martes, 7 de abril de 2020

La prima de riesgo social

Ha cambiado el foco en la respuesta inicial a las dos últimas crisis, la Gran Recesión y la covid-19 
No está claro si el buque hospital acude al rescate o se va a llevar 
por delante a Miss Liberty. Foto: Andrew Kelly/Reuters. 

La prima de riesgo obsesionó en 2008 y la curva de infectados y fallecidos en 2020, dos actitudes diferentes por parte de responsables políticos y por derivación de ciudadanos.
Riesgo país y riesgo ciudadano; se podría decir que en el fondo son lo mismo, pero la experiencia ha demostrado que el enfoque condiciona el resultado y los destinatarios finales no coinciden.
En cuanto a la respuesta a la crisis 2008/2018, no existen pruebas de laboratorio que hayan confirmado que el saneamiento financiero a costa de un endeudamiento público descomunal haya desbordado las cuentas de resultados empresariales para beneficiar al común de la gente.
Hace poco más de una década anduvieron dos presidentes del Gobierno español con una aplicación en el móvil que les indicaba en tiempo real el estado de ánimo de los mercados financieros; quizá hoy Pedro Sánchez tenga algo similar para la curva de fallecidos o ingresos hospitalarios.
Las diferencias entre las dos crisis se pueden detectar también en otras políticas públicas.
La seguridad tradicional ha delimitado el ámbito de actuación a las fronteras del Estado, del propio y de los vecinos. Es decir, la seguridad física organizada sigue siendo estatal, cuando las amenazas son globales. Por éste y otros motivos con la crisis provocada por la enfermedad covid-19 el secretario general de la OTAN anima a no dejar de aumentar los presupuestos de Defensa, algún nubarrón percibe en el horizonte. En el marco de esa Alianza España ha pedido ayuda y la ha recibido de Turquía y Chequia, hasta ahí la multinacionalidad de la respuesta, a la espera de lo que los Gobiernos nacionales decidan mancomunar bajo el paraguas de la UE (en materia financiera el BCE, la Comisión y el Parlamento Europeo sí han aprobado iniciativas).
Tres novedades se pueden destacar de esta crisis sanitaria que evolucionará a económica, social y por supuesto política.
La primera novedad es la apuntada: la primera preocupación de esta crisis es humana, a diferencia de la Gran Recesión, y por eso chirría y se entiende la movilización de quienes defienden sus intereses económicos con fuerza, actores con gran capacidad de presión, de interlocución y de presencia mediática.
Segunda novedad, desde el punto de vista de la seguridad: el enemigo no es humano. Tras una década de indefinición con el final de la guerra fría, el terrorismo ha copado los tres primeros lustros del siglo XXI como amenaza omnipotente y omnipresente, recurso ya agotado -no se sostiene ni por número de víctimas ni como justificación militar- que ha sido sustituido el último quinquenio por las ciberamenazas.
En ambos casos hay personas detrás, incluso Estados en algunos casos, la seguridad podía apuntar sus instrumentos hacia algo físico y hacia responsables humanos; no sucede hoy con los virus. En esta crisis tenemos muchos héroes y víctimas, pero nos falta un villano humano o estatal a la altura de las consecuencias.
En cuanto a lo cíber, reconozcamos que el virus real se presenta más peligroso que el virus de la desinformación, con evidentes exageraciones en el diagnóstico que parecen pretender que esta novedosa pandemia se parezca a la geopolítica de siempre.
Tercera novedad: las estrategias de seguridad nacional han incluido las pandemias y las crisis sanitarias, pero no como amenaza directa, sino como riesgo indeterminado en compañía de otros que no se sabe muy bien cómo calibrar ("desafío" la denomina la española de 2017); se equivocaron, no es uno de los desafíos (una especia de cajón de sastre), sino amenaza directa. Lo relevante es que la respuesta a esta amenaza no puede descansar en los medios tradicionales.
Por supuesto que las Fuerzas Armadas cuentan con capacidades de extrema utilidad para hacer frente a una crisis sanitaria como la que vivimos: sólo hay que ver la actuación de la Unidad Militar de Emergencias; también la vigilancia de infraestructuras críticas; la sanidad militar probablemente esté infradotada, pero contamos con un gran hospital de la Defensa que aunque no tiene capacidad para albergar a dictadores amigos sí da servicio a un importante barrio de Madrid, y es muy útil como respaldo de emergencias, igual que la farmacia militar, que habrá que fortalecer de alguna forma.
Cosa distinta es el empleo de los militares en tareas de seguridad ciudadana, como se ha anunciado, muy discutible en un país con 250.000 agentes policiales (la mitad bastante bien formados) y hasta el momento afortunadamente no llevado a la práctica por imposición de la sensatez, más que por celos entre organismos públicos, esperemos.
Triple novedad de la crisis provocada por la enfermedad del coronavirus, entonces: las personas están en primera línea de preocupación; el adversario no es humano; y la amenaza a medio y largo no tiene respuesta militar-policial, sino que requiere un reforzamiento de los servicios públicos de sanidad y protección social.
Todo lo anterior apunta hacia un concepto que se ha ido abandonando y emerge con la fuerza de la lógica de forma intermitente y ahora mismo aparece en primer plano: la seguridad humana. Se trata de un marco amplio que incluye la seguridad física, pero también la personal, laboral, sanitaria, más allá del equilibrio en el número de carros de combate o la disuasión nuclear; se plantea garantizar unas condiciones aceptables de vida, que el ciudadano sienta que tiene cierto control sobre lo que sucede.
Abundan ejemplos de cómo la prioridad en crisis recientes ha sido la economía financiera, las aguas territoriales, la soberanía estatal delimitada, y luego al final se supone que las personas dentro de esa economía y esos límites geográficos; pero en la respuesta se encuentran también casos de recorte de libertades individuales en aras de una mayor seguridad, de desconexión entre ciudadano y seguridad.
La crisis del covid-19 ha dado la vuelta a la ecuación: no hay seguridad sin personas.
Hemos pasado del riesgo-país al bienestar del ciudadano en su sentido más amplio, que empieza por la salud y sigue por el trabajo.
Las circunstancias de este comienzo de 2020 obligarán en cualquier caso a replantearse estrategias sociales, de seguridad, defensa, empresariales, laborales; y sobre todo y antes de nada resolver una cuestión de fondo: ¿tiene capacidad hoy la suma de lo público para mantener controlada la prima de riesgo social?

