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lunes, 30 de octubre de 2023

Gaza 'mon amour'

Octubre de 2023 marca un nuevo episodio de violencia generalizada en Israel-Palestina a partir de un ataque sorpresivo y criminal de Hamás contra población civil (y militar) israelí desde Gaza y una respuesta brutal por parte del ejército israelí que continúa tres semanas después del origen, con un millar de víctimas israelíes y siete veces más palestinas.
La explosión de violencia genera condenas, posicionamiento; pero en un marco más general provoca una demanda de información y explicación. Comparto unos apuntes previos sobre el conflicto, un par de películas sobre Gaza y un intento de arrojar algo de luz sobre cinco ámbitos: momento, colonialismo, terrorismo, instrumento militar y futuro.
Es conveniente analizar el día antes de la explosión y el día después a que callen las armas, y una declaración de principios que publicaba la periodista Ana Iris Simón recientemente en El País: “Ninguna causa es lo suficientemente justa como para asesinar un solo niño en su nombre, ni siquiera vengar la muerte de otros niños”.
Como acotaciones muy generales cabe en primer lugar llamar la atención sobre la densidad de acontecimientos y lo reducido del espacio, condiciones histórico-físicas que incrementan los intercambios, la complejidad y la incertidumbre. La Palestina histórica equivale en kilómetros cuadrados a la provincia de Badajoz, y siempre es interesante recordar que los territorios ocupados y admitidos por los palestinos para un hipotético Estado suponen el 22% de esa superficie.
Cabría decir también al comienzo de este artículo que no se trata de un conflicto eterno, irresoluble, bíblico, incomprensible, interpretación que genera hastío y aleja de cualquier intento de comprensión del fenómeno. Se trata por contra de un conflicto eminentemente político, fácilmente acotable su recorrido en el tiempo -nada empezó el 7 de octubre- con una fecha clave marcada por la llamada Declaración Balfour de 1917, por la que Gran Bretaña se comprometió a facilitar la instalación del hogar nacional judío en Palestina. El conflicto es abordable porque nos resulta cercano y familiar en su origen, muy europeo, a partir de actuaciones e ideología como la ocupación colonial de un territorio y el nacionalismo.
El conflicto palestino-israelí no es religioso (existen palestinos de las tres religiones monoteístas e incluso ateos), no es una guerra entre Estados. El conflicto afecta directamente a unos 12 millones tanto de judíos como otros tantos palestinos -las dos comunidades están igualadas en número-, la mitad de ellos residentes en la Palestina histórica y la otra mitad en el exterior, llámese exilio, emigración o diáspora.
Como última acotación previa, y los sucesos de octubre lo confirman, nos encontramos ante un escenario dinámico, lo que implica que la visión o planteamiento de hace cincuenta años probablemente no sirva para el presente. A lo largo ya de más de un siglo se han tomado cientos de decisiones políticas que han provocado la situación actual, esas decisiones podían haber sido otras.

Ficción

La primera reacción personal en caliente fue buscar papel escrito en la estantería, pero antes... en el televisor. Desde estas plataformas de contenidos sin fondo ni bibliotecario a las que tenemos acceso desde el sofá aparecieron dos películas de ficción:
  • ‘Un fin de semana en Gaza’. Reino Unido, 2022. Argumento: un periodista británico (y su pareja israelí) intenta escapar de Israel después de que la ONU imponga restricciones al tráfico aéreo y marítimo debido a la propagación de un virus. Gaza se convierte en el lugar más seguro de la región. Acabarán saliendo por Ráfah hacia Egipto.
  • ‘Gaza mon amour’. Coproducción Palestina-Francia-Alemania-Portugal-Qátar, 2020. Argumento: Gaza, hoy. Issa, un pescador de sesenta años, está secretamente enamorado de Siham, una mujer que trabaja en el mercado con su hija Leila. El descubrimiento de una antigua estatua de Apolo en sus redes de pesca cambiará su vida para siempre. Curiosamente, su confianza comienza a crecer y finalmente decide acercarse a Siham.
No es buena idea acudir a la ficción para encontrar análisis y explicación al conflicto israelo-palestino, aunque estas dos películas revelan algunos puntos de interés, como que hace un par de años se podían situar comedias en Gaza (resultaría impensable una comedia localizada hoy en Ucrania), síntoma evidente de una ocupación normalizada, estaba asumida su precariedad, sus dos millones de habitantes enjaulados. Choca la violencia informativa actual y la cotidianidad del cine, donde asoman muchos policías palestinos, la obsesión por los papeles, puetos de control, cortes de luz y personas. Lo más sorprendente es compartir vivencias familiares, amorosas, picaresca incluso, con palestinos e israelíes de protagonistas. La normalidad informativa es bien distinta, los palestinos aparecen siempre muriendo, gritando o rezando; la deshumanización del adversario es criterio básico en cualquier conflicto. La cultura puede ser también un instrumento de conocimiento y muchas veces de propaganda -no en las películas referidas-, Paul Newman e Ingrid Bergman han hecho más desde la gran y pequeña pantalla por la causa sionista que algunas campañas militares.
A continuación cinco acercamientos al conflicto con el objetivo de entenderlo algo mejor.

1 - Realidad - Momento

La explosión de violencia en Israel-Palestina de este otoño de 2023 se produce en el año en que se cumplen 75 del nacimiento del Estado de Israel y los palestinos denominan Nakba (catástrofe en árabe), referido en este caso a un proceso de limpieza étnica más amplio y los efectos de 1948.
Asimismo se cumplen 30 años de la firma de los Acuerdos de Oslo en 1993, hasta el momento el intento más serio de encontrar una salida al conflicto, si bien bajo unas premisas que han derivado en un punto muerto. Oslo establecía el principio de dos Estados vecinos, pero marcaba un proceso, no un punto final, que debía avanzar y no lo hizo, y dejaba para una fase última el acuerdo nunca alcanzado sobre Jerusalén, fronteras, seguridad, soberanía y retorno de ciudadanos expulsados del territorio.
Los acontecimientos de octubre de 2023 se producen en uno de los años más violentos de los últimos lustros (250 palestinos muertos violentamente hasta el día anterior al ataque de Hamás).
La realidad geopolítica era que Palestina y los palestinos habían desaparecido de la agenda como problema internacional urgente de resolver, mientras que los análisis se centraban en el aparente próximo acuerdo entre Israel y Arabia Saudí, en el marco de unos acuerdos de Abraham con los que Israel pretendía estrechar relaciones con los países árabes (conseguido con Emiratos, Bahréin, Sudán y Marruecos) y suponían en esencia solucionar el problema palestino con alguna inversión y sin contar con los palestinos. Nadie ha recordado en las últimas semanas que Arabia Saudí e Irán restablecieron relaciones diplomáticas en el cercano mes de marzo con la mediación de China, movimiento sorprendente en la región que muestra actores y acercamientos no previstos.
Muchos factores pueden definir el momento previo a la última explosión de violencia, como las crecientes provocaciones en la explanada de las mezquitas de Jerusalén por parte de extremistas judíos, lugar de simbolismo extremo como tercer lugar santo del Islam; origen de la segunda intifada en 2000 tras sucesos similares; la cúpula de la Roca figura en el logo de Hamás y en la pared de la mitad de los hogares palestinos.
Añadamos al momento la previsible anexión ilegal de Cisjordania por parte del Estado israelí (como ya ha hecho con Jerusalén y los Altos del Golán);  y las divisiones de un liderazgo palestino desacreditado, lo que abre la sucesión no lejana de Mahmud Abbás.
En octubre de 2023 se produce un distanciamiento creciente y preocupante entre la dirección política y los ciudadanos en los territorios palestinos ocupados, también en Israel (manifestaciones multitudinarias desde enero), en los países árabes vecinos y no tan vecinos.
Finalicemos este apartado con la próxima convocatoria de elecciones en 2024 tanto al Parlamento Europeo como a la presidencia de Estados Unidos, lo que explica visitas recientes, apoyos incondicionales y el movimiento de varios actores en el desarrollo próximo del conflicto.

