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lunes, 14 de marzo de 2016

Noruega, Sudáfrica, Palestina

Columna de opinión publicada en Estrella Digital.
El vicepresidente de EEUU, acompañado de su mujer y tres nietos, acaba de visitar Israel y ha podido comprobar la situación de violencia que se vive en la zona, oculta durante los últimos tiempos por conflictos vecinos (Siria, Irak, Estado Islámico) que tienen además consecuencias directas sobre Europa (refugiados). El interés informativo es proporcional a la cercanía, tamaño de los problemas y su recorrido geográfico.
Joe Biden ha coincido en el tiempo y el espacio con un turista muerto, 15 personas heridas, así como siete atacantes palestinos abatidos por las fuerzas de la seguridad israelíes.
Cualquier tipo de avance en el conflicto palestino parece una posibilidad remota. Más interés y actualidad tiene la negociación ya en marcha sobre la renovación de la ayuda militar directa (otra es indirecta) de EEUU a Israel durante la próxima década, que parte de los actuales 3.000 millones de dólares anuales que Tel Aviv quiere incrementar en un 50%.
Por parte norteamericana, Cuba -incluido Guantánamo- e Irán son dos carpetas de mayor interés en esta recta final del mandato de Obama. Por su parte Israel es miembro de pleno derecho de la política interior de EEUU y trata de influir en el proceso electoral norteamericano, favorable en cualquier caso; estrechar relaciones con vecinos árabes no palestinos, que las tiene y bien estrechas; y acercarse también a los países de Europa oriental que imitan hoy sus políticas.
Nunca como ahora Israel ha tenido tan buenas relaciones con sus vecinos. En cuanto al grupo llamado Estado Islámico, no enciende alarmas salvo que tuviera fuerza y empuje para ocupar o desestabilizar Jordania. Los 10.545 bombardeos aéreos sobre Dáesh que acumula una variopinta coalición de países tienen ese frente cubierto.
Sin embargo, la situación interna está lejos de ser tranquila: desde el pasado mes de octubre se han producido 227 víctimas mortales, de ellos 193 palestinos, 30 israelíes y cuatro extranjeros (dos turistas y otros dos inmigrantes africanos).
No se percibe ningún tipo de organización ni coordinación en los ataques palestinos, que suman un centenar de apuñalamientos (armas blancas), una treintena de atropellos y decena y media de ataques con armas de fuego, con poca efectividad a juzgar por la identidad de las víctimas.
En la historia reciente de los levantamientos palestinos contra la ocupación israelí aparece la primera intifada, entre 1987 y 1993, la que incorpora el término al lenguaje político universal, llamada también revuelta de las piedras. La última fecha corresponde a  los acuerdos de paz de Oslo, por los que se concedió el Nobel de la Paz a Isaac Rabin y Yaser Arafat, asesinado el primero por un extremista judío y el segundo probablemente también.
La segunda intifada (2000-2005) también tiene nombre, intifada de Al Aqsa, en referencia a la explanada de las mezquitas de Jerusalén donde Ariel Sharon encendió la mecha y prendió el ambiente cuando el autogobierno palestino surgido de Oslo ya se veía casi imposible.
El actual tercer levantamiento popular palestino no parece preocupar a nadie y la prueba es que no tiene ni nombre, no ha sido bautizado ni se le aplica un color revolucionario ni una flor local ni una estación del año.
Algo que comparten las tres intifadas es su carácter de insurrección popular que desborda la previsión y control por parte de la dirección política.
Un político israelí de prestigio internacional reconocía hace unas semanas en Madrid, sin mencionar la palabra apartheid, que Israel-Palestina vive una situación político-social sudafricana, con las connotaciones de discriminación, racismo, recorte de derechos y sometimiento de parte de la población, y sin embargo no apostaba por una solución sudafricana al conflicto, es decir, un único Estado democrático donde convivan en igualdad de derechos y bajo la misma bandera israelíes y palestinos.
Oslo ha muerto y nadie se muestra partidario de escenificar su funeral, porque no se ve alternativa y porque la generación política que lo gestionó -aún en parte en activo, aunque finalizando su vida laboral- no desea dar carpetazo a la que fue su gran obra.
Aquellos acuerdos son la base de la teórica autoridad palestina, que si olvidara la solución de dos Estados tendría que disolverse y renunciar a los tímidos avances diplomáticos conseguidos, como su reconocimiento como Estado observador en Naciones Unidas.
Confiar en una nueva catástrofe que desbloquee el conflicto o facilite avances, como ocurrió a finales de los 70 o tras la primera guerra del Golfo en 1991, no es más que una muestra de impotencia.
Gaza no es algo distinto a un bantustán, una reserva tribal étnicamente homogénea. La progresiva construcción de muros en Cisjordania busca también ese objetivo, imposible sin lo que se viene denominando limpieza étnica.
La frustración palestina continuará provocando víctimas e intifadas, aunque su nivel actual de muerto y medio diario es perfectamente asumible por Israel y la comunidad internacional. Los cientos de miles de palestinos refugiados en Siria y Líbano (medio millón en cada uno) que viven ahora un segundo conflicto sumado al propio no cuentan en esta ecuación.
Hace unos días el máximo responsable militar israelí, con la invasión de Líbano de 2006 en su currículum, abogó por el uso proporcionado de la fuerza en caso de un incidente violento, y puso el ejemplo -literal- de evitar la tentación de vaciar el cargador sobre una niña palestina de 13 años con unas tijeras en la mano. La extrema derecha política y social israelí (mayoría absoluta) se le echó encima. Así está el patio.
Las negociaciones de paz se suelen celebrar en lugares gélidos; y cuando se trasladan los acuerdos al territorio en cuestión se rompe la cadena del frío y el cocinado se estropea. Habría que probar con guisos locales. Por ejemplo, la pasta de garbanzos y aceite de sésamo llamada hummus es reconocida universalmente en este territorio.
Es necesario construir un Estado único a partir del hummus común, plato nacional de la nueva entidad política.