Articulo publicado también en infoLibre, la revista Atalayar y el portal Periodísticos.

Sugerencias

  • Géraldine Schwarz: “La espiral de pánico es peligrosa” (El País, 6.4.2020). La ensayista francoalemana se fija en lo que ocurre en Europa como institución y como territorio, en un momento delicado para la democracia y las libertades
  • Coronavirus: 10 medidas que la UE está tomando para combatir la pandemia (Nota Parlamento Europeo, 2.4.2020).
  • La hora de la filosofía, por Juan Arnau (El País, 1.4.2020).
  • Diez territorios en los que vamos a cambiar (El País, 30.3.2020). Algunos de los pronósticos derivados de esta crisis son que saldremos más miedosos, pero también más fuertes, solidarios y con otras prioridades y sentido de la sociedad
  • La tormenta perfecta de autoritarismo, por César Renduelles (El País, 29.3.2020). La crisis sanitaria amplía el poder policial en nuestras instituciones y normaliza el acoso social. Tenemos una patrulla ciudadana tras cada visillo. La España de los balcones es el país de los chivatos de terraza

lunes, 23 de marzo de 2020

Alarma, derechos y crisis sanitaria

Artículo publicado también en infoLibre.
Carteles del diseñador Mr. Zé
en tiempos de coronavirus.
Podría haberse titulado este artículo "Nueve lecciones del coronavirus", aprovechando que según se dice en medios digitales se premia este tipo de listados, pero hay que ser respetuoso con el lector incluso en época de crisis, los listados se fuerzan, se añaden puntos (se recomiendan impares o números redondos), a veces el argumento tiene dos patas o una, y otras, veinte.
El caso es que conviene extraer lecciones de lo que ocurre, cosa muy distinta a pontificar sobre lo que tendría que haber hecho otro hace quince días, cuando la información y las circunstancias eran diferentes. La economía se ha mostrado experta en hacer predicciones del pasado, ahora también los expertos en salud pública, profesionales y aficionados.
A una semana de la emergencia declarada como estado de alarma -las opiniones hay que fecharlas, en el mejor de los casos perduran, en el peor reflejan el momento- se pueden identificar algunas tendencias.