2 - Colonialismo

No es posible entender el conflicto israelo-palestino sin tener presente que en su origen y desarrollo, hasta el día de hoy, es un fenómeno colonial, con todos sus ingredientes: existen colonizadores, colonizados y colonos, de estos últimos hasta 750.000, con un comportamiento extremo. Existen ocupantes y ocupados. Existen presos sin cargos y presos con cargos. Existen detenidos menores de edad bajo jurisdicción militar y no detenidos. Existen agresores y agredidos. Existe la vieja fórmula de fragmentar al colonizado geográfica y jurídicamente.
El proceso es claro, y por supuesto tiene sus peculiaridades, una no menor es que llegó tarde, al menos cien años: en 1947 el Reino Unido se retira de la India, y ese mismo año se aprueba en Naciones Unidas la resolución 181 que establece un Estado judío y otro Estado palestino en la superficie del mandato británico.
Convengamos que en el siglo XIX poca gente conocía lo que hacía el rey de los belgas Leopoldo sobre los congoleños, y a nadie le importaba, circunstancias de conocimiento e interés que han ido cambiando a lo largo del siglo XX y del siglo XXI. Imposible imponer una realidad colonial en una época poscolonial, y eso se ha ido intentando en Palestina por el proyecto colonial sionista primero apoyado por la primera potencia mundial que era el Reino Unido; y luego a partir de los años sesenta por la primera potencia mundial que era y sigue siendo Estados Unidos.
Añadamos a las peculiaridades que se trata de un tipo específico de experiencia colonial conocido y estudiado como colonialismo de asentamiento, de raíz británica, que pretende en último término expulsar o aniquilar al colonizado, con referencias históricas reconocibles en EEUU, Canadá, Australia o Nueva Zelanda. 
Finalicemos este epígrafe con la obviedad de que en todas las experiencias coloniales el colonizado se acaba rebelando contra el colonizador; y no menos importante, que el colonialismo acaba pasando factura al colonizador, en forma de militarismo, degradación del Estado, extensión de la violencia y reducción de derechos ciudadanos.

3- Terrorismo

No existe una definición internacionalmente aceptada y vinculante del término terrorismo, en tratados y análisis se impone la interpretación de parte y sorprende la ausencia clamorosa del terrorismo de Estado.

En cualquier caso el terrorismo se reconoce, definámoslo informalmente como una táctica, no una ideología, caracterizada por el uso de la violencia física contra civiles para conseguir objetivos políticos y tiene siempre una organización detrás, este invento de los 'lobos solitarios' (de distinto tratamiento aparezcan en Haro o Algeciras) está cogido con alfileres.

Identificamos sin duda como una acción terrorista el ataque de Hamás del 7 de octubre, cumple la definición, asesinato de civiles israelíes; y los mismos ingredientes y catalogación podríamos aplicar al atentado por milicia sionista en 1947 al cuartel general británico en el hotel King David de Jerusalén, con un centenar de muertos; a las actividades del Frente de Liberación Nacional Argelino en los cincuenta y sesenta y también a la represión francesa del independentismo argelino; violencia física contra civiles para conseguir objetivos políticos es la respuesta israelí al ataque de Hamás.

En cuanto a actores terroristas, digamos que Hamás es un agente relativamente reciente en este conflicto, surge a finales de los 80 al calor de la primera intifada, y se enmarca en un fenómeno del máximo interés como es el fracaso, por méritos propios e inducidos por terceros, del nacionalismo árabe laico de mitad del siglo pasado y su sustitución por un islamismo en ocasiones radicalizado.

Al margen del terrorismo, recordemos que desde Estados Unidos y Europa se ha hecho también todo lo posible para forzar el fracaso de cualquier experiencia política islamista no radical; y también que los actuales dirigentes por ejemplo en Túnez o Egipto han implantado unas dictaduras más represivas que los regímenes democráticos previos gobernados aunque fuera difícilmente por partidos islamistas.

Parece además claro que si el problema de seguridad de Israel es el terrorismo, en ningún caso este tipo de violencia se combate con cazas, bombardeos aéreos y carros de combate, cortes de alimentos y electricidad de millones de civiles, sino con inteligencia (en su doble sentido) y fuerzas policiales.

Apuntemos también que Hamás es un acrónimo cuya letra eme corresponde a la palabra árabe que significa 'resistencia', y este carácter de rebelión contra el ocupante lo comparte con Hezbolá, nacido y crecido contra la invasión por Israel del sur del Líbano durante dos décadas, nada que ver con otros grupos como Al Qaeda o el Estado Islámico. Se trata los primeros de dos movimientos políticos nacidos en el territorio, por palestinos en el caso de Hamás y no solo de Gaza, arraigados además por la vertiente social de este movimiento, en el marco de una estructura estatal inexistente, prestando servicios sociales y educación a una población desasistida.

Digamos finalmente que la fortaleza de Hamás es directamente proporcional al fracaso del proceso de paz de Oslo y el desprestigio de la mini Autoridad Palestina.

Y concluyamos recordando aquel gran avance político de la sociedad española al afrontar el terrorismo independentista cuando se popularizó aquello de "Vascos sí, ETA no"; con ese mismo espíritu podríamos hoy decir "Palestinos sí, Hamás no", "Judíos sí, Natanyahu no, colonialismo no". El antisionismo no es antisemitismo.

4 – Instrumento militar

Israel no cabe duda de que tiene la capacidad militar suficiente, y la impunidad internacional reconocida, para prolongar el conflicto unas décadas más e incluso para expulsar a un millón de palestinos al Sinaí, limpieza étnica como la ya ocurrida en 1947/48, aunque el foco mediático y la época en la que vivimos quizá no lo permitiría como en el pasado.

Lo relevante aquí es que Israel no afronta ninguna amenaza existencial. Los vecinos han sido progresivamente desactivados por acuerdos de paz (Egipto, Jordania); por guerras civiles y de agresión (Líbano, Siria); o por directamente invasiones (Irak).

El conflicto israelo-palestino no es una guerra entre Estados, entre ejércitos, fuerzas navales y aéreas que se enfrentan, lo que no impide que Israel cuente con unas fuerzas armadas con capacidad nuclear de las más potentes del globo; y un apoyo incondicional de la mayor potencia militar del planeta, reforzada por el crítico Obama con un acuerdo a diez años de 38.000 millones de dólares para tiempos de paz, y directamente sin límites para tiempos conflictivos.

De lo anterior, de la crisis actual en Palestina-Israel y también de la invasión de Ucrania cabe concluir o al menos plantearse el fracaso de la disuasión como uno de los pilares de la defensa militar. Ingentes presupuestos militares y una carrera de armamento en crecimiento no han impedido la actuación de Rusia ni de Hamás, lo que obligaría a replantearse algunos principios teóricos.

En este apartado de la seguridad, la defensa y su instrumento militar cabría señalar también cómo se han ido abandonando y desprestigiando las operaciones de paz amparadas por Naciones Unidas para estabilizar conflictos, para exportar por nuestra parte seguridad al amparo de una legalidad y legitimidad internacional que no existió en la invasión de Irak y hoy no es posible con un Consejo de Seguridad de la ONU bloqueado por Rusia si el tema es Ucrania, por Estados Unidos si el tema es Israel-Palestina.

Se dice que las operaciones de paz paran el reloj de un conflicto, los más de 600 cascos azules españoles en el sur del Líbano, encuadrados en una fuerza de diez mil actualmente comandados por un general español, han evitado el conflicto desde 2006 y es un gran logro, pero nunca solucionan el problema, la salida siempre es política; también lo será en el caso palestino.

5 - Futuro - Democracia

Un último acercamiento al conflicto palestino-israelí se debe dirigir al día después de los disparos, y su solución a largo plazo sólo puede ir ligada a la democracia.

