en 1947 al cuartel general británico en el hotel King David de Jerusalén, con un centenar de muertos; a las actividades del Frente de Liberación Nacional Argelino en los cincuenta y sesenta y también a la represión francesa del independentismo argelino; violencia física contra civiles para conseguir objetivos políticos es la respuesta israelí al ataque de Hamás.

En cuanto a actores terroristas, digamos que Hamás es un agente relativamente reciente en este conflicto, surge a finales de los 80 al calor de la primera intifada, y se enmarca en un fenómeno del máximo interés como es el fracaso, por méritos propios e inducidos por terceros, del nacionalismo árabe laico de mitad del siglo pasado y su sustitución por un islamismo en ocasiones radicalizado.

Al margen del terrorismo, recordemos que desde Estados Unidos y Europa se ha hecho también todo lo posible para forzar el fracaso de cualquier experiencia política islamista no radical; y también que los actuales dirigentes por ejemplo en Túnez o Egipto han implantado unas dictaduras más represivas que los regímenes democráticos previos gobernados aunque fuera difícilmente por partidos islamistas.

Parece además claro que si el problema de seguridad de Israel es el terrorismo, en ningún caso este tipo de violencia se combate con cazas, bombardeos aéreos y carros de combate, cortes de alimentos y electricidad de millones de civiles, sino con inteligencia (en su doble sentido) y fuerzas policiales.

Apuntemos también que Hamás es un acrónimo cuya letra eme corresponde a la palabra árabe que significa 'resistencia', y este carácter de rebelión contra el ocupante lo comparte con Hezbolá, nacido y crecido contra la invasión por Israel del sur del Líbano durante dos décadas, nada que ver con otros grupos como Al Qaeda o el Estado Islámico. Se trata los primeros de dos movimientos políticos nacidos en el territorio, por palestinos en el caso de Hamás y no solo de Gaza, arraigados además por la vertiente social de este movimiento, en el marco de una estructura estatal inexistente, prestando servicios sociales y educación a una población desasistida.

Digamos finalmente que la fortaleza de Hamás es directamente proporcional al fracaso del proceso de paz de Oslo y el desprestigio de la mini Autoridad Palestina.

Y concluyamos recordando aquel gran avance político de la sociedad española al afrontar el terrorismo independentista cuando se popularizó aquello de "Vascos sí, ETA no"; con ese mismo espíritu podríamos hoy decir "Palestinos sí, Hamás no", "Judíos sí, Natanyahu no, colonialismo no". El antisionismo no es antisemitismo.

4 – Instrumento militar

Israel no cabe duda de que tiene la capacidad militar suficiente, y la impunidad internacional reconocida, para prolongar el conflicto unas décadas más e incluso para expulsar a un millón de palestinos al Sinaí, limpieza étnica como la ya ocurrida en 1947/48, aunque el foco mediático y la época en la que vivimos quizá no lo permitiría como en el pasado.

Lo relevante aquí es que Israel no afronta ninguna amenaza existencial. Los vecinos han sido progresivamente desactivados por acuerdos de paz (Egipto, Jordania); por guerras civiles y de agresión (Líbano, Siria); o por directamente invasiones (Irak).

El conflicto israelo-palestino no es una guerra entre Estados, entre ejércitos, fuerzas navales y aéreas que se enfrentan, lo que no impide que Israel cuente con unas fuerzas armadas con capacidad nuclear de las más potentes del globo; y un apoyo incondicional de la mayor potencia militar del planeta, reforzada por el crítico Obama con un acuerdo a diez años de 38.000 millones de dólares para tiempos de paz, y directamente sin límites para tiempos conflictivos.

De lo anterior, de la crisis actual en Palestina-Israel y también de la invasión de Ucrania cabe concluir o al menos plantearse el fracaso de la disuasión como uno de los pilares de la defensa militar. Ingentes presupuestos militares y una carrera de armamento en crecimiento no han impedido la actuación de Rusia ni de Hamás, lo que obligaría a replantearse algunos principios teóricos.