Incertidumbre
Lo inesperado forma parte ya de la normalidad. Desconocemos si el pasado fue tan estable y apacible como algunos lo ven por el retrovisor; tomando como ejemplo la llamada guerra fría, se construye hoy como el paraíso de la seguridad, lo que no resiste un pero: guerras por delegación, golpes de Estado inducidos, carrera de armamento desbocada con un coste ingente, peligro de extinción nuclear...
Hay que reconocer que cada cierto tiempo se producen hechos inesperados, llamémoslo cisne negro, riesgo sistémico o de otra forma.
No podemos vivir mentalmente en la excepción, pero cada diez años se estropea la lavadora y quien monta en bicicleta cada veinte salidas tiene que arreglar un pinchazo.
Sea o no inventada, la normalidad estable y previsible no va a volver nunca.
Como también conviene destacar que nunca hemos vivido con mayor seguridad que hoy, nunca el planeta ha tenido los niveles de educación, sanidad o desarrollo que en la actualidad.
Se puede estar mejor que antes y no del todo bien, pero el catastrófico y el victimismo permanente es mala estrategia de comunicación, y de actuación, ante la incertidumbre.

Globalización
La suma de las exportaciones e importaciones representan en España más del 60% del PIB; nuestro país recibió 83 millones de turistas en 2019, millones de españoles salen al extranjero por ocio o trabajo..., difícil pensar que la interdependencia globalizada vaya a desaparecer tras esta parálisis temporal.
Hemos descubierto recientemente que Apple no puede fabricar teléfonos informatizados sin componentes chinos.
Otra cosa es que los anglosajones impulsores hasta el momento de la globalización económica sin barreras, EEUU y Reino Unido, vivan momentos de repliegue nacional o hayan decidido ahora que protegen mejor sus intereses de otra manera, que suele ser en alianzas distintas, no en el aislamiento.
Habrá que pensar en otra globalización y en cómo gobernarla, no en su desaparición.

Eficacia / autoritarismo
Olvidamos derechos y libertades cuando alabamos la eficacia de regímenes autoritarios.
No existe contradicción entre democracia y eficacia, porque los derechos no dependen del acierto de los gobernantes.
Abunda cierta admiración incomprensible hacia Putin, Xi Jinping o Bolsonaro por su aparente firmeza.
En contra de lo que se dice de China Rusia, Turquía, Corea del Sur, no hay culturas incompatibles o ajenas a la democracia, al respeto de los derechos de los ciudadanos, pensemos en España en 1974 y en 1979.
Ni la seguridad ni la eficacia de las decisiones pueden hacernos prescindir de las personas a proteger y sus derechos.
Hay alternativas al populismo, la tecnocracia y el autoritarismo.

Público / privado
"Socialización de pérdidas, privatización de beneficios" puede ser una de las lecciones aprendidas de la Gran Recesión 2008/18; la deuda pública se sitúa en el 100% de todo lo que mueve económicamente el país en un año y se pagan unos intereses descomunales sin que baje el principal.
En buena parte de España, el presupuesto de la administración publica competente que son las Comunidades Autónomas para sanidad o educación es inferior al de antes de la Gran Recesión, más de una década perdida.
En caso de crisis, se mira siempre al Estado (que no es el Gobierno central, sino la suma de lo público), incluso por los defensores del liberalismo libertino: cuando los pequeños y grandes empresarios agrícolas reivindican en manifestación sus intereses -jornaleros no se han visto muchos, ni nacionales ni extranjeros-, reclaman proteccionismo estatal, ayudas públicas y precios intervenidos; los autónomos, con un protagonismo que parece que suman 47 millones, piden al mismo tiempo ayudas públicas -que existen y no se enteran o quieren enterar- y desaparición de impuestos.
A lo público y sus responsables se les pide si no ejemplaridad sí responsabilidad y rendición de cuentas, no a lo privado, exigencia aplicable desde la jefatura del Estado al último concejal de Tomelloso.

Higiene
No parece mal reacción desinfectar el Metro por las noches, hacerlo más frecuentemente de lo habitual o incrementar las medidas higiénicas individuales, ésta puede ser una de las lecciones de la crisis, aunque habrá que limpiar mucho para que brillen los héroes en esta tarea.
En el apartado de higiene también se puede incluir lo mal que ha resistido el estado de alarma los contenidos de ocio y  el info-entretenimiento mayoritario en nuestras pantallas, hasta Operación Triunfo ha cerrado la academia temporalmente.
En esta crisis no se ha disparado tanto la demanda de información como la necesidad de tener identificados medios e información de referencia, lo que vuelve a ser positivo para seguir desinflando el fantasma de la desinformación.
Otro fantasma, el del del terrorismo, ha provocado que nos obliguen a quitar el cinturón y los zapatos en el aeropuerto, y nos requisen el bote de gel; confiemos en que los virus no tengan un efecto secundario disparatado del estilo; que el procedimiento acabe olvidando el motivo que lo creó.