Añadamos como aclaración que el conglomerado no geográfico que llamamos Occidente, Estados Unidos, Europa, las democracias reconocidas, no actúan democráticamente fuera de sus fronteras nacionales, aunque sí viaje en su discurso de valores y principios, y sólo vale mencionar para acreditarlo ejemplos como Guantánamo, Abú Ghraib, asesinatos selectivos, bombardeos de Irak o Siria desde hace años.

Recordemos que la República española no actuó democráticamente en el norte de Marruecos, quizá hubiera sido la historia diferente; que Francia no actuó democráticamente en Argelia ni con los argelinos en suelo francés.

E Israel no es una democracia para dos millones de sus ciudadanos que son palestinos, ni para los palestinos de los territorios ocupados. El sistema de discriminación racial institucionalizado conocido como apartheid define en buena medida la situación en Israel-Palestina, así lo han reconocido y documentado organizaciones de defensa de los derechos humanos locales (israelíes) y otras de trayectoria poco discutible como Amnistía Internacional o Human Rights Watch. Cabe recordar que la Corte Penal Internacional incluyó en 1998, en el Estatuto de Roma, el “crimen de apartheid” entre los crímenes de lesa humanidad (artículo 7). 

Como europeos que somos, acudamos a la Unión Europea y su estrategia global para la política exterior y de seguridad de 2016,  en la que leemos que "la UE promoverá un orden mundial basado en normas, con el multilateralismo como principio esencial y las Naciones Unidas como núcleo".

A octubre de 2023 se puede afirmar que el modelo Gaza, el confinar dos millones de personas sin salida y sin derechos, bombardeables regularmente, ha culminado sin éxito, y aún no sabemos qué formato lo puede sustituir.

A estas alturas y tres décadas desde su firma resulta evidente que los Acuerdos de Oslo son inviables, la solución de dos Estados independientes en el antiguo mandato británico en Palestina, probablemente el asesinato del primer ministro israelí en 1995 a manos de un terrorista israelí frustró el proceso en fecha tan temprana,  rematado en el año 2000 por Clinton-Ehud Barak. Hoy es inviable por la falta de voluntad y por la presencia en los territorios palestinos ocupados de 700 mil colonos radicalizados en su mayor parte que no se van a ir a ningún sitio.

El escenario local e internacional, como se apuntaba al comienzo, es dinámico. Se observan cambios en la visión del conflicto, generacional en cualquier geografía; especialmente en Estados Unidos, en el ámbito académico, existe ya una minoría en el Congreso norteamericano que hace oír voces alternativas sobre el conflicto; las encuestas registran un cambio entre los demócratas estadounidenses hacia posiciones más centradas y pro palestinas que en el pasado.

Existe desde hace tres lustros una campaña internacional surgida desde la sociedad civil de boicot, desinversión y sanciones (BDS), resistencia no violenta contra la ocupación israelí, similar a muchas otras practicadas en procesos de descolonización.

Y pensando en el futuro la solución al conflicto pasa por un único Estado democrático, con igualdad de derechos y obligaciones de todos sus ciudadanos. Ya existe un único Estado en la Palestina histórica, el reto es que sea democrático. Al diagnóstico generalizado de una situación actual de apartheid sudafricano le corresponde una solución sudafricana.

No cabe imaginar otra alternativa que una opción democrática de este tipo, apoyada ya hoy por la cuarta parte de los palestinos (los partidarios de los dos Estados no son muchos más), a la que habría que dedicar pedagogía y tantos esfuerzos como se hicieron en el proceso de Oslo. 

Conocemos ya el resultado de la opción realista que ha negado durante décadas la democracia y el derecho internacional en el conflicto palestino-israelí. La opción democrática no sería ingenuidad, sino actuar por interés, incluir el Estado de derecho entre nuestros intereses.


Artículo publicado también en la web Rebelión; y en infoLibre.


martes, 15 de octubre de 2019

Especies exóticas invasoras

El Ayuntamiento de Madrid anuncia que ha decidido gastar cien mil euros para reducir la población de cotorras argentinas, por lo visto la penúltima especie invasora caracterizada ésta por construir grandes nidos potencialmente peligrosos (el argumento sería aplicable a las cigüeñas, que además no son residentes permanentes, nos utilizan como Mónaco los deportistas de élite), son animales ruidosos las cotorras y, lo peor, desplazan a avifauna autóctona como los gorriones y las palomas; el presupuesto tocará como a seis euros por cotorra eliminada.
Sorprende el presupuesto, lo costoso de eliminarlas, las prioridades políticas del nuevo equipo gobernante en el Ayuntamiento de Madrid, sorprende hasta el adjetivo exótico: "extranjero o procedente de un país o lugar lejanos y percibidos como muy distintos del propio"; "extraño, chocante, extravagante"; en México, bailarina exótica es bailarina de cabaré, signifique lo que signifique hoy cabaré en cualquier lugar.
En realidad especies invasoras hay muchas si no lo son todas.
Habría que distinguir entre este caso y la hipotética proliferación de caimanes en el estanque del Retiro de Madrid, los mejillones cebra del delta del Ebro (producir un kilo de arroz autóctono dicen que requiere 1.500 litros de agua), algún caracol manzana... No es saludable tener anfibios gigantescos carnívoros en los parques ni la naturaleza ofrece muchos casos de animales fluorescentes.
Hay especies peligrosas que hay que evitar, pero invasores los tenemos todos en el árbol familiar. Sin ir más lejos, el Ayuntamiento de Washington se acaba de sumar a más de 130 ciudades y ocho Estados de EE.UU. que han cambiado el Día de Colón arguyendo que el conquistador “esclavizó y masacró" a miles de pueblos indígenas; cabe aclarar que por aquellas tierras del distrito de Columbia a Colón lo consideran italiano, no sabemos si exótico italiano.
Por otra parte, nadie relaciona las 20.000 cotorras argentinas que se calcula vuelan y gritan por nuestro país (la mitad en Madrid) con el acusado descenso de la población de gorriones, que ha caído de 165 a 155 millones en las últimas décadas siguiendo una tendencia observada en toda Europa y aún sin explicación.
En tiempos de globalización y mestizaje nos preocupa el origen del pájaro silvestre y giramos la cabeza hacia el gorrión nacional al que no hacíamos caso en el último medio siglo ni como tapa en su versión de pájaro frito.
La sandía procede hasta en el nombre de la región paquistaní del Sind, la patata y el tomate de la orilla americana del Atlántico, y aquí se podría seguir con listados cursis que circulaban hace años, estilo que mi actual vehículo es de una marca sueca propiedad de una empresa china y el anterior fue fabricado en Bélgica de una marca española perteneciente a una multinacional alemana.
Nos tranquilizamos vistiendo de nazareno a nuestro hijo de cinco años en la Semana Santa del pueblo mientras nos llega por televisión el último tifón que arrasa Tokio o contemplamos aterrorizados la serie de asesinatos de niños y mujeres jóvenes que pueblan las mañanas televisivas.
Amigas cotorras, todos somos invasores.
El mérito o la desgracia de estos pájaros es que no se han congelado en invierno a pesar de su origen tropical, al parecer porque son silvestres, no criados en cautividad, y se han adaptado con mayor genio que el nacido en jaula.
Desde aquí un consejo: aguantad cinco años de fríos y nadie se acordará de vuestro origen extranjero.
Con un poco de suerte y si continúan los inviernos suaves, las cotorras es muy posible que sobrevivan incluso a especies bien españolas que ocupan el Ayuntamiento de Madrid.
Entretanto el interesado puede comprometerse, porque la medida anunciada no ha gustado a todo el mundo.
El partido animalista PACMA, la primera formación extraparlamentaria -es decir, el partido con más votos que no consiguió diputados el pasado mes de abril-, ha puesto en marcha una campaña política sobre el asunto, "Las cotorras de Madrid condenadas a muerte ¡Firma para salvarlas!", y dicen: "El Ayuntamiento de Madrid y el delegado de Medio Ambiente y Movilidad, Borja Carabante, pretenden exterminar a casi 12.000 cotorras argentinas que habitan en la ciudad gaseándolas con un químico tóxico y mortal, provocándoles una muerte agónica y dolorosa. FIRMA AHORA para que paralicen este cruel exterminio de miles de cotorras. ¡Basta de matanzas!" (las mayúsculas son del PACMA).
Aclaran algo más el tema: "Matar aves por medio de gas no es un método de sacrificio ético: es doloroso y estresante, la pérdida de conocimiento nunca es instantánea, y provoca reacciones desesperadas de huida, aleteos, vocalizaciones, intentos desesperados por huir. Algunas aves siguen aleteando incluso cuando aparentemente han perdido la consciencia y otras sobreviven al gaseado, lo que implica tener que matarlas después aumentando el tiempo de agonía".
Acabo de firmar, ya somos 11.935 personas, casi tantos como cotorras.
Donde hay una polémica hay también una oportunidad.