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lunes, 17 de marzo de 2014

¿La OTAN en Palestina?

¿Tropas de la Alianza Atlántica en Ramala? Si asoma en los medios es que se ha planteado, la posibilidad de una operación de paz gestionada por la OTAN, con el aval de Naciones Unidas, para vigilar-separar-imponer el cumplimiento de un hipotético acuerdo de paz entre Israel y Palestina.
La misión de la ONU en Líbano, que contó con un protagonismo importante español hoy reducido a la mitad, ha demostrado su efectividad para evitar conflictos en la frontera norte de Israel desde 2006.
Con el fin de la operación ISAF de la OTAN en Afganistán a finales de este año, la Alianza se enfrenta a su enésima reinvención, perderá contenido y visibilidad, y en estos tiempos si no se te ve no se sabe muy bien para qué existes. La continuidad en 2015 en suelo afgano de algún tipo de operación militar, por muy de entrenamiento y mentorización que sea, se complica por momentos, veremos después de las elecciones presidenciales.
Menos estrambótica es la relación del Atlántico Norte con Nablus que con Herat, y además la experiencia afgana es aprovechable.
Todo serían ventajas. Serviría para cambiar la visión que tiene aún de la OTAN parte de la izquierda europea y la mayoría de la opinión pública del mundo árabe, que sigue el conflicto afgano casi como una agresión propia. Y, ante todo, resultaría una apuesta a largo plazo, comprobada la larga duración de los problemas en Oriente Próximo.
Mapa del archipiélago de la Palestina Oriental
(zonas bajo control parcial de la ANP).
Sería además una forma de expandir la OTAN hacia una zona donde su presencia es escasa, viendo que su viaje por el Este de Europa ha dado ya lo mejor de sí. La OTAN ya está en Turquía y su presencia en el Mediterráneo oriental es creciente, las fragatas de la OTAN ya navegan alegres por esas aguas, hacia allá se enfoca el escudo antimisiles de Rota y algo más que atún y qat debe de haber por el mar Rojo y el cuerno de África para justificar la concentración de medios militares de todo el planeta, porque piratas ya van quedando pocos.
¿Rasmussen, secretario general de la Alianza, en la Muqata’a? –sede de la mini-autoridad palestina-, no es mala imagen. Antes debería consultar con algún colega de la diplomacia internacional para intentar no cometer los mismos errores: Anthony Blair sólo ha pisado una vez Gaza en siete años, y eso que representa al cuarteto o al quinteto o al sexteto de países interesados por la cuestión. Y Bernardino León como representante de la UE para el Mediterráneo está algo desaparecido.
Se ha dicho, porque es cierto, que la solución de los dos Estados para la Palestina histórica está al límite, si en breve no se alcanza un arreglo carecerá de sentido seguir insistiendo en el principio básico de los acuerdos de Oslo de hace 21 años.
La Autoridad Nacional Palestina -ANP-, cuya existencia responde a ese planteamiento, es una creación de Oslo, puede acabar disolviéndose y entonces cambiarían las reglas del juego: un solo Estado democrático; un hombre, un voto; una solución similar, salvando las distancias, a lo ocurrido en Sudáfrica, donde la idea de los bantustanes no llegó a fraguar y hoy conviven y sobreviven todos los sudafricanos bajo una misma estructura política.
Para ir preparando el escenario, si no lo han hecho ya, sugeriría un ejercicio táctico en algún cuartel multinacional de la OTAN, con dos naciones, el país A y el país B, totalmente hipotéticos, donde los paisanos de A llevaran kipá y los del B kufiyya. La simulación seguiría en una segunda fase con el país C, se trataría de cómo garantizar la seguridad en un territorio donde es imposible separar el crucifijo, la kipá, la kufiyya y los libros de Bertrand Russell sin limpiezas étnicas.
¿SACEUR -mando supremo de la OTAN en Europa- en Hebrón? En peores plazas ha toreado.

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Ha pasado un año desde que conocimos por El País que militares españoles torturaron en Irak. Esas personas o siguen dentro de las Fuerzas Armadas o andan tranquilamente por la calle. Los tiempos de la responsabilidad política, de la reputación de una organización, nada tienen que ver con los judiciales.