Inspección
Cuando lo público dejó de construir a finales del XX residencias de mayores, para asegurar el servicio mediante convenios con empresas privadas, la decisión ha podido implicar cierto abandono en su control.
Las contratas públicas sólo funcionan correctamente si el Estado conserva una capacidad de inspección potente. Ninguna de las inspecciones de trabajo, hacienda, sanitaria o de establecimientos turísticos tienen capacidad y medios para controlar esos sectores; y algunos de ellos no se pueden dejar a la buena voluntad del mercado.

Retórica militar
La excepcionalidad va unido a lo militar, sobre todo presente en el lenguaje, ya habitual en las crónicas deportivas y la lucha contra incendios, y ahora desbocado.
"En esta guerra irregular y rara todos somos soldados  (...). Demostremos que somos soldados cada uno en el puesto que no ha tocado vivir", palabra de JEMAD.
"Francia está en guerra", "el enemigo está ahí, invisible, esquivo, avanzando" (Macron); "este virus no nos vencerá" (Felipe VI). Aparecen héroes por ejercer su profesión o todos los que se laven a menudo las manos, los villanos serán quienes lleven las manos sucias.
El discurso se adorna con batallas, victorias y derrotas, aunque lo de identificar al enemigo con un virus no acaba de funcionar, recuerda más al personaje Sheldon J. Plankton de Bob Esponja (en la imagen) que a Normandía, donde por otra parte murieron más civiles franceses que militares aliados y del eje.
El despliegue de la Unidad Militar de Emergencias no equivale a la ocupación militar del territorio para controlar a la población y evitar en su caso pillajes, grupos descontrolados desvalijando tiendas de electrodomésticos, sino que aparentemente realizan labores de vigilancia y desinfección.
Sin duda fue un gran acierto crear allá por 2005 una unidad militar de emergencias, pero no esperemos de sus 4.000 integrantes la ocupación del país, ni por número ni sobre todo porque en democracia los militares no vigilan ni acechan al ciudadano.
Lo militar por disciplinado tiene apariencia de eficacia, y no siempre ocurre así; tan irracional es reconocerlo siempre como nunca; en emergencias sí tienen la capacidad, la formación, el equipo y la experiencia acreditada.
Pasando de la épica al lenguaje administrativo, el estado de alarma decretado el sábado 14 de marzo pretende mantener la normalidad ante circunstancias extraordinarias, acotando extensión territorial, temporal y medidas, sólo ampliables por el Congreso de los Diputados, porque además "no interrumpe el normal funcionamiento de los poderes constitucionales del Estado".
La ley orgánica de 1981 que regula estos asuntos diferencia entre estado de alarma, que no suspende derechos, y los de excepción y sitio, mucho más drásticos, en estos el Estado decide enseñar músculo hacia sus propios ciudadanos o vecinos.

Europa
Lo que llamamos Unión Europea es la suma de instituciones y organismos varios diseñados para una difícil y lenta negociación y alcanzar finalmente acuerdos, probablemente sin la rapidez que requieren los acontecimientos.
Cuando criticamos a "Europa" por no actuar ante la crisis de refugiados, la guerra civil en Libia, la ocupación colonial de Palestina o crisis sanitarias, todas políticas no comunes, es decir, competencia nacional, lo que subyace es que los países de Europa no se han puesto de acuerdo en mutualizar decisiones en ese campo, por tanto el ciudadano debiera pedir responsabilidades a su Gobierno estatal, no a Bruselas.
Cuando reclamamos un mayor protagonismo político y capacidad de actuación de Europa se deduce que apoyaríamos un mayor presupuesto de la UE, ahora en discusión para el periodo 2021/27, y no es así: muchos Gobiernos e individuos particulares se oponen a que el presupuesto de la UE supere el actual y rebase el 1% del PIB. Nada nuevo hará en el futuro la Unión Europea con un presupuesto a la baja, y si lo hace sera a costa de su actividad presente.

Saber técnico / decisión política
No podemos dejar en manos de los técnicos, expertos y especialistas la marcha de un país o de una comunidad, porque no es grupo monolítico (no están siempre de acuerdo, y tienen prejuicios e intereses como cualquiera), porque su saber es necesariamente parcial, profundo pero limitado, les falta perspectiva y visión de conjunto, y porque además no se han presentado a las elecciones y no tienen legitimidad para tomar el mando de la sociedad.
Por su parte, el poder político hace ya unas décadas que no puede prescindir del saber técnico para tomar decisiones, aquello de que aquí se llega aprendido sitúa al que lo dice y los muchos que lo piensan en el siglo XIX.
Se ha reunido en Moncloa el comité de situación contemplado en la Ley de Seguridad Nacional, con algún precedente en la crisis independentismo, al fin parece que se ha normalizado la activación del órgano contemplado en nuestro sistema de seguridad para monitorizar una crisis. Ahí se encuentran el conocimiento técnico y es el lugar donde engrasar la recopilación y el recorrido de los datos a la información, de ésta al conocimiento y de ahí a la inteligencia, siempre escasa, que puede ayudar al nivel político en lo toma de decisiones.