En este apartado de la seguridad, la defensa y su instrumento militar cabría señalar también cómo se han ido abandonando y desprestigiando las operaciones de paz amparadas por Naciones Unidas para estabilizar conflictos, para exportar por nuestra parte seguridad al amparo de una legalidad y legitimidad internacional que no existió en la invasión de Irak y hoy no es posible con un Consejo de Seguridad de la ONU bloqueado por Rusia si el tema es Ucrania, por Estados Unidos si el tema es Israel-Palestina.

Se dice que las operaciones de paz paran el reloj de un conflicto, los más de 600 cascos azules españoles en el sur del Líbano, encuadrados en una fuerza de diez mil actualmente comandados por un general español, han evitado el conflicto desde 2006 y es un gran logro, pero nunca solucionan el problema, la salida siempre es política; también lo será en el caso palestino.

5 - Futuro - Democracia

Un último acercamiento al conflicto palestino-israelí se debe dirigir al día después de los disparos, y su solución a largo plazo sólo puede ir ligada a la democracia.

Añadamos como aclaración que el conglomerado no geográfico que llamamos Occidente, Estados Unidos, Europa, las democracias reconocidas, no actúan democráticamente fuera de sus fronteras nacionales, aunque sí viaje en su discurso de valores y principios, y sólo vale mencionar para acreditarlo ejemplos como Guantánamo, Abú Ghraib, asesinatos selectivos, bombardeos de Irak o Siria desde hace años.

Recordemos que la República española no actuó democráticamente en el norte de Marruecos, quizá hubiera sido la historia diferente; que Francia no actuó democráticamente en Argelia ni con los argelinos en suelo francés.

E Israel no es una democracia para dos millones de sus ciudadanos que son palestinos, ni para los palestinos de los territorios ocupados. El sistema de discriminación racial institucionalizado conocido como apartheid define en buena medida la situación en Israel-Palestina, así lo han reconocido y documentado organizaciones de defensa de los derechos humanos locales (israelíes) y otras de trayectoria poco discutible como Amnistía Internacional o Human Rights Watch. Cabe recordar que la Corte Penal Internacional incluyó en 1998, en el Estatuto de Roma, el “crimen de apartheid” entre los crímenes de lesa humanidad (artículo 7). 

Como europeos que somos, acudamos a la Unión Europea y su estrategia global para la política exterior y de seguridad de 2016,  en la que leemos que "la UE promoverá un orden mundial basado en normas, con el multilateralismo como principio esencial y las Naciones Unidas como núcleo".

A octubre de 2023 se puede afirmar que el modelo Gaza, el confinar dos millones de personas sin salida y sin derechos, bombardeables regularmente, ha culminado sin éxito, y aún no sabemos qué formato lo puede sustituir.

A estas alturas y tres décadas desde su firma resulta evidente que los Acuerdos de Oslo son inviables, la solución de dos Estados independientes en el antiguo mandato británico en Palestina, probablemente el asesinato del primer ministro israelí en 1995 a manos de un terrorista israelí frustró el proceso en fecha tan temprana,  rematado en el año 2000 por Clinton-Ehud Barak. Hoy es inviable por la falta de voluntad y por la presencia en los territorios palestinos ocupados de 700 mil colonos radicalizados en su mayor parte que no se van a ir a ningún sitio.

El escenario local e internacional, como se apuntaba al comienzo, es dinámico. Se observan cambios en la visión del conflicto, generacional en cualquier geografía; especialmente en Estados Unidos, en el ámbito académico, existe ya una minoría en el Congreso norteamericano que hace oír voces alternativas sobre el conflicto; las encuestas registran un cambio entre los demócratas estadounidenses hacia posiciones más centradas y pro palestinas que en el pasado.

