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martes, 31 de octubre de 2017

Terrorismo incendiario (verbal)

Columna de opinión publicada también en Estrella Digital.
Con la rapidez con la que se esfuma el interés informativo y se camuflan las últimas novedades de Gürtel arrasaron a mediados de octubre más de 130 incendios devastadores en Galicia, con el agravante de que amenazaron zonas urbanas y especialmente la ciudad de Vigo.
En dos días ardieron 35.000 hectáreas, la mitad de toda la superficie quemada en España en 2016; el peor balance es la cifra de cuatro muertos.
Se sucedieron declaraciones campanudas y hasta la publicidad institucional de la Xunta habló de "terrorismo incendiario". Fuera de los contenidos pagados, el propio presidente Núñez Feijóo reconoció que durante 12 horas la situación estuvo fuera de control, que son muchas horas de descontrol.
Feijóo: "Galicia no arde, a Galicia la queman. Son terroristas". Añadió como segunda causa los fuegos que entraban desde Portugal, donde se produjeron 40 muertos y su Gobierno acaba de hacer frente a una moción de censura.
Habría que recordar aquí la indefinición internacional de terrorismo, el de Estado es difícil de encajar.
Los diccionarios dan pistas: para utilizar la etiqueta son necesarios organización criminal identificada, objetivos políticos y aterrorizar a la población como medio para acercarse al anterior. No se cumple ninguno de los tres.
Desde la fiscalía de Medio Ambiente de Galicia se reconoce que no han encontrado en años de investigación trama alguna de criminalidad organizada ni con objetivos políticos detrás de las llamas.
Dicen los expertos en el asunto que causas hay muchas y la explicación es mayoritariamente local, localizada, municipal, individual.
"Terrorismo incendiario homicida".
El resultado de la actuación policial en las semanas siguientes a los incendios ha sido de dos detenidos: un varón en Orense, se dice que ecologista, por provocar un incendio al asar unos chorizos; y una anciana en Pontevedra que quemó un rastrojo y una de las hectáreas de las 35.000 achicharradas.
Cuentan los que se dedican profesionalmente a analizar este asunto que para que se produzca un incendio se tienen que dar tres elementos: alguien que prenda la llama, combustible y unas determinadas condiciones meteorológicas.
Estas últimas fueron las peores imaginables: temperaturas por encima de los 30 grados y la cola de un huracán que excepcionalmente se acercó a la península y provocó vientos inusualmente fuertes. Aquí entra en juego la predicción meteorológica, que no es infalible pero se conoce unos días antes.
Sobre el combustible, depende del cuidado a la baja de los bosques, la escasez de ovejas y ganado ramonenando, el despoblamiento rural; y en los casos de explotación maderera se cuestiona el monocultivo de eucaliptos.
Queda quién prende la llama. El periódico digital infoLibre publica a partir de datos de Instituciones Penitenciarias que hay once personas en las cárceles españolas por delitos relacionados con incendios, la mitad condenados y el resto preventivos.
Rajoy y Feijóo, entonces en la oposición, explorando en
2006 los límites de la comunicación política.
El Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente informa de que en 2016 se produjeron en España 8.817 incendios, de ellos 2.338 mayores de una hectárea.
Según la Memoria de la Fiscalía en 2016 se investigaron 486 incendios forestales y se detuvo a 51 personas. Los juicios celebrados sobre incendios ofrecieron 151 sentencias condenatorias y nada se dice de personas condenadas, que en cualquier caso no acabaron en la cárcel viendo el número de presos por este motivo.
Se menciona que la Guardia Civil y la Universidad Autónoma de Madrid llevan una década investigando el perfil de las personas que provocan incendios, sin ninguna conclusión rotunda que si existiera hubiera sido aireada para la ocasión.
La causa más frecuente de incendios forestales en España continúa siendo las quemas, tanto de residuos y restos forestales o agrícolas como regeneraciones de pasto, en más de la mitad de los casos.
Las declaraciones del presidente de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, hablando de "terrorismo incendiario", hay que tomarlas en sentido figurado, una respuesta emocional a las llamas, aunque deberían tener consecuencias.
Se recuerda estos días la fotografía de Feijóo en la oposición en 2006, en compañía de Rajoy, con una manguera de jardín apagando el fuego que había encendido previamente al culpar a gobiernos de izquierda de negligencia forestal: "con nosotros no moría gente en los incendios, y con ellos, cuatro personas".
Un biólogo apuntaba estos días que la explotación económica de los bosques es rentable porque los incendios los pagamos entre todos, con dinero público. Añado, igual que las nucleares, en cuyos costes no se incluye el riesgo de accidente (la póliza del seguro), el desmantelamiento de centrales obsoletas y la gestión de residuos durante cientos de años.
Por tanto, si los incendios están relacionados con la política forestal, la Xunta de Galicia y el Ministerio de Agricultura tienen que dar explicaciones.
Si por el contrario en este 2017, a diferencia de años anteriores, la causa primera del monte quemado es la delincuencia organizada con fines o no políticos, el Ministerio del Interior tiene que dar explicaciones.
El terrorismo se ha convertido en la excusa perfecta para eludir la responsabilidad política. La primera explicación de cualquier accidente aéreo es el terrorismo, lo que ahorra problemas e indemnizaciones a fabricantes y operadores.
El supuesto terrorismo incendiario debería acompañarse de una estrategia de seguridad, detenidos, pruebas, condenados.
Hay que reconocer en los últimos años la patente mejora de los medios de extinción, con la muy criticada en su origen Unidad Militar de Emergencias. Parece el momento de cambiar el foco del final al inicio, atender también al proceso de radicalización de las plantas.
En esto los incendios sí comparten con el terrorismo el trabajo pendiente. Cuando el peligro acecha hay que apagarlo, pero en su origen hay mucho que hacer, en la raíz.
Y la mayor parte de las radicalizaciones comienzan con la palabra.