Fin del listado. Las dicotomías que abundan en esta columna, parejas de términos contrapuestos, no suelen explicar los problemas complejos, que requieren por definición soluciones y respuestas complejas.
Contra la incertidumbre sólo queda previsión de escenarios, normalmente trabajos de prospección financiados por el ámbito de la seguridad y de la economía, por lo que la predicción suele estar en línea con los intereses del patrono y el futuro aparece casi siempre amenazador, inseguro y fuerza al presente a tomar decisiones al tiempo multimillonarias y de recorte del ámbito de lo público, que es donde miramos cuando arrecia tormenta.
Esta crisis ha puesto de manifiesto la necesidad y rentabilidad de invertir desde lo público en análisis de medio y largo plazo y previsión.
¿Cómo quedará el mundo tras superar la crisis sanitaria de la enfermedad covid-19 provocada por un coronavirus a comienzos de 2020? En gran parte depende de nosotros, de nuestra capacidad de influencia ante los acontecimientos, de que se premien o castiguen ciertas actitudes, de que se acepten o no los excesos que sin duda se producirán en la respuesta a los virus.

Sugerencias


martes, 25 de febrero de 2020

Des récits soûlants


Les concurrents du programme Operación Triunfo 2020 (version espagnole du programme Star Academy), âgés de vingt ans, utilisent l'expression « sortir de la zone de confort » lorsqu'ils doivent se présenter devant une caméra. Qu'elle soit spontanée ou induite par l'équipe de scénaristes, dans les deux cas, elle refléterait le succès de certaines formules rhétoriques, des constatations apparentes qui s'étendent jusqu'au tout dernier coin.
Du chef de l'État à un adolescent, une grande partie des 47 millions d'habitants et une partie des 83 millions de touristes étrangers qui nous rendent visite utilisent peut-être l'expression en ce moment, sans s'arrêter à penser qu'on ne peut toujours pas entrer ou sortir de la zone de confort à volonté, ce qui est peut-être notre compétence et mieux vaut ne pas expérimenter, se réjouir du processus en tout cas des amateurs de coaching et de rhétorique.
Plus important encore, le phénomène le plus réussi de la dernière décennie a été l'imposition du récit comme mantra de la communication politique et commerciale : l'art de raconter des histoires. Ne nous fions pas aux faits, au pouvoir des faits, nous devons atteindre la tête à parti du cœur, a-t-on dit, et dans de nombreux cas, on a directement renoncé à la raison.  
Rien ne nous a été dit ces dernières années sans faire allusion aux sentiments. Le contenu rationnel est passé au second plan, même si la décision de faire appel au sentiment est très rationnelle.
Il y a dix ans, l'essayiste français - un expert en littérature - Christian Salmon a publié un livre intitulé ‘Storytelling. La machine à fabriquer les images et à formater les esprits’, une des références sur ce sujet, publié en Espagne avec un prologue d'un cadre supérieur d'une des principales agences de publicité. Il a été un publiciste à succès et l'auteur de l'extension de ce courant de narration venu des États-Unis dans les années 90, avec des antécédents glorieux.
Si, en ce début d'année 2020, le Premier ministre britannique Boris Johnson menace d'étouffer économiquement la BBC, le président américain Donald Trump accuse depuis quatre ans NBC, CNN, le New York Times et le Washington Post d'être les principaux distributeurs de fake news, et il faut rendre hommage à Richard Nixon pour avoir ouvert la voie avec la phrase « la presse est l'ennemi » un esprit adopté avec enthousiasme par cet acteur appelé Ronald Reagan. 
L'objectif était et est de fixer l'agenda, et depuis lors, nous avons assisté à une mise en scène, à des discours visant à modifier l'humeur des électeurs, à une campagne électorale permanente et à la construction narrative du message politique.
Avec cet objectif, il n'y avait pas et il n'y a pas de limites, toujours en parlant de ceux qui ont des scrupules limités. Rappelons que l'on attribue à Reagan la véritable invention de la soi-disant « queen welfare », la fiction racontée comme réelle d'une femme qui, accumulant de généreuses prestations sociales publiques, finit par acheter une Cadillac ; le même discours est répété quatre décennies plus tard en Espagne en référence aux immigrants plus âgés et plus jeunes. 
« Les anecdotes ont remplacé les statistiques dans le discours officiel ; et les fictions du président ont remplacé la réalité », se souvient Salmon qui est passé par un processus poursuivi par Bill Clinton ; qui a connu des pics difficiles à atteindre lors de l'invasion de l'Irak par Bush Jr. et qui a continué à mener à l'extrême Trump.
A ce stade, il est toujours intéressant de faire allusion à la convergence croissante entre Hollywood et le Pentagone, la guerre a fini par être un jeu vidéo, jamais pour les victimes ; des théâtres virtuels, des simulateurs de frégates, des sous-marins, des chasseurs et des hélicoptères sont organisés, les attaques reçues sont inventées et celles qui sont menées sont dissimulées. 