Existe desde hace tres lustros una campaña internacional surgida desde la sociedad civil de boicot, desinversión y sanciones (BDS), resistencia no violenta contra la ocupación israelí, similar a muchas otras practicadas en procesos de descolonización.

Y pensando en el futuro la solución al conflicto pasa por un único Estado democrático, con igualdad de derechos y obligaciones de todos sus ciudadanos. Ya existe un único Estado en la Palestina histórica, el reto es que sea democrático. Al diagnóstico generalizado de una situación actual de apartheid sudafricano le corresponde una solución sudafricana.

No cabe imaginar otra alternativa que una opción democrática de este tipo, apoyada ya hoy por la cuarta parte de los palestinos (los partidarios de los dos Estados no son muchos más), a la que habría que dedicar pedagogía y tantos esfuerzos como se hicieron en el proceso de Oslo. 

Conocemos ya el resultado de la opción realista que ha negado durante décadas la democracia y el derecho internacional en el conflicto palestino-israelí. La opción democrática no sería ingenuidad, sino actuar por interés, incluir el Estado de derecho entre nuestros intereses.


Artículo publicado también en la web Rebelión; y en infoLibre.


martes, 18 de agosto de 2020

Israel, Emiratos y la paz en Palestina

 Agosto nos suele coger con la guardia baja, en bermudas tendemos a pensar que la actualidad está tan recortada como la pernera de los pantalones y el tamaño de las redacciones de informativos, cosa que no suele ocurrir. En verano los helicópteros vuelan, se averían, a veces sufren accidentes e incluso son robados tanto o más que el resto del año, las leyes de la física y de la delincuencia no entienden de calendarios.