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viernes, 25 de julio de 2014

Incendios: más medios, pocos pirómanos

  • El Informe Anual de Seguridad Nacional concluye que de los 2.778 incendios investigados en 2013, únicamente 102 tuvieron origen intencionado
  • Con su capacidad NRBQ, la UME alcanza este año la operatividad completa


Carlos Penedo. Artículo publicado originalmente en Estrella Digital.
Cogolludo (Guadalajara) es el último nombre asociado a la devastación de las llamas en España, que se moviliza todos los veranos contra la primera catástrofe de origen natural. Los medios van mejorando año a año y, para los más graves, destaca la Unidad Militar de Emergencias, que alcanzará este año su operatividad completa más allá de la ya total contra el fuego. Del análisis
de los incendios de 2013 sorprende que el origen intencionado y los actos vandálicos se encuentran en una mínima proporción de los casos.
A pesar de las más de 3.000 hectáreas afectadas en Guadalajara en los últimos días, el inicio del verano con unas temperaturas más suaves de lo normal ha tenido un efecto directo y positivo sobre el balance de este año hasta el 13 de julio: según datos del Ministerio de Agricultura, desde comienzos de 2014 la incidencia de las llamas ha caído en torno al 25% en comparación con la media de la década. Las cifras dicen que se han producido hasta mediados de julio 6.100 incendios, de ellos sólo cuatro afectando a más de 500 hectáreas, y se han quemado 29.000 hectáreas, cifras todas inferiores a la media de los últimos años (7.900 incendios –seis grandes- y 41.000 hectáreas afectadas de todo tipo de superficies, no sólo forestales, datos hasta mitad de julio).
A lo largo de todo el año 2013 se quemaron en España 59.000 hectáreas y del ejercicio destacaron 16 grandes incendios de los que diez se produjeron en el noroeste peninsular.
En los incendios más graves, a petición de la Comunidad Autónoma y coordinado por el Ministerio del Interior, acude la Unidad Militar de Emergencias –UME-, el principal instrumento del Estado contra este tipo de catástrofes.
Además de las condiciones meteorológicas, la propia existencia de la UME y su actuación es una de las principales novedades de la lucha contra el fuego, Unidad por ejemplo que no existía cuando hace nueve años, en otro incendio también en Guadalajara –Riba de Saelices- murieron 11 integrantes de un retén.
Desde su nacimiento en 2005 la Unidad Militar de Emergencias ha realizado 265 intervenciones -85% en incendios- y ha dejado atrás cualquier duda sobre su utilidad y las reservas con las que fue recibida por gran parte del colectivo militar, también por algunas fuerzas políticas.
Este año pone a disposición del Estado 1.500 militares de actuación directa y otros 1.500 de apoyo logístico que se movilizan desde sus cinco bases permanentes –Madrid, Valencia, Zaragoza, León y Morón (Sevilla). De este último lugar dependen efectivos desplegados en Canarias y de Valencia, en Baleares.