Le complexe militaro-industriel d'Eisenhower s'est transformé en un complexe militar-entertainment, reflété dans la fiction télévisée avec un nouveau sous-genre, le thriller de la sécurité nationale, où des séries comme Homeland, la normalisation d'un état permanent d'exception.
« Le président est l'auteur, le réalisateur et l'acteur principal d'une séquence politique qui dure toute la durée d'un mandat, dans le style des séries qui passionnent le monde comme 24 ou À la Maison-Blanche », ajoute Salmon. « La Maison Blanche, avec le bureau ovale en son cœur, est considérée comme une scène, le plateau où est tourné le film présidentiel ». 
À cette époque, à la fin du siècle, l'industrie du divertissement s'empare de la plupart des médias et des chaînes de télévision aux États-Unis. La fiction l'emporte sur la réalité (‘infotainment’), ce qui n'est pas mauvais pour le divertissement bien que si pour l'information ; et là où il y a une large zone frontalière, elle s'effondre de façon très distraite.
Nous avons été témoins de l'impact croissant des séries télévisées sur la vie quotidienne des Américains, a souligné Salmon, qui a fini par atteindre cette péninsule du sud de l'Europe avec des politologues recommandant des séries comme traités à étudier, la réalité chassant la fiction. 
Le livre de Salmon critiquait déjà le phénomène et les politiciens français il y a dix ans, « formatés par leurs conseillers experts en narration, ils ont contribué à discréditer la politique, à s'adresser aux individus en tant que public, à éviter l'adversaire, à échapper aux partis et à remplacer le débat public par la capture des émotions et des désirs ».
Tout a été une histoire, toute une narration, de là elle est passée naturellement aux faits alternatifs de Trump, à l'invention d'une réalité toujours reconnaissante d'un certain financement : en particulier, le président des États-Unis a lancé cette 2019 que nous venons de fermer 218 000 annonces sur Facebook pour un coût de 20 millions de dollars, avec une préférence pour les messages contre l'immigration et les attaques contre ses rivaux politiques. 
La clé est de savoir si le paysage de la communication change, la façon dont les entreprises, les institutions ou les hommes politiques cherchent à se connecter avec le citoyen, au-delà de cette conversation supposée facilitée par les médias et les réseaux numériques - nous pouvons tous être des expéditeurs de messages -, vraie en théorie et si difficile à trouver en pratique.
Peut-être l'art de raconter des histoires a-t-il été une autre victime de la véritable bonne décennie de la crise 2008/18, la Grande Récession, la fumée bien connue des entreprises qui a fini par avoir des conséquences matérielles et professionnelles ; l'histoire n'a pas non plus résisté à un cadre politique de coupes puis de gels budgétaires. 
La technique du comptage a pris le dessus sur ce qui est compté et est devenue une fin en soi, même si certains signes indiquent que nous sortons de l'ère du récit.
Récemment, un Bureau national pour la prospective et la stratégie à long terme du pays a été créé dans le cadre de la présidence espagnole du gouvernement, qui s'inscrit à nouveau dans la narration avec un nom aussi long, mais dont le contenu éveille l'espoir dans sa tâche prévue d' « analyser systématiquement les preuves empiriques disponibles pour identifier les éventuels défis et opportunités démographiques, économiques, géopolitiques, environnementaux, sociaux ou éducatifs auxquels l'Espagne devra faire face à moyen et long terme, et pour aider le pays à s'y préparer ».
Le moment a changé, tout comme la citoyenneté, tout comme l'atmosphère dans laquelle toute initiative de communication fonctionne, et bien que la mode de l'histoire soit toujours aussi forte, tout semble différent, et puis quand on détecte à nouveau l'histoire vide, on se retrouve avec le même visage que quand on entend un jeune concurrent d’Operación Triunfo parler de la zone de confort : surprise initiale minimum et néant après trois secondes. 
Le même Christian Salmon du storytelling en 2007 vient de publier ce 2019 un nouvel ouvrage intitulé ‘L'ère de la confrontation. De la narration à l'absence de narration’. 
Salmon dit aujourd'hui que tant d'histoires et de récits ont discrédité la parole publique, et que maintenant la conquête de l'attention, comme celle du pouvoir, est basée sur la confrontation.
Nous certifions ici la mort de l'histoire, même si elle est en risque, à savoir le parcours des phénomènes contemporains dans le style de la campagne électorale permanente, la simplification des messages, le personnalisme dans la communication, la lutte théâtrale pour obtenir une place minimum dans l'espace médiatique saturé. 
On ne peut pas s'attendre aux mêmes résultats en utilisant les mêmes instruments à des moments différents, et quelque chose indique que le destinataire de la communication a une autre perspective en tournant les pages du calendrier, et surtout qu'il a le sentiment que son histoire a tellement changé.