Sugerencias





martes, 11 de diciembre de 2018

Estadísticas conflictivas sobre seguridad y defensa

Artículo publicado también en infoLibre.
El mundo de la seguridad, defensa, Fuerzas Armadas, tiene una relación conflictiva con la realidad, se trata de personas que viven profesionalmente del conflicto, para enfrentarlo, evitarlo o provocarlo, y como es natural lo detectan por todos sitios porque es su objetivo. Por ejemplo, el campo de las predicciones suele estar trufado de previsiones catastrofistas precisamente porque muchos de los que se dedican a predecir el futuro son financiados o trabajan directamente en seguridad y perciben un porvenir inseguro, por deformación profesional y por la cuenta que les trae.
En cualquier caso, que el mundo de la seguridad tenga una relación conflictiva con la realidad es una paradoja que aparece cuando uno se pone a escribir sobre otro tema, relacionado pero distinto, que es su relación conflictiva con las estadísticas.
En algún momento indeterminado de este otoño de 2018, el Centro de Investigaciones Sociológicas -CIS- principal organismo demoscópico español, independientemente de quién ocupe su presidencia, ha publicado en su web el estudio identificado con el número 3.188 y el nombre "La Defensa nacional y las Fuerzas Armadas".
El momento ha podido ser en octubre, quizá noviembre, en cualquier caso sin publicidad, nota de prensa ni promoción alguna, de una encuesta que tuvo su trabajo de campo en septiembre de 2017. En éste y otros casos la conexión entre los trabajos académicos o científicos y la clandestinidad no suele ser habitual.
Aunque tiene su explicación: esta encuesta la elabora el CIS por encargo del Ministerio de Defensa cada dos años, ya van doce ediciones, es decir, que se viene realizando desde finales de los noventa con un mismo cuestionario, 2.500 entrevistas personales, en 255 municipios y 50 provincias del país. No existe otro estudio similar.
Resulta que hará unos años, tiempos de Pedro Morenés de ministro, coincidiendo con la crisis y la desconfianza del ciudadano hacia quienes les dejaron a la intemperie, al Ministerio de Defensa le empezaron a no gustar las respuestas de los españoles a sus preguntas y dejó de difundir su encuesta o a tardar años en acompañarla con sus propios comentarios.
El motivo del desencuentro afecta principalmente a los campos relacionados con la financiación de la defensa y el gasto militar; y también las cuestiones emparentadas con la identidad nacional concretada en símbolos como la bandera, el himno, la sangre derramada; también las respuestas referidas a los valores más apreciados por la ciudadanía en la profesión militar y la propia valoración de los ejércitos.
Se podría decir que en algunos aspectos no coincide la opinión pública con los referentes simbólicos de las Fuerzas Armadas, lo que está lejos de ser un problema, si bien aconsejaría a los responsables militares y a los civiles de quienes dependen los primeros a replantearse el contenido de su comunicación externa, la interna si funciona puede seguir repitiendo conceptos del siglo XIX.
El CIS está obligado a publicar sus encuestas como máximo un año después de elaborarlas y por eso conocemos esta última.
Tomemos entonces tres capítulos: uno simbólico, otro profesional y un tercero financiero. Cabe interpretar que el propio cuestionario en sí merecería una valoración, colocando a las Fuerzas Armadas como garantes de las esencias más allá de su función como instrumento de seguridad del Estado.
Entrando en los datos, apartado simbólico, el 77% de los encuestados se siente muy o bastante orgulloso de ser español, el 54% se emociona al ver la bandera española en un acto o ceremonia, y el 57% al escuchar el himno nacional. Una cuarta parte de los españoles siente una intensa emoción por estos asuntos y otra cuarta parte siente indiferencia, pero se puede concluir que los niveles de nacionalismo español son muy aceptables, sobre todo en contraste con la impresión general en circulación, aquella que dice que entre la indiferencia general España se va yendo por el desagüe, girando en círculos que por supuesto son hacia la derecha como sucede en el hemisferio norte, en el sur el desastre suele llegar girando hacia la izquierda (comentario no basado en el CIS, sino en la teoría de Coriolis, que habla de fluidos, no de ideologías, con una reputación algo homeopática).
En relación con las amenazas, la encuesta pregunta de forma abstracta, dejando aparte la familia (¿por qué la dejan aparte, con lo cerca que la tenemos?) si el encuestado considera que haya algo por lo que arriesgar o dar la vida, y 46% responde que no, el 45% que sí.
Ésta es una de las respuestas que no gustan, tampoco que entre quienes se jugarían la vida la mayoría no lo haría por la patria (47% no, 44% sí), aunque mayoritariamente sí la arriesgarían por salvar la vida a otra persona (93%), la paz (84%) o la libertad (82%).
En el caso de que España fuera atacada militarmente el encuestado no se presentaría voluntario. Esto es como preguntar por intención de voto sin elecciones convocadas, el encuestado no acaba de entrar en situación, si bien de la encuesta se puede deducir un fuerte sentimiento pacifista entre la población española, que considera la respuesta militar como un ámbito profesional que tiene esa misión, y que no se percibe una amenaza militar existencial que aterrorice al país.
Entre las principales amenazas que pueden afectar a la seguridad de España, Defensa y el CIS incluyen los flujos migratorios irregulares (significativo su presencia), aunque los españoles priorizan y colocan en puestos de cabeza el terrorismo, la inestabilidad económico y financiera, y los ciberataques.
En el apartado profesional, el valor más importante que los españoles opinan que debe tener un militar es... la preparación técnica, muy por encima de la honradez, la disciplina, lealtad, el espíritu de sacrificio, la capacidad de mandar u obedecer que trufan los discursos.
El 70% de los españoles creen que las Fuerzas Armadas están muy o bastante capacitadas profesionalmente (y mejorando), dos tercios tienen una opinión buena o muy buena de las Fuerzas Armadas (se ha recuperado desde el 55% en 2013), y que los ejércitos seguirán siendo necesarios para mantener la paz, la seguridad y la defensa.
En el capítulo de respuestas incómodas, la opinión generalizada no cree que el volumen de tropas sea insuficiente; y únicamente el 17% de los españoles piensa que el presupuesto destinado a la defensa nacional y las Fuerzas Armadas sea escaso, aunque algo ha subido desde el 13% de 2015.
Sobre el origen de las amenazas militares, la mayoría de los españoles pues no cree que ningún país esté pensando en atacarnos (46%), y entre los que sospechan que sí (41%) responden con vaguedades como países islámicos, que curiosamente distinguen de países árabes, aparecen como amenazantes para quienes se sienten amenazados la categoría países de Asia, también lógicamente países donde haya islamistas radicales; y entre países concretos, que son quienes suelen lanzar ataques militares, pues el encuestado menciona a Marruecos, Siria (?) y a poca distancia a Estados Unidos (estos países son mencionados por un centenar de personas de entre las 2.500 encuestadas).
Más de 60 preguntas podrían hacer la relación interminable. Finalicemos con que los españoles se reparten a partes iguales entre los que defienden la actual situación de las Fuerzas Armadas a las órdenes del Gobierno nacional y los que las integrarían en un ejército europeo o multinacional, circunstancia ésta internacionalista que ampara el acento presente y reciente que encuadra mucho de lo que se hace militarmente bajo el paraguas de una Defensa europea aún inexistente.
Si las encuestas buscan ser un fiel reflejo o aproximado a la realidad social, y no gustan las respuestas, el mundo militar y civil de defensa no tendría un problema con las estadísticas, sino con la sociedad o la comunidad política a la que deben defender.
Continúa abierta la disyuntiva de tratar de cambiar las percepciones sociales con información y debate, labor siempre complicada y de largo plazo, o adaptar los instrumentos que el Estado financia para la seguridad a los ciudadanos y circunstancias del país. Las dos opciones parecen compatibles. Lo claramente descartable es no informar y además que las Fuerzas Armadas/Defensa ignoren al ciudadano al que protegen.