Judío yemení, con kufiyya.

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martes, 12 de noviembre de 2013

¿Inseguridad global?

¿Camina el mundo hacia una violencia creciente, una sucesión de conflictos interminable, una amenaza continua y cada vez más letal? Pues no necesariamente.
En estos momentos se están desarrollando media docena de procesos de clara distensión, de negociación o renuncia a la violencia, desactivación de conflictos enquistados durante décadas y con miles de víctimas a sus espaldas.
Todo conflicto entra por derecho propio en la categoría de lo noticiable y en consecuencia reaccionan habitualmente los medios de comunicación, pero también merecen su espacio estos movimientos, aunque solo fuera por las posibilidades de éxito y que millones de personas pueden dejar de vivir el miedo que les ha perseguido durante una o varias generaciones.
Los que han idealizado la Guerra fría como una etapa histórica de estabilidad, olvidando la carrera nuclear, la destrucción posible del planeta, los ingentes recursos destinados a armamento, las guerras por delegación en medio mundo, alarman hoy sobre una sociedad internacional amenazante. Los siguientes procesos van en contra de esa visión.
  • España – ETA: el 20 de octubre de 2011 la organización terrorista firmó su acta de defunción, dejando atrás cuatro décadas de violencia y cerca de mil asesinatos directos o de la contra. España vive dos años sin ETA y cuatro sin asesinatos, una realidad histórica sin precedentes. Cualquier amenaza hoy planteable palidece en comparación con la violencia etarra que ha marcado el país desde mediados del siglo XX. Hoy debatimos sobre los atajos judiciales puestos en marcha en política antiterrorista, sobre si fue acertado utilizar políticamente el dolor de las víctimas, pero no hay asesinatos.
  • Colombia – FARC: el gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia negocian desde hace un año en Cuba el fin de la violencia que ha causado desde 1964 más de 220.00 asesinatos documentados y cinco millones de desplazamientos forzosos, según un informe muy serio elaborado por el Centro Nacional de la Memoria Histórica, una especie de comisión de la verdad. Hace unos días se anunció un acuerdo parcial sobre la participación política de los guerrilleros, que se suma a otro de mayo sobre tierras y desarrollo rural.
  • Turquía – PKK: el gobierno turco mantiene negociaciones desde octubre de 2012 con el Partido de los Trabajadores del Kurdistán, guerrilla kurda nacida en 1984 y parte de un conflicto que se ha cobrado más de 40.000 vidas. En mayo el PKK anunció un alto el fuego. El Gobierno turco anunció este octubre un paquete de tímidas reformas democráticas que ampararían un mayor reconocimiento de la lengua e identidad kurda, pendiente en cualquier caso de una reforma constitucional que satisfaga al 20% de la población del país.
  • Israel – Palestina: el pasado mes de julio se reiniciaron negociaciones directas en Washington bajo patrocinio estadounidense, con el objetivo de alcanzar hacia mediados de 2014 un estatuto final que ponga definitivamente fin al conflicto y contemple los asuntos más complicados, como son el retorno de refugiados, fronteras o Jerusalén.
  • Siria: el mes de agosto se cerró con tambores de guerra, con la inminencia de un ataque de EE.UU. que presumiblemente iba a añadir más muerte y destrucción a la guerra civil que ya ha provocado 100.000 muertos y cuatro millones de refugiados. Entonces surgió el asunto de las armas químicas, su probable destrucción y una compleja negociación que debería fructificar en Ginebra en una conferencia a celebrar este año que pactara un Gobierno de transición. De una situación como la de Irak entre 1991 y 2003 (bombardeos, bloqueo, víctimas civiles) a la diplomacia, un gran paso.
  • Irán nuclear: para desconcierto de Israel y Arabia Saudí,  el nuevo presidente Hasan Rohaní ha mostrado desde su toma de posesión en agosto una voluntad clara de negociar el programa nuclear y hacer de algún modo compatible el acceso de su país a esta fuente de energía con garantías de no sumarse al restringido listado de países con armamento nuclear. Negocian con Irán los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU más Alemania en un proceso que aparenta dar resultados en breve. En juego están sanciones económicas que bloquean fondos iraníes desde hace tres décadas o le impiden hoy exportar petróleo, y un enfrentamiento total con EE.UU. desde la revolución que acabó con el Shah, el secuestro de personal diplomático estadounidense y la guerra que comenzó Saddam Husein en 1980 con apoyo occidental.

¿Tienen algo en común los procesos anteriores? Comparten claramente el momento, éste.
Los profesionales de la seguridad no deberían preocuparse de todo lo anterior. Conflictos quedan muchos y para desactivarlos siempre serán necesarios los expertos en explosivos.


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Han pasado ocho meses desde que conocimos por El País que militares españoles torturaron en Irak. Esas personas o siguen dentro de las Fuerzas Armadas o andan tranquilamente por la calle. Los tiempos de la responsabilidad política, de la reputación de una organización, nada tienen que ver con los judiciales.

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