Texte original en espagnol. Traduction gracieuseté du magazine Atalayar.

sábado, 22 de febrero de 2020

Empacho de relato

Los veinteañeros concursantes de Operación Triunfo 2020 utilizan la expresión "salir de la zona de confort" cuando tienen que presentarse a sí mismos ante una cámara. Sea espontáneo o inducido por el equipo de guionistas, reflejaría en ambos casos el éxito de ciertas fórmulas retóricas, aparentes hallazgos que se van extendiendo hasta el último rincón.
Desde el jefe del Estado a un adolescente, muchos de los 47 millones de habitantes y algunos de los 83 millones de turistas extranjeros que nos visitan pueden estar utilizando ahora mismo la expresión, sin pararse a pensar en que de la zona de confort igual no se puede salir ni entrar a voluntad, que quizá sea donde somos competentes y mejor no hacer experimentos, para regocijo el proceso en cualquier caso de amantes del coaching y de la retórica.
De mucho mayor calado, el fenómeno más exitoso de la última década ha sido la imposición del relato como mantra de la comunicación política y empresarial: el arte de contar historias. Desconfiemos del dato, de la fuerza de los hechos, hay que llegar a la cabeza a través del corazón, se venía a decir, y en muchos casos se ha prescindido directamente de la razón.
Nada se nos ha contado en los últimos años sin aludir al sentimiento. El contenido racional ha pasado a segundo plano, aunque sea muy racional la decisión de apelar al sentimiento.
Hace una década, el ensayista francés -experto en literatura- Christian Salmon publicó un libro titulado "Storytelling. la máquina de fabricar historias y formatear las mentes", una de las referencias sobre este tema, publicado en España con prólogo de un alto ejecutivo de una de las principales agencias de publicidad.
Situaban con acierto publicista y autor la extensión de esta moda del storytelling a partir de los EEUU de los noventa, con antecedentes gloriosos.
Si en este comienzo de 2020 el primer ministro británico Boris Johnson amenaza con asfixiar económicamente a la BBC; desde hace cuatro años el presidente de EEUU Donald Trump acusa a NBC, CNN, The New York Times y The Washington Post de ser los principales difusores de fake news; y hay que reconocer a Richard Nixon el mérito de abrir el camino con la frase "la prensa es el enemigo", espíritu recogido con entusiasmo por aquel actor llamado Ronald Reagan.
El objetivo era y es marcar la agenda, y desde aquella época asistimos a una puesta en escena, los discursos dirigidos a alterar el estado de ánimo de los electores, a una campaña electoral permanente y a la construcción narrativa del mensaje político.
Con ese objetivo ni hubo ni hay límites, hablando siempre de quienes tienen los escrúpulos limitados. Recordemos que al citado Reagan se le atribuye la invención cierta de la llamada "reina del bienestar" (queen welfare), la ficción contada como real de una mujer que acumulando generosas ayudas sociales públicas acabó comprándose un Cadillac; el mismo discurso se repite cuatro décadas después en España referido a inmigrantes mayores y menores.
"Las anécdotas sustituyeron a las estadísticas en el discurso oficial; y las ficciones del presidente a la realidad", recuerda Salmon recorriendo un proceso continuado por Bill Clinton; que tuvo picos difíciles de alcanzar durante la invasión de Irak por Bush Jr y ha llevado al extremo continuado Trump.
En este punto siempre es de interés aludir a la creciente convergencia entre Hollywood y el Pentágono, la guerra ha acabado siendo un videojuego, nunca para las víctimas; se organizan teatros virtuales, simuladores de fragatas, submarinos, cazas y helicópteros, se inventan ataques recibidos y se disimulan los realizados.
El complejo militar-industrial de Eisenhower convertido en complejo militar-entertainment, con reflejo en la ficción televisiva con un nuevo subgénero, el thriller de seguridad nacional, donde series como Homeland, la normalización de un estado de excepción permanente.
"El presidente es el guionista, el realizador y el principal actor de una secuencia política que dura el tiempo de un mandato, al estilo de las series que apasionan al mundo como 24 o El ala oeste de la Casa Blanca", añade Salmon. "La Casa Blanca, con el despacho oval en su corazón, se considera un escenario, el plató donde se rueda la película de la presidencia".