Sugerencias


sábado, 13 de octubre de 2018

Desfile descolorido

Los desfiles son vistosos, mucho, no es que haya que ir a buscarlos, pero si te encuentras con uno o te invitan y acabas allí hay que reconocer su atractivo.
Transmiten apariencia de orden, de unidad de acción, la uniformidad de los uniformes, el tremendo trabajo que tienen detrás; el orden es el caos organizado con la práctica de horas, días, meses; más de 4.000 personas desfilaron este 12 de octubre por la Castellana de Madrid, mucha gente y mucho trabajo detrás que debemos respetar.
Los desfiles militares se inventaron para rendir pleitesía y dar miedo al vecino, aunque en este último nuestro no participaron carros de combate y el mal tiempo impidió el vuelo de cazas, lo que le quitó agresividad.
Desfilaron militares, policías, sí, pero también animales, muchos caballos, bastantes motos, una cabra, e incluso dos princesas, los niños hasta los 12 ó 13 años tienen más parte animal que humana y suavizan mucho un desfile militar. Los vehículos de limpieza detrás de los caballos haciendo ochos en el asfalto dibujaban una coreografía muy vistosa.
Hasta uno de los militares de los Regulares de Ceuta tiraba al aire un bastón de forma espectacular, como una majorette, desconocemos la utilidad bélica del movimiento pero se agradece.
No comparto por tanto la opinión de quienes como Mariano Rajoy, entonces presidente del Gobierno, decía sobre la celebración del 12 de octubre "qué coñazo de desfile". A pesar de su comentario despectivo, de la reducción durante su mandato del 10% de las plantillas militares, de la Guardia Civil y de la Policía Nacional, del recorte sustancial del presupuesto en seguridad, de castigar las condiciones laborales de empleados públicos uniformados, pues nadie le chistó durante siete años en la Castellana de octubre, como debe ser.
Hay algunas geografías más aficionadas a los desfiles que otras, uno imagina a los irlandeses todo el día desfilando y tiñendo de verde lo que les rodea, por el País Vasco abundan también los desfiles de hombres.
Otro asunto distinto es que en la celebración de la Fiesta Nacional, así se llama, nada de Hispanidad, Raza y otros asuntos del pasado -aquí alguna explicación-, no se nos ocurra otra cosa que bandera, monarquía más desfile militar.
Los tiempos parecen estar pidiendo algo distinto, aún reconociendo la experiencia de la Iglesia católica y la milicia para afinar el protocolo, dos milenos al menos de práctica; reconociendo el oficio de la Corona, los reyes acaban con las manos moradas de tanto saludar al millar de invitados en palacio después del desfile, nos informa TVE con un detalle que no sé si merecemos saber (el escritor Manuel Vilas tiene una descripción estremecedora de una situación de este tipo).
En tiempos de ZP se montó una batucada con Carlihnos Brown en el mismo escenario por la tarde, aunque se sospecha que no asistió el mismo público que por la mañana. Se abandonó la idea.
En este primer desfile del 12 de octubre de Pedro Sánchez se han incorporado vehículos de Protección Civil como innovación, tímidos avances en cualquier caso que necesitarían doscientos años para cambiar el panorama.
Desde el siglo XIX han evolucionado las celebraciones. Sin ir más lejos, en la crónica de tribunales descubrimos que la clase dirigente celebra hoy las comuniones con cañones de confeti y felinos con forma de coche en el garaje, se han modernizado.
Viejos o nuevos, los desfiles son una representación teatral que merecen respeto, salvo que no sean incluyentes.
La bandera y el himno y conceptos abstractos como la nación representan a todos los españoles, de cualquier ideología y hasta a los no aficionados a los símbolos y las abstracciones, y las Fuerzas Armadas son un instrumento del Estado, obedecen al Gobierno, que si les ordena ir a Irak, van, si les ordena volver, vuelven, si les ordena regresar, allá regresan, pero nada de garantes ni de las esencias ni de valores eternos, eso es tan del siglo XIX como los malos desfiles.
La comunidad política llamada España decide financiar un instrumento de emergencia llamado Fuerzas Armadas y lo pone a desfilar en grandes ocasiones con la idea de que nos representan a todos.
La bandera y las FAS son comunes a quienes lloran a su paso y a quienes sienten su país y lloran sinceramente con la subida del Salario Mínimo Interprofesional o cuando el Fondo de Garantía Salarial abona a los dos años los salarios que un empresario pirata de la comunicación se negó a abonar a un periodista novato.
La actualidad ha derivado en que se encuentran más banderas españolas en un mitin político que el 12 de octubre en la Castellana, se celebran mítines donde no se ve el escenario de tanta bandera, y ahora con la competencia PP-Cs-Vox es todo una sopa rojigualda.
Nada en contra, el único inconveniente de todo esto es que los símbolos hay que cuidarlos.
Por poner un ejemplo, la avalancha de banderas de España que surgieron en otoño de 2017 como reacción al amago secesionista en Cataluña, que pueblan fachadas desde entonces, se han convertido un año después en trozos de tela amarillenta, banderas pardas en los balcones, la España de los balcones pardos, que diría Pablo Casado.
Otro caso similar ha ocurrido este mismo 12 de octubre, los pantalones de los legionarios desfilando por la Castellana, no había dos verdes iguales, estas cosas hay que cuidarlas.
Una bandera o un desfile descolorido equivalen a la nación descolorida, a la identidad descolorida.
El grito de "okupa" al presidente del Gobierno el día de la Fiesta Nacional suena estridente, intempestivo, grosero, aún más si el público alrededor no reprende al chillón, y sobre todo rompe la magia de la representación. Desde ese momento uno ya no se cree que el cartón azul con picos que mueven por los extremos sean las olas del mar.

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martes, 19 de diciembre de 2017