Este 13 de agosto de 2020, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció vía Twitter “un acuerdo histórico de paz entre dos grandes amigos de EEUU”, en referencia a Israel y Emiratos Árabes Unidos, que se comprometían -según comunicado firmado por los tres- a la normalización completa de relaciones entre los dos últimos países. La gran noticia es que Israel aparentemente renuncia con el acuerdo a la anexión de Cisjordania con la que venía amenazando.
Varios de los mismos protagonistas del acuerdo histórico de agosto habían anunciado el llamado acuerdo del siglo en enero, iniciativa comandada por el yerno de Trump, y las trompetas de la celebración entonces duraron tan escaso tiempo como ahora.
El comunicado conjunto -aquí enlazado-, lleno de adjetivos eufóricos, señala que Tel Aviv y Abú Dabi comenzarán cooperando en el desarrollo de una vacuna contra la covid-19, "lo que salvará vidas musulmanas, judías y cristianas por toda la región"; y se informa de que delegaciones de ambos países se reunirán en breve para firmar acuerdos bilaterales sobre inversiones, turismo, vuelos directos, seguridad, telecomunicaciones, tecnología, energía, sanidad, cultura, medio ambiente y la apertura de embajadas.
Una primera gran lección del acuerdo anunciado es que vuelve a reflejar las técnicas de negociación del sector inmobiliario norteamericano, o al menos de las practicadas por Trump en casos como el muro contra la inmigración desde México, la carrera nuclear de Corea del Norte, la tasa Google, las relaciones militares en el marco de la OTAN y alguna otra más: amenaza descomunal y negociamos mi amenaza, en el mejor de los casos la otra parte cede y en su caso se queda en el punto de partida retirando el órdago o dosificando la bravuconada.
En segundo lugar, resulta imposible desligar el anuncio del acuerdo EEUU-Israel-Emiratos del calendario electoral de Estados Unidos y del judicial de Netanyahu.
A tres meses de las elecciones presidenciales, con todas las encuestas en contra, Trump necesita un éxito diplomático y a la vez un guiño a la comunidad judía cuyo protagonismo irá creciendo según se acerque la cita electoral, mostrando una vez más que Israel es política interior norteamericana y que las diferencias políticas entre demócratas y republicanos se reducen al mínimo en cuanto a política exterior.
Para enmarcar la relevancia del acuerdo Israel-Emiratos en la pacificación de Oriente Próximo y Medio, anunciado y negociado sin contar con los palestinos, convendría recordar que los Emiratos Árabes Unidos no existían como Estado en 1948, fecha del fin de la presencia colonial británica en Palestina y de la proclamación de independencia de Israel; los Emiratos tampoco existían como Estado en la crisis de Suez de 1956; en la ocupación de Cisjordania, Gaza y Jerusalén de la guerra de 1967: Emiratos es protectorado británico hasta 1971 y desde esa fecha no se conoce que haya estado en guerra con Israel en ninguna ocasión.
Por otra parte, hablamos de la federación de siete pequeños emiratos que suman 80.000 kilómetros cuadrados (superficie equivalente a Castilla-La Mancha), con un PIB de alrededor del 40% del español y diez millones de habitantes, de los que únicamente dos son autóctonos; tamaño modesto que no le impide gastar anualmente más de 25.000 millones de dólares en armamento (datos desactualizados referidos a hace un lustro).
