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martes, 12 de septiembre de 2017

Seguridad interior, con vistas al mar

Columna de opinión publicada también en Estrella Digital.
Los 28 países de la Unión Europea (incluido Reino Unido, en el club hasta que se demuestre lo contrario) destinan más dinero público a la seguridad interior que a la exterior, invierten más fondos en financiar policías, sistema judicial, prisiones y bomberos que en fuerzas armadas.
Según datos conocidos este agosto del organismo estadístico de la UE, Eurostat, en orden público y seguridad interior los presupuestos de los países miembros suman 256 mil millones de euros (en 2015), cifra que representa el 1,8% del Producto Interior Bruto de la UE.
Siguiendo la misma fuente, el  gasto conjunto de la UE en defensa militar ronda los 200 mil millones de euros, que supone el 1,4% de la economía europea anual.
Para los objetivos de esta columna se puede equiparar el gasto español en ambos conceptos con el continental, aunque estemos porcentualmente algo por encima en el primero y algo por debajo en el segundo.
A partir de aquí las conclusiones, la primera de ellas que en ausencia de una amenaza existencial para el europeo (no así para el coreano y sus vecinos), los responsables políticos de Europa deciden invertir más recursos en mantener la tranquilidad interior que la exterior.
Se puede interpretar además que el gasto público en seguridad interior tiene menos rechazo ciudadano que en seguridad exterior, por si el gobernante tuviera en cuenta la opinión ciudadana en estas decisiones.
Sucede sin embargo que la amenaza criminal no conoce fronteras, tampoco las tecnologías que se inventan para luchar contra ella, por lo que ya es un tópico referirse a los difusos límites entre la seguridad doméstica y exterior.
Lo más razonable por tanto es hablar de la seguridad como un todo, de la que colgarían los medios para garantizarla, y en esta línea contamos desde septiembre de 2015 con una Ley de Seguridad Nacional y un Consejo de Seguridad Nacional con una visión global del asunto. Cosa distinta es que sólo se hable de esa ley como posible instrumento contra el desafío independentista en Cataluña.
Al margen de la naturaleza de riesgos y amenazas, a difuminar límites entre seguridad interior y exterior contribuye que se utilizan con frecuencia argumentos domésticos para justificar las intervenciones militares en el exterior y razones externas en la lucha contra la delincuencia en territorio nacional, con mucho o poco fundamento, normalmente escaso.
Tendencia que convive sobre el terreno con fuerzas policiales cada vez más a menudo realizando tareas de seguridad dura (la Guardia Civil lleva años en Mauritania por tierra, mar y aire) y fuerzas militares desplegadas en tierras lejanas realizando tareas policiales.
A esto se podría añadir, sólo para confundir, otra información conocida este verano, la intención del presidente norteamericano de volver a permitir la compra de material militar por parte de las policías de ese país, tras una decisión de Obama en sentido contrario, lo que promoverá la imagen de armas largas y vehículos militares por EEUU, más la Guardia Nacional que se activa cuando los ciclones lo hacen necesario. En este caso la explicación bien puede ser una salida razonable al material militar excedentario tras el repliegue de Afganistán.
Ante las crecientes dificultades de algunos Gobiernos para convencer al ciudadano de la necesidad de un incremento del gasto en Defensa bien podría utilizarse aunque fuera por motivos argumentales este asunto de que la seguridad es un todo; y enlazarlo además con Europa, que así parece que se traga mejor la medicina.
Con todo lo anterior, más allá del dato, acabo con la reflexión que me sugiere el pasado criminal del imam de Ripoll (tráfico de drogas), la delincuencia asturiana que facilitó los explosivos a los autores del 11-M (esclarecedor libro de Manuel Jabois) y que hace unas noches la Guardia Civil detuvo a tres personas en un piso a cien metros de casa con 300 kilos de coca que guardaban en la despensa.
Resulta curioso que distingamos entre delincuencia común, aparentemente menos peligrosa, más habitual o menos llamativa, y el terrorismo fanatizado (redundancia), cuando los actores no se han enterado de la diferencia y saltan de una a otra o las combinan.
La ingente cantidad de dinero y empleados públicos que se destinan a garantizar ciertos niveles de seguridad puede reflejar la existencia de una violencia estructural, mutante en sus manifestaciones, que requiere 450.000 millones de euros públicos en la UE cada año, unos 35.000 millones en España, para mantener en el ciudadano una apariencia de estabilidad que nos lleve sin preocuparnos en exceso al trabajo y al supermercado y a la fiesta de la bicicleta el próximo domingo, para la que no estoy seguro de si habrá dado tiempo tiempo de inventar los bolardos móviles.