Españoles por elección

Columna de opinión publicada también en Estrella Digital.
Foto de El País, 18-9-2017, que ilustra reportaje
sobre españoles de origen extranjero.
En tiempos de competencia por el tamaño de la bandera, de sacralizar la nación, la identidad y el sentimiento, nos podemos plantear algunas preguntas.
¿Qué es ser español en 2017? ¿Cómo recuperar nuestro mejor pasado? ¿Qué deberíamos hacer porque lo que vemos no nos gusta? ¿Cómo imitar a otras nacionalidades con mayor renta por cabeza y un mástil con bandera en el jardín?
Pues nada de esto se encontrará en esta columna, ofrezco sociología, estadística, si no conocemos el escenario los comentarios serán siempre construcciones en el aire.
Pongamos frente a frente nuestros prejuicios y emociones contra el Instituto Nacional de Estadística.
El INE nos cuenta en una de sus últimas notas que 151.000 residentes extranjeros en España adquirieron la nacionalidad española en 2016.
La adquisición no ha sido pagando, sino por tiempo de residencia, que la normativa establece en diez años de forma legal, continuada e inmediatamente anterior a la petición, como criterio general, que se reduce a dos años en el caso de los nacionales de países iberoamericanos (incluye Brasil), Andorra, Filipinas, Guinea Ecuatorial, Portugal o personas de origen sefardí.
La nacionalidad de origen más frecuente entre las personas que consiguieron la nacionalidad española en 2016 fue la de Marruecos (37.000), seguida de una decena de países sudamericanos como Bolivia, Ecuador y Colombia (15.000 cada uno) y luego con cifras menores República Dominicana, Perú, Cuba, Argentina, Brasil y Paraguay.
Resulta curioso que 26.500 de la cifra total nacieron en España, en su inmensa mayoría niños menores de diez años.
Como apunte breve, nacer en España de padres extranjeros no otorga la nacionalidad en automático, hay que esperar al menos un año para hacer los papeles (en otros países allí donde apareces al mundo te dan el pasaporte).
Como es lógico, con el DNI en la mano, todos los anteriores desaparecen de las estadísticas de extranjeros, que a fecha de hoy son 4,5 millones, el 10% de la población, peso a la baja, aunque subirá en breve. Marruecos, Rumanía, Reino Unido, China e Italia encabezan las mayores comunidades extranjeras en España, donde se observa que los países iberoamericanos han desparecido de los primeros puestos.
Volviendo a los nacionalizados, ¿qué conclusiones podemos sacar?
Pues que estos compatriotas decidieron en su día venir a España probablemente buscando trabajo, han residido uno o dos lustros entre nosotros y han solicitado la nacionalidad voluntariamente, podrían haberse quedado con la de origen porque tienen su situación regularizada, en caso contrario no aparecerían en los censos. Es decir, que suman permanencia prolongada en el país y, más importante, la voluntad de ser españoles.
Podríamos afirmar que son españoles por elección, no por nacimiento.
Otra deducción de las cifras es que el apellido e incluso la religión ya no son en España indicadores automáticos de nacionalidad.
El asunto es oportuno por ejemplo para relativizar los análisis por nombres o por religión derivada del apellido que se han publicado a partir de las listas electorales para las autonómicas en Cataluña del 21-D.
La religión no es un país (gracias, lectora), y la presencia de candidatos de origen extranjero es cada vez más frecuente, en ningún caso representan aún su peso equivalente en la sociedad española, lo extraño ha sido su ausencia salvo casos aislados hasta muy recientemente.
Por tanto, la diversidad de la sociedad española es sociológica y estadística, además de cultural, ideológica, religiosa y deportiva.
Los 150.000 nuevos españoles de 2016 se suman a otros 114.000 en 2015, a 205.000 en 2014, a 225.000 en 2013, y aquí el INE corta la información por motivos desconocidos e incomprensibles.
Acudiendo a otras fuentes (Eurostat, que seguro que bebe del INE), la relación continúa con 94.000 extranjeros nacionalizados en 2012, a 114.000 en 2011, a 123.000 en 2010, fueron 79.000 en 2009, 84.000 en 2008, sumaron 71.000 en 2007 y 62.000 en 2006.
Con lo anterior podemos decir que millón y cuarto de personas han escogido en la última década ser españoles, voluntariamente, tenían otra nacionalidad, están dispersos por toda la geografía nacional y son indetectables con la prueba del carbono 14.
Estudios recientes sobre la segunda generación de inmigrantes..., error, la inmigración no se hereda, mejor decir que los hijos de inmigrantes presentan una integración generalizada en la sociedad, que se refleja en las bajas experiencias de discriminación y en los altos niveles de auto-identificación con el país que no diferencian a los hijos de inmigrantes nacidos en España de los hijos de españoles.
Con dos apreciaciones: menor nivel medio de renta; y, a pesar de un uniforme abandono de creencias religiosas, más dificultades para las personas de confesión o familia musulmana, que en casos de discriminación por estos motivos -siempre minoritaria- recibe dos nombres, aporofobia -rechazo al pobre, universal, nadie rechaza a un multimillonario cualquiera sea su origen- e islamofobia.
Millón y cuarto de personas, sólo en la última década, son españoles porque así lo han querido, no por el azar del lugar nacimiento, tan españoles como el nacido aquí que ata al perro con la bandera de España en la correa.
¿Pondrán estos nuevos compatriotas banderas en el balcón? No les hace falta.

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martes, 17 de octubre de 2017

Rajoy y la continuidad de España

Columna de opinión publicada también en Estrella Digital.
"España va a seguir siendo España y lo va a seguir siendo durante mucho tiempo", Mariano Rajoy Brey, presidente del Gobierno, en entrevista para El País de 8 de octubre del año de nuestro Señor 2017.
La frase se produce necesariamente en un momento en el que peligra la unidad nacional, si no carecería de sentido, y la pronuncia quien es presidente del Gobierno desde hace cinco años del país donde se produce una amenaza seria a la unidad nacional.
El autor pretende ofrecer seguridad al lector, control sobre la situación y continuidad, ese gerundio y la repetición de "seguir siendo" trasladan una idea de que las cosas van a permanecer más o menos como hasta ahora durante un plazo prolongado.
Tranquilos, que estoy yo al mando y la cosa no va a cambiar, se nos viene a decir como en un dogma de fe. Confianza y duración.
"Seguir siendo" es una perífrasis verbal, en la que el verbo principal tiene forma no personal y es el infinitivo "seguir", ahí está el significado; la segunda parte "siendo" es auxiliar y no añade demasiado.
Cuando Amaral canta "salir corriendo" el gerundio sí añade información, en el caso de Rajoy "seguir" y "España" son los que llevan la carga de la frase.
A partir de aquí todo son dudas.
Rajoy no explica a qué España se refiere, la que va a continuar. Reconozcamos que el nombre tiene dos milenios de historia, pero es un referente que más allá de la geografía tiene un contenido diferente si lo analizamos hace 2.000, 1.000, 500 años, 200 ó 40 años, porque entendemos que no se refiere a un nombre geográfico, sino a una entidad política con personas dentro.
Personalizando el asunto, la idea de España es absolutamente diferente en las cabezas de Viriato, Adriano, Recaredo, Abderramán tercero, Alfonso octavo, el décimo, Felipe segundo, Carlos segundo, Felipe quinto, Alfonso trece, Azaña, Franco, Fraga, Suárez primero, Felipe González, Pablo Iglesias el segundo..., ideas diferentes entre sí y diferentes entre las de ellos y sus porqueros.
Se puede prever que dentro de unas décadas la España que sea será en algo diferente a la actual, como ésta ha cambiado sustancialmente en comparaciones digamos con la de 1974 ó 1977.
En los últimos cuarenta años España ha cambiado tanto que entonces te podían fusilar por tus ideas políticas. En ese plazo el PIB se ha más que duplicado, el gasto público en sanidad o educación se ha multiplicado por diez (también la deuda pública); el porcentaje de población con estudios universitarios se ha multiplicado por ocho. Todo eso ha cambiado el país y la mentalidad política de sus habitantes.
Que va a existir algo llamado España en el futuro es una obviedad, que sea exactamente como hasta ahora es improbable; y dependerá principalmente de los españoles y su voto, del acierto de sus responsables políticos y de circunstancias que hoy ni imaginamos porque serán nuevas, como la llegada de la informática, de las palomitas para microondas, del teléfono móvil, los aerogeneradores o Trump.
Con perspectiva histórica, se dice que el principal factor de construcción de naciones han sido las guerras y el azar de las decisiones de sus gobernantes absolutos; la violencia y el poder hoy están más repartidos que en el pasado.
Tan sorprendente como la frase objeto de análisis es que el presidente Rajoy apunta a Europa como el proyecto político ilusionante, de futuro, al que todos los españoles deberíamos dedicar nuestros mejores esfuerzos, incluidos los catalanes independentistas.
Se entiende por tanto que trabaja en ese objetivo, también podría decir que "Europa va a seguir siendo Europa y lo va a seguir siendo durante mucho tiempo", pero tampoco sabemos a qué Europa se refiere el presidente. Europa existe geográficamente como península occidental de Asia desde hace 50 millones de años, desde los griegos clásicos viene a referir el territorio al norte del Mediterráneo, sin mucha concreción, políticamente desde Carlomagno hace un milenio, interpretando de forma generosa la larga lucha por controlar la Cristiandad, que era el concepto político.
Desconocemos la opinión del Gobierno, del Partido Popular y de su doble presidente sobre la necesidad o no de que la UE refuerce un pilar social sin el cual el edificio es políticamente inestable e increíble para el ciudadano; desconocemos la opinión de los tres sobre la viabilidad de un ejército y una defensa europeos, avanzando necesariamente a costa de una cesión de soberanía en unos tiempos en los que triunfa el populismo y el nacionalismo ultra y excluyente.
Por concluir, España y Europa podemos decir que seguirán dando nombre geográfico a una parte del planeta durante mucho tiempo, tiempos geológicos que se miden en millones de años.
En ocasiones, y éste es el caso, utilizamos las mismas etiquetas para referirnos a la geografía y a la política.
Políticamente España no es difícil aventurar que no va a seguir siendo la misma no ya a largo, sino a medio y a corto plazo, y en este sentido va la reforma constitucional cuyo proceso acaba aparentemente de arrancar por iniciativa política del PSOE.
Si este proceso de reforma transcurre según lo previsto la España política no va a seguir siendo la misma en el futuro, sino que va a ser mejor, pues su estructura institucional va a estar mejor adaptada al momento actual y a lo que piensan hoy los ciudadanos.
Por tanto Rajoy se quedó corto con la frase de la entrevista, no en el tiempo que durará España, sino corto en el contenido político y en el optimismo.