Bien es cierto y no resulta fenómeno menor el hecho de que las petromonarquías del Golfo viven desde hace un par de décadas un proceso de autoafirmación, y ejemplos para confirmarlo pueden ser la instalación de grandes museos, la puesta en marcha hasta de programas espaciales y la importante decisión de intervenir militarmente fuera de su territorio, en el caso de Emiratos en la guerra del Yemen desde 2014, también desde 2018 en Libia, además de años de bombardeos sobre Siria e Irak en el marco de la coalición internacional contra el Dáesh.
La política exterior de los Emiratos Árabes Unidos está estrechamente ligada a Arabia Saudí, por lo que cabría esperar que la normalización de relaciones con Israel podría extenderse en fechas próximas al gran Estado de la península arábiga o algunos de sus satélites. Cualquier avance en esa dirección iniciada por Emiratos contribuye a ahondar la añeja pretensión de convertir el conflicto Israel-Palestina en un conflicto Israel-Mundo Árabe que de esta forma se estaría contribuyendo a desactivar, sin contar con los palestinos o incluso haciendo coincidir este proceso de distensión con el bombardeo israelí de Gaza como ha sucedido en los días posteriores al anuncio de mediados de agosto.
En las actuales circunstancias, un español de excepción con relaciones privilegiadas con la dirección del país reside temporalmente en Emiratos, el rey Juan Carlos, testigo privilegiado y transmisor al Gobierno de Pedro Sánchez de la interpretación local y el análisis personal de unas circunstancias relevantes en la geopolítica de Oriente Próximo y Medio, que eso es lo que uno imagina que hace un rey, emérito o no.
Este 17 de agosto conocimos al fin que el rey Juan Carlos I llegó el pasado 3 de agosto a Emiratos Árabes Unidos y permanece allí desde entonces, según informó la Casa Real tras dos semanas de especulaciones sobre el paradero de quien ha sido jefe del Estado.
En un escueto comunicado, Zarzuela señaló que "Su Majestad el rey don Juan Carlos ha indicado a la Casa de Su Majestad el rey que comunique que el pasado día 3 del presente mes de agosto se trasladó a Emiratos Árabes Unidos, donde permanece en la actualidad". El rey emérito ha dicho a su hijo que nos diga.
Volviendo a la actualidad internacional, el acuerdo entre Israel y la unión de siete Emiratos del Golfo Pérsico o Árabe bien puede convertirse en un acelerador histórico a favor de una solución democrática al conflicto Israel-Palestina, al suponer, por si quedaba alguna duda, el certificado de defunción definitivo de los acuerdos de Oslo de 1993 y la llamada solución de dos Estados.
Por activa, por pasiva y sobre todo por la vía de los hechos Israel ha dejado claro que esa opción es imposible, por lo que despeja el camino hacia una solución sudafricana a una situación de apartheid sudafricano: un único Estado con todos sus ciudadanos iguales en derechos y obligaciones.
La solución de un único Estado democrático que englobe dentro de las mismas fronteras a Palestina-Israel está hoy más cerca que antes de la firma del acuerdo de Israel con Emiratos.