Por aquella época de finales de siglo la industria del entretenimiento se hace con la mayoría de los medios de comunicación y las televisiones de EEUU, la ficción se impone sobre la realidad (infotainment), que no es nada malo para entretenerse aunque sí para informarse; y donde existe una amplia zona fronteriza donde cae mucho despistado.
Hemos asistido al creciente impacto de las series de televisión en la vida cotidiana de los norteamericanos, señalaba Salmon, lo que ha acabado llegando a esta península del sur de Europa con politólogos recomendando series como tratados a estudiar, la realidad persiguiendo a la ficción.
El libro de Salmon ya era crítico con el fenómeno y con los políticos franceses de hace una década, "formateados por sus asesores expertos en storytelling, han contribuido a desprestigiar la política, al dirigirse a los individuos como a una audiencia, al evitar al adversario, al eludir a los partidos, han sustituido el debate público por la captación de las emociones y los deseos".
Todo ha sido relato, todo narrativa, de ahí se ha pasado naturalmente a los hechos alternativos de Trump, a la invención de una realidad que siempre agradece cierta financiación: en concreto, el presidente de EEUU lanzó este 2019 que acabamos de cerrar 218.000 anuncios en Facebook con un coste de 20 millones de dólares, con preferencia hacia los mensajes contra la inmigración y ataques a sus rivales políticos.
La clave es si el panorama de la comunicación está cambiando, la forma en que empresas, instituciones o políticos buscan conectar con el ciudadano, más allá de esa supuesta conversación que facilitan los medios y redes digitales -todos podemos ser emisores de mensajes-, cierto en la teoría y tan difícil de encontrar en la práctica.
Puede que el arte de contar historias haya sido otra de las víctimas de la bien real década de crisis 2008/18, la Gran Recesión, el humo empresarial muy bien contado acabó teniendo consecuencias materiales y laborales; el relato tampoco ha aguantado un marco político de recortes y luego congelación presupuestaria.
La técnica de contar se ha adueñado de lo que se cuenta y se ha convertido en un fin, aunque se acumulan indicios que apuntan a que estamos saliendo de la era del relato.
Recientemente se ha creado en la presidencia del Gobierno español una llamada Oficina Nacional de Prospectiva y Estrategia de País a Largo Plazo, que vuelve a caer en la narrativa con tan largo nombre, pero cuyo contenido despierta esperanzas en su tarea prevista de "analizar de manera sistemática la evidencia empírica disponible para identificar los posibles retos y oportunidades demográficos, económicos, geopolíticos, medioambientales, sociales o educativos que España tendrá que afrontar en el medio y largo plazo, y de ayudar al país a prepararse ante ellos".
Ha cambiado el momento, la ciudadanía, el ambiente en el que opera cualquier iniciativa de comunicación, y aunque la moda del relato sigue campando a sus anchas, todo parece distinto, y entonces cuando uno detecta una vez más el relato vacío se le queda la misma cara que cuando escucha a un joven concursante de Operación Triunfo hablar de la zona de confort: sorpresa mínima inicial y la nada pasados tres segundos.
El mismo Christian Salmon del storytelling en 2007 acaba de publicar este 2019 una nueva obra titulada "La era del enfrentamiento. Del storytelling a la ausencia de relato".
Dice hoy Salmon que tanto relato y tanto contar historias ha supuesto el descrédito de la palabra pública, y ahora la conquista de la atención, al igual que la del poder, se basa en el enfrentamiento.
Certificamos aquí la muerte del relato, aunque colee, a saber el recorrido de fenómenos coetáneos del estilo de la campaña electoral permanente, la simplificación de los mensajes, el personalismo en la comunicación, la lucha teatral por conseguir un mínimo hueco en el saturado espacio mediático.
No se pueden esperar los mismos resultados utilizando los mismos instrumentos en momentos diferentes, y algo indica que el receptor de la comunicación tiene otra perspectiva pasando las páginas del calendario, y sobre todo siente que le ha cambiado tanto relato.

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