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martes, 10 de octubre de 2017

'Performance' independentista

Columna de opinión publicada también en Estrella Digital.
Cualquier proyecto político se defiende en el terreno de la comunicación, en 2017 principalmente en el terreno de la comunicación; y dando una vuelta a la frase casi todo lo que nos llega por medios tradicionales y electrónicos tiene una intencionalidad política (y/o comercial), dicho esto sin ninguna connotación negativa.
Salvando todas las distancias, el terrorismo hoy internacionalmente más practicado utiliza la comunicación como una herramienta prioritaria, el barbudo con cámara es tan importante o más que quien sostiene el kaláshnikov; consuela que tampoco son infalibles, como lo muestra la reiteración de reivindicaciones falsas, incluida la matanza en Las Vegas.
El referéndum ilegal celebrado en Cataluña el 1 de octubre tuvo dos éxitos indiscutibles, su objetivo real no era un resultado que no había ni capacidad ni interés en escrutar, tenía dos objetivos instrumentales que eran la internacionalización del proceso y una excusa para la posterior declaración unilateral de independencia.
Objetivos cumplidos. Las cargas policiales ocupan toda la prensa internacional, se debate sobre la independencia en el Parlamento Europeo, se pronuncian porque se les pregunta y responden presidentes y primeros ministros de medio planeta, se habla de mediadores. Al hilo de esto, que el tema saliera en la rueda de prensa en la Casa Blanca en la visita de Rajoy en septiembre fue por supuesto una torpeza de comunicación (hay que decir eso de que somos líderes mundiales y no tratamos hoy asuntos domésticos, que es un tanto patético y cabrea a los periodistas, pero se olvida pronto).
La calidad de las viñetas políticas sobre Cataluña en la prensa internacional va preocupantemente en aumento. En España, El Jueves y Orgullo y Satisfacción le dedican su último número.
La sorpresa es relativa, en las diadas y grandes concentraciones independentistas, aparte de exagerar el número buscando un récord histórico como hace todo el mundo, se organiza una coreografía de volúmenes y colores para mayor plasticidad de las fotografías aéreas.
A veces da la sensación de que más que la independencia, poco probable o al menos difícil, lo que desean es comunicar su independencia.
Aunque corran el riesgo lejano de llevarse un porrazo, los niños y ancianos son una apuesta segura en cualquier concentración política, a poder ser alegres, no cabreados.
Concursos de ronquidos, vigilia pascual antes de votar, los manifestantes parecen clones felices compartiendo camiseta y bandera reluciente... La gallina franquista y el Cara al sol hay que echarlos a patadas no sólo por ideología, sino por comunicación. La persona que repartía banderitas de España en la última fiesta de la bicicleta en Madrid no madrugó, eran de papel y pequeñas, cutres.
La reacción a los inventos sobre violencia policial, abusos sexuales de la policía (ay Colau!), dedos rotos, centenares de heridos, suele llegar cuatro días tarde y la comunicación reactiva siempre es menos efectiva.
Tras asesinar a la senyera, la estelada es el símbolo de un proyecto político rupturista e ilusionante para muchos; la bandera española, al margen del fútbol, tiene otros significados diferentes, muchos de pasado y no carga con suficientes elementos de cambio, al menos hasta que alguien no nos concrete un proyecto político de futuro.
Nos cuenta Europa Press que el número de personas que juran bandera (española) se ha multiplicado por ocho desde 2010, se ha pasado de 1.700 a 14.000 el año pasado. Varios ayuntamientos del Partido Popular en Madrid, curiosamente afectados por casos de corrupción, reparten la enseña de forma gratuita a convecinos convencidos del nacionalismo textil, que no fiscal o laboral o social. La intencionalidad política de lo anterior es evidente, no así su efectividad más allá de los límites del término municipal.
Cualquier aficionado a la comunicación sabe que el ideal es conseguir un equilibrio entre contenido y formato, no suelen funcionar por separado; entre lo que se dice, la puesta en escena y el público al que uno se dirige que es el destinatario y nunca conviene olvidar.
En el caso del mensaje a la nación del rey Felipe no funcionó ni el conjunto ni las partes, ni el contenido sin propuestas de futuro ni el formato ni la puesta en escena, el movimiento de manos no se correspondía con los mensajes y se le movía el butacón. ¡Cuánto daño está haciendo el movimiento descontrolado de manos a la credibilidad de la política!, bastante más que Carmena a la Navidad.
El Gobierno central parece haberse independizado de una estrategia de comunicación y cuando ésta no existe suele significar que lo que no existe es estrategia, o es tan equivocada que sus responsables parece que no comparten tiempo y espacio con el ciudadano.
La combinación de abogados del Estado y fuerzas de seguridad no han encontrado aún la forma de comunicar eficazmente sus mensajes. Desde que Rajoy llegó a la Moncloa hace más de cinco años les había dado tiempo a matricularse, cursar y licenciarse en Periodismo o Comunicación Audiovisual.

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martes, 26 de septiembre de 2017