martes, 19 de agosto de 2014

Gaza 2014: guerra civil y adiós a Oslo

Los prejuicios hay que contrastarlos con la realidad. Y si el resultado los confirma es que uno no andaba demasiado equivocado.
En este caso el juicio previo, a partir de la experiencia de la última gran ofensiva armada sobre Líbano en 2006 y sobre Gaza en 2009, era que el límite asumible de árabes muertos en un conflicto relacionado con Israel rondaba la cifra de 1.500.
Líbano 2006: entre el 1 de julio y el 14 de agosto. Motivo aparente: captura de dos soldados israelíes y borrar del mapa a Hezbolá. Nombre: Operación Recompensa Justa. Balance de víctimas: 1.187 libaneses muertos, 4.060 heridos, 256.000 desplazados y 15.000 viviendas destruidas. Por parte de Israel, 116 soldados muertos y 450 heridos. Entre los civiles, 41 muertos y 604 heridos. Resultado: intensa actividad diplomática –y española-, resolución 1.701 de la ONU que refuerza su presencia en el sur del país y pasa de ser testigo desde 1978 a eficaz barrera que ha puesto fin a un ciclo de violencia con el vecino  norte de cuatro décadas.
Gaza 2009: entre el 27 de diciembre de 2008 y el 18 de enero de 2009. Motivo aparente: destruir la infraestructura terrorista y borrar del mapa a Hamás. Balance de víctimas: 1.434 palestinos y 14 israelíes muertos. Nombre: Operación Plomo Fundido. Resultado: ninguno.
Gaza 2014: desde el 1 de julio. Motivo aparente: borrar del mapa a Hamás. Nombre: Operación Margen Protector. Balance: 2.016 palestinos muertos, incluidos 541 niños y 250 mujeres; 237.659 desplazados; 65 israelíes muertos (de ellos, 64 militares); daños por 4.400 millones de euros; 12.000 viviendas destruidas, en las que vivían más de 100.000 personas; 230 escuelas, 51 hospitales y centros de salud alcanzados, junto con la destrucción de otras infraestructuras básicas como la única central eléctrica de Gaza.
La conclusión sólo puede ser que la comunidad internacional se ha vuelto más permisible, los Estados más inoperantes, entre un 20% y un 25% más pasivos que hace una década.
La crisis financiera-económica-política-social-institucional ha tenido como efecto secundario una falta de compromiso de los Estados con las organizaciones internacionales a las que pertenecen, una introspección nacional y como mucho la búsqueda de alianzas bilaterales, como la de España con Francia en el Sahel, o la de Reino Unido y Francia en materia de armamento.
Las Organizaciones Internacionales y la Unión Europea son el resultado de lo que acuerdan sus miembros, su inoperancia es la suma de la de los gobiernos nacionales.
Los críticos hacia Naciones Unidas (muchos suelen defender el trabajo de otras organizaciones bastante más modestas, incluso caritativas) deben saber que antes del último conflicto la mitad de los 1,7 millones de gazatíes dependían de la ayuda que les prestan las agencias de Naciones Unidas en asuntos tan básicos como la educación, la sanidad, también el agua.
Los críticos pueden mirar también a Líbano, donde 10.000 cascos azules han impedido que se repita la tragedia en ese territorio durante los últimos ocho años.
Volvemos a vivir una crisis humanitaria en Oriente Próximo, una más, y como nada se repite exactamente pues tiene componentes de siempre y factores muy actuales.
Entre la continuidad figura la ocupación colonial de Palestina por Israel, y cualquier acercamiento con el derecho internacional en la mano nos dice que la responsabilidad es siempre de la potencia ocupante.
Entre las novedades se encuentra el acuerdo entre las distintas sensibilidades políticas del movimiento palestino, alcanzado por la OLP y Hamás en fechas previas al conflicto. Y un golpe de Estado en Egipto avalado por EE.UU. y con la indiferencia -si no aplauso- del resto de los países occidentales y del área.
Y la gran novedad es que la base sobre la que se construyeron los acuerdos de Oslo de 1993, la solución de dos Estados (el palestino sobre el 20% del suelo que formaba el mandato británico) es física y políticamente inviable.
La realidad hace imposible la solución de los dos Estados, Israel y Palestina nunca serán entidades políticas independientes, soberanas y vecinas. Medio millón de colonos, limpiezas éticas y étnicas, un millón de palestinos de nacionalidad israelí, un muro de 450 kilómetros, extremistas de pelo largo y pelo corto impiden la hipótesis de los dos Estados.
El tangerino Shlomo Ben Amí, ex ministro israelí de Asuntos Exteriores y ex embajador de Israel en España, mostraba recientemente por escrito su desesperación y de pasada decía que la situación actual bien podría definirse como una guerra civil permanente.
Población de un mismo territorio enfrentada entre sí, eso es una guerra civil. Palestinos e israelíes llevan siete décadas viviendo y luchando por el mismo suelo, guerra civil.
Sudafricanos de origen angloholandés y negros luchando por el mismo territorio, y la solución por imposible nunca fue –se intentó, bantustantes- la separación física.
Se intentó también en la India a un coste humano disparatado, se quiso crear una India hindú y un Pakistán musulmán. Hoy la India, con 150 millones de musulmanes, es el tercer país de religión islámica del planeta.
En cada conflicto surgen visionarios de la separación física sobre el mapa de la realidad social mezclada. Los territorios étnicamente puros sólo existen como objetivo en las salas de operaciones de los Estados Mayores, y el intento de aplicarlo a la realidad suele utilizar un método llamado limpieza étnica.
¿Cuál es la lección de la última catástrofe en Gaza? Que el futuro de Israel-Palestina -habría que encontrar un tercer nombre mutuamente aceptado- es un solo Estado democrático.
La historia enseña que lo conseguido con la violencia es muy difícil reconquistarlo pacíficamente, lo que asegura décadas de prosperidad a quienes aparentemente ceden su poder.
¿Ruptura o reforma? Reforma controlando los resortes del poder, los pisoteados se conforman durante generación y media con la victoria moral. El acuerdo dura tres décadas sin mover una coma. Es una de las lecciones que los dirigentes israelíes y norteamericanos podrían tomar de la Transición española.