“Fuimos pioneros en la extensión de las Fuerzas Armadas a otros campos de la seguridad”, afirma el teniente general Muro en un reciente encuentro con la prensa, una “nueva visión” que extiende las capacidades militares más allá de los conflictos bélicos y acercan a las FAS a la sociedad y al campo más amplio de la seguridad. El responsable de la UME destaca el interés que la Unidad ha despertado y la estrecha relación que se mantiene con todos nuestros vecinos (Francia, Portugal y Marruecos) y especialmente con países latinoamericanos como Ecuador, Brasil, Colombia, Chile o México, que tienen en marcha iniciativas similares o lo quieren implantar.
Una de las novedades de la UME en la actual campaña de incendios es la capacidad de actuación nocturna, horas en las que por razones de seguridad tradicionalmente se interrumpían los medios aéreos o su actuación era poco efectiva por la altura obligada de las intervenciones. En concreto, la Unidad ha puesto en marcha este año una unidad móvil de operaciones nocturnas desde helicópteros con la capacidad de ubicar contenedores de agua y el personal para operarlos en tierra. Además en estos días la UME tiene previsto comenzar a utilizar micro drones, pequeños aviones sin piloto para la vigilancia de la zona de la catástrofe.
En relación con los incendios, el Informe Anual de Seguridad Nacional 2013, recientemente presentado en el Congreso por el director del Gabinete de la Presidencia del Gobierno, Jorge Moragas, ofrece datos de interés que en algunos casos destrozan tópicos de generosa circulación.
Dice el informe, sobre las causas de los incendios, que en 2013 las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado participaron en la investigación de 2.778 incendios, de los que únicamente 102 tuvieron origen intencionado. De ellos, 20 se debieron a conflictos cinegéticos –caza-, agrícolas y ganaderos; tres al descontento por la declaración de espacios protegidos; 21 a la quema de rastrojos; 49 a problemas psiquiátricos de los incendiarios; y nueve a actos vandálicos, causa esta última que repiten responsables políticos y medios de comunicación como origen casi exclusivo cada vez que aparece una llama en el monte.
Volviendo a la Unidad Militar de Emergencia, su responsable destaca que ha mantenido e incluso incrementado la operatividad en los últimos años, circunstancia que no se ha producido en otras unidades militares a causa de las restricciones presupuestarias.
El general Muro anuncia que a lo largo de este año la UME alcanzará la operatividad completa por los avances en la última de las capacidades pendientes, conocida como NRBQ –nuclear, radiológico, biológico y químico-. El personal ya está formado y únicamente queda por recibir algo del material que especializa la UME también en la respuesta ante emergencias en centrales nucleares y polígonos industriales con riesgo químico.
Cuando se cumple un año, el 24 de julio de 2013, del accidente de un tren Alvia en Angrois (La Coruña), cerca de Santiago de Compostela, en el que perecieron 79 personas y 146 resultaron heridas, la UME se encuentra instalando en sus dependencias de la base aérea de Torrejón (Madrid) un campo de catástrofes donde en breve podrán entrenar sus equipos y especializarse en accidentes ferroviarios y aéreos, intensificando la colaboración que ya hoy mantienen con ADIF y AENA.


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