Frente de Liberación Nacional

Columna de opinión publicada también en Estrella Digital.
El Roto en El País de 21-9-2017.
Con esto de los golpes de Estado que tanto se mencionan últimamente sucede como con los genocidios, que cuando ocurren no los vemos y cuando se utiliza el término resulta exagerado; no los hemos visto o querido ver en Egipto anteayer o Argelia años atrás, el de Franco fue una anécdota, repiten los revisionistas; y el genocidio tiene una dimensión que escasea.
Buscamos palabras grandilocuentes para nombrar lo que nos parece tremendo y no acabamos de entender o explicarnos.
Sí se ajusta a un proceso revolucionario lo de tumbar una legalidad para sustituirla por otra, pero revolución es otra palabra campanuda que además se impulsa por los que no tienen el poder y quieren derribar al que lo maneja, y esto tampoco sucede por estas tierras hispanas, quienes lanzan el órdago lo hacen desde instituciones y posiciones de poder, no desde el monte.
Algún sociólogo ha argumentado con rigor que a partir de un cierto nivel de renta no se producen guerras civiles. Podría ser un ejercicio interesante calcular con datos el PIB per cápita máximo registrado por la historia en un proceso de secesión, y ahí habría que analizar Yugoslavia, Checoslovaquia y algún otro, a años luz de la Europa del euro.
Utilizando etiquetas equivocadas para identificar procesos novedosos, aunque cubiertos con las viejas ropas del nacionalismo, también encontramos la figura del "frente de liberación nacional", presente en cualquier proceso independentista que se precie.
En este caso no hay dos bandos monolíticos, a los independentistas les faltan apoyos, buena parte de la población no se excita con ninguna bandera y da cierto pudor comparar procesos de liberación colonial con la Cataluña de 2017. El frente por antonomasia de este tipo es el FLN argelino, tras 130 años de ocupación colonial y una guerra de liberación de ocho años, tampoco resiste la comparación.
Se dice que es imposible entender EEUU sin bucear por el esclavismo y añado que mal se entiende medio planeta sin conocer por encima el colonialismo.
Oímos que esto ya no es un debate sobre la independencia, sino sobre la democracia.
Aquí aparece la lucha por los derechos civiles en EEUU y menciones a la mujer negra llamada Rosa Parks que cuestionó el racismo de Alabama en los cincuenta. En este caso únicamente podemos imaginar a Marta Ferrusola en el autobús echando a todos los no catalanes de pura cepa y tomando el volante enloquecida como una Sandra Bullock del independentismo camino del Principado de Andorra.
Una enseñanza valiosa de los frentes de liberación es que se unen fuerzas variopintas para derribar al tirano, muy variopintas, pero luego tras la caída se impone una de ellas, como ocurrió en el Irán del shah, entre muchos lo tumbaron pero luego los barbudos eliminaron al resto.
Acercando la lección, en una poco probable Cataluña independiente podría gobernar la derecha más rancia, la izquierda más social, el anarquismo, pero en ningún sitio está escrito que fuera a manar leche de los grifos o que la sanidad de Cataluña vaya a recibir 350 millones de libras adicionales a la semana, no parece creíble.
El conflicto ya está en la calle y descontrolado; y alguna relación con lo anterior tienen responsables políticos irresponsables, que no la política, sería como culpar al Cristianismo de la actuación de los curas pederastas.
Lo que sí que hay que reconocer a los independentistas catalanes es que han conseguido elaborar un proyecto emocional e ilusionante, por disparatado o irreal que resulte, una misión colectiva que hace olvidar la indefensión ante la crisis, la desigualdad, la corrupción, la globalización y los líos de la diversidad; la alternativa que se ofrece es el techo de gasto de Montoro y el proyecto de alcanzar en breve 20 millones de empleos precarios.
Proyecto emocional e ilusionante que en Cataluña toma forma de nacionalismo algo rancio, pero que resulta más cercano al voto de protesta del Bréxit y al triunfo de Trump que a Sabino Arana.
Último consejo: la Liga de Fútbol Profesional, la de Villar encarcelado, acaba de multar al Celta por no llenar de gente la grada que se ve en televisión, por no colocar a sus socios en el tiro de cámara.
La historia no sólo la escriben los vencedores, ahora hay que ir retransmitiéndola sobre la marcha, y con señal de televisión en streaming.
En estos momentos en que a la familia mexicana se le está moviendo físicamente el suelo, traigamos para desengrasar a Jaime García Terrés, que dejó escrito:
Yo no sé muchos nombres de volcanes o selvas;
esta parte del mundo para mí representa
unas doscientas almas (digo
doscientas por decir) que miran a lo lejos
de distinta manera cada una
con cierto dejo de común azoramiento.
Cuenta la leyenda que el Fondo de Cultura Económica, grupo editorial que dirigió este intelectual mexicano, iba a llamarse originalmente Fondo de Cultura Ecuménica, y una errata por el camino cambió la universalidad por las finanzas, al menos en el nombre, lo que no es mala metáfora que explica la mitad de lo que nos ocurre.


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martes, 19 de septiembre de 2017

Huracán Catalina

Columna de opinión publicada también en Estrella Digital.
Esperamos el advenimiento del 1 de octubre como si de una plaga bíblica se tratara, reacción similar a la llegada de un pariente cercano al huracán Irma, que ha asolado en las últimas semanas Puerto Rico, República Dominicana, Haití, Cuba, otras islas cercanas menos conocidas y Florida.
En Estados Unidos un responsable federal de emergencias anunció para tranquilizar que el ciclón iba a arrasar varios Estados, el gobernador de Florida recomendó rezar como mejor reacción al asunto y circulan otras majaderías por internet que no ocultan que los resultados han sido menos apocalípticos de lo anunciado y aún así desastrosos, más de 80 muertos, destrozos materiales multimillonarios y al menos seis millones de estadounidenses evacuados y otros tantos sin suministro eléctrico.
La ocasión permite aprender del tema, como que huracán, tifón y ciclón son la misma cosa dependiendo del lugar donde sopla. O la terrible relación entre PIB per cápita y balance de víctimas, viendo catástrofes naturales en el sudeste asiático, los daños son mucho mayores en construcciones débiles por la capacidad económica de sus inquilinos y también por la falta de solidez de los edificios en las zonas turísticas.
Y descubrimos algo realmente sorprendente, que el censo de viviendas del Caribe y Florida no parte de cero cada mes de octubre. Es decir, que no todo sale volando, que es posible preparar tu casa contra huracanes.
Aparte de los siempre aconsejables cimientos y ladrillos, la clave está en la instalación de contraventanas o shutters anti huracanes, que se parecen sospechosamente a las ventanas habituales enrollables en esta península al suroeste de Europa, seguro que más reforzadas y algunas de ellas con la apariencia del cierre metálico de algunos comercios.
Otra alternativa son cristales con un grosor y resistencia suficiente contra huracanes de tamaño medio.
Vehículo tuneado a la entrada de una miniexposición nostálgica instalada
en el Congreso de homenaje a 40 años de las elecciones generales
de junio de 1977 (PND).
En cuanto a España, el edificio institucional español no ha sido reforzado contra huracanes políticos en los últimos cuarenta años, que se puede explicar por el esfuerzo realizado en su primera construcción improvisada con éxito y la satisfacción de sus arquitectos, aún mayoritariamente en activo o en la reserva, hoy con más genio que fuerza o propuestas y ninguna gana de reinventarse.
Cualquier vistazo a las escrituras de 1978 y su contraste con la realidad muestra que se ha ido creciendo mucho, pero sin permiso de obras y sin proyecto visado por el colegio de arquitectos.
El edificio aguantó mal que bien hasta comienzos de esta década con la crisis financiera-económica-institucional-social, se consiguió salvar los muebles despidiendo al presidente de la comunidad y al administrador, pero no se cambió un ladrillo.
Cinco años después llega el huracán independentista y tampoco es momento para reformas.
La experiencia enseña que a una catástrofe acompaña siempre el toque de queda, porque aparecen voluntarios para aprovecharse del desastre, e incluso algunos se muestran dispuestos a reinar entre los escombros.
En las actuales circunstancias sorprendentemente nadie propone como solución una nueva sustitución de presidente y administrador, que ha metido además la mano en la caja de la Comunidad, por lo que solo queda rezar con el gobernador de Florida, compartir el miedo con los responsables de emergencias y, llegado el caso, bajarnos de los tacones de aguja como Melania Trump para pasearnos entre las ruinas.
Septiembre es un mes propicio a los huracanes, atmosféricos en el Caribe y políticos en Cataluña. Pero eso ya lo sabíamos en agosto. Antes de la reforma inevitable habrá que hacer balance de daños.
Cuando se cambia de coche uno tiene siempre la sensación de que ya no se fabrican vehículos como los de antes, una impresión que la realidad desmiente.
El Mercedes-Benz 450 SEL blindado que utilizó el rey Juan Carlos y la familia real durante los primeros años de la democracia -225 caballos, velocidad punta de 210 kilómetros por hora- acaba de ser subastado por 39.500 euros.
En el Salón Internacional del Automóvil de Fráncfort se presentan estos días vehículos eléctricos que duplican sus prestaciones.