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martes, 6 de agosto de 2013

Cuando despertaron, los catalanes, Hezbolá y los Hermanos Musulmanes aún estaban allí

La ciencia ficción inventa una realidad futura o un escenario distinto sobre los que normalmente operan sentimientos y comportamientos muy actuales. Por ejemplo, imaginemos que aviones sin piloto y sin guía directa puedan aterrizar autónomamente sobre un portaviones. Un inconveniente de la ciencia ficción es que se ve superada fácilmente; lo anterior ocurrió la semana pasada y era ciencia ficción hace un mes. La Armada de EE.UU. ha destinado 1.400 millones de dólares a convertir la ficción en realidad.
Aparte de inventársela, otra forma de escapar de la realidad es simplificarla eliminando lo que nos estorba, por ejemplo los catalanes independentistas, los musulmanes egipcios hermanados o los libaneses shiíes seguidores de Hezbolá.
"Yo confío en España", lema publicitario del centro
comercial Gran Plaza 2 en Majadahonda (Madrid).
El adjunto al alto comisionado para la Marca España, embajador de España sin embajada, tuiteó tras escuchar pitos al himno en la inauguración de los campeonatos mundiales de natación: “Catalanes de mierda, no se merecen nada”. Claramente la mercantilización del sentimiento nacional no está funcionando, sea Marca España o la Ley de unidad de mercado, no están consiguiendo modernizar el nacionalismo español. El caso es que al señor embajador y vicealto comisionado de la Marca España, exrepresentante de España en Líbano y exresponsable de Protocolo en Moncloa, le sobran siete millones y medio de catalanes que deberían formar parte de la España de la marca que promocionan.
Otro ejemplo lo hemos vivido en Egipto, donde la presidencia y el Gobierno de los Hermanos Musulmanes ha sido suprimido de un plumazo, mejor dicho, de un golpe de Estado militar de los de toda la vida, de manual. No gustaban. Aquí hemos asistido al intento –fallido- de crear el golpe de Estado democrático, hasta el ministro de Asuntos Exteriores de EE.UU. acaba de decir que los militares han intervenido en Egipto para traer la democracia. No ha colado. Nada creíble ni legítimo sucederá en Egipto si no se cuenta con la hermandad. A mayor represión, mayor radicalización.
Y el tercer caso es que la Unión Europea acaba de incluir a Hezbolá en su listado de organizaciones terroristas, en su rama militar, que no la política, un matiz que nadie ha entendido.  
Estos listados, como las barajas de enemigos, surgieron tras el 11-S, y con buen criterio la UE no entró al juego ni hizo su propia baraja durante 12 años, hasta ahora. Se insiste en que Hezbolá recibe apoyo iraní (todas las facciones libanesas, todas, tienen apoyo exterior, la injerencia extranjera en Líbano tiene al menos 180 años de vida), que por miles andan por Siria apoyando al dictador Al Asad (no parece que puedan aportar militarmente gran cosa).
Los Hermanos Musulmanes, Hezbolá y también Hamás son movimientos principalmente nacionalistas, islámicos y nacionalistas, actores políticos y sociales de primer orden en un territorio del que forman parte, con un respaldo ciudadano importantísimo, consecuencia del fracaso de otras opciones políticas más o menos laicas durante las últimas décadas, todas autoritarias, todas militares, todas tratando de buscar legitimidad social en otro conservadurismo religioso. Antiguas y actuales potencias coloniales tienen su cuota de participación en dicho fracaso, la otra parte es autóctona. El brochazo de identificarlas como terroristas es una muestra de incapacidad política.
En la interpretación que nos hacemos de la realidad aparecen ahora liberadas dos cooperantes españolas secuestradas en Kenia durante 700 días, y nadie nos cuenta las circunstancias del secuestro ni las gestiones realizadas para su liberación, en claro contraste con otros secuestros de tiempos recientes, relacionados o no con las latillas de atún.
Y una última referencia se la merece por derecho propio que el consejo de ministros haya aprobado un crédito extraordinario de 877 millones de euros para financiar programas de armamento. Por favor, a cambiar todo el mundo las presentaciones de power point, sus gráficos y porcentajes de gasto en Defensa, que un viernes de julio el presupuesto del Ministerio se ha incrementado un 15%. La decisión, que supone 145 mil millones de aquellas pesetas, no ha merecido ni una nota de prensa de Moncloa, Hacienda o Defensa; y el crédito ha compartido Real Decreto con ayudas al vehículo eficiente y al Servicio Público de Empleo.
Fin: han pasado unos 140 días desde que conocimos por El País que militares españoles torturaron en Irak. Esas personas o siguen dentro de las Fuerzas Armadas o andan tranquilamente por la calle. Los tiempos políticos, los de la responsabilidad y los de la reputación, nada tienen que ver con los judiciales.
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Cuando despertaron el embajador Juan Carlos Gafo, el general Abd al Fatah al Sisi, el ministro John Kerry y la vicepresidenta Catherine Ashton, los catalanes, los Hermanos Musulmanes y Hezbolá todavía estaban allí.

Disculpa, Monterroso, por manosear la frase hasta el infinito.

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