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viernes, 7 de agosto de 2015

El lado oscuro de la Guardia Civil

AUGC
  • Campaña en redes sociales para desvelar el lado oscuro de la Guardia Civil
  • La Asociación Unificada de la Guardia Civil denuncia las precarias condiciones laborales que ocultan "el generalato y los políticos": medios obsoletos, fallos de seguridad, suicidios (uno al mes); en resumen, "ciudadanos de segunda" abandonados por todos los gobiernos

Carlos Penedo. Artículo publicado originalmente en Estrella Digital.
Agentes de Seguridad Ciudadana de la Guardia Civil. | GC
La Guardia Civil es la organización pública que recibe mayor confianza de los españoles (con un 6), según el Barómetro de abril del Centro de Investigaciones Sociológicas. Una valoración alta a pesar de las precarias condiciones que se denuncian desde dentro del cuerpo policial.
La Asociación Unificada de Guardias Civiles ha iniciado una campaña bajo el lema #CaraOcultaGuardiaCivil con el fin de concienciar a la sociedad del "necesario cambio que ha de producirse en un Cuerpo de seguridad militarizado que ejerce funciones de policía hacia el exterior, pero que convive con férrea disciplina militar en su interior". Desde la UUGC dicen sentirse como "ciudadanos de segunda abandonados por el actual Gobierno del PP y todos y cada uno de los que le precedieron".
"La organización también tiene un lado oscuro que debe conocerse, y es el que afecta a los derechos de sus trabajadores, que todavía hoy se ven forzados a llevar a cabo su actividad en unas condiciones laborales más propias de un Estado dictatorial y represivo que de una democracia", afirman desde la Asociación.
A la falta de derechos se une, además, la carencia de medios básicos para la seguridad de los guardias civiles, que deben realizar su trabajo sin chalecos antibalas, en vehículos con más de 400.000 kilómetros y en instalaciones en un estado lamentable, según denuncian.
La AUGC dice que los guardias civiles son los policías peor pagados en España, el Cuerpo que menos opositores recibe, el que cuenta con menos mujeres y el que presenta el mayor índice de suicidios (447 desde 1982, uno cada 26 días).
La explicación de que no se conozca estas situaciones es la existencia de "férreos mecanismos de control que posee el generalato y los políticos que se pliegan a su poder de presión hacen que esta precariedad resulte casi imperceptible desde el exterior, que permanezca oculta a una sociedad que ignora que esos guardias civiles que velan por su seguridad son, en realidad, ciudadanos de segunda".
Percibe la AUCG una desconexión entre los miembros de quienes configuran los más altos puestos y el resto de las escalas, "donde impera el ordeno y mando", tomándose cualquier iniciativa por parte del agente como una desobediencia que ha de ser desterrada. En este sentido, "la aplicación del Código Penal Militar, que puede llevar a la cárcel a un agente por una simple discusión con su jefe, es una de las herramientas represoras más poderosas que se aplican contra los guardias civiles".
Esta asociación profesional ve "un sistema policial caduco y obsoleto propio del siglo XIX en su interior", pero con imagen proyectada hacía el exterior de modernidad y eficacia.
"Esta sociedad no necesita guardias civiles desfilando, sino guardias civiles realizando su función policial, con formación y material adecuado", afirman.

Sugerencias



viernes, 10 de julio de 2015

EL SUP denuncia la militarización de la Policía

DIVISAS, CEREMONIA Y HASTA GORROS CUARTELEROS. ALARMA EN LOS SINDICATOS
Gorros militares, divisas que recuerdan a las del ejército, himnos castrenses a los que se les cambia la letra. El SUP, principal sindicato policial, percibe una vuelta al pasado en los últimos años y propone a los partidos la fusión entre Policía y Guardia Civil

Carlos Penedo. Artículo publicado originalmente en Estrella Digital.
Nuevo gorro para los policías en fronteras
presentado el pasado enero. | CNP
"El Cuerpo Nacional de Policía está sufriendo una militarización total", afirma a Estrella Digital Mónica Gracia, subinspectora y secretaria general del Sindicato Unificado de la Policía -SUP-, la principal asociación profesional del cuerpo.
Los ejemplos son numerosos: uniforme, divisas, desfiles, actos de jura, homenajes a los caídos y hasta el nombre.
El colectivo vive con preocupación en estos momentos el trámite parlamentario de la Ley Orgánica de Régimen de Personal, de la que critican algunas medidas, como una pasarela que permitirá a policías autonómicos y locales incorporarse al cuerpo estatal; y un polizón: la ley contempla el cambio de denominación del actual Cuerpo Nacional de Policía a Policía Nacional, lo que consideran los sindicatos policiales como una vuelta al pasado, a la etapa anterior a 1986, cuando el organismo perdió su carácter militar y se integraron los previos Cuerpo Superior de Policía y Policía Nacional.
Los policías en las fronteras visten desde enero un gorro militar
Una de las novedades de este proyecto de ley "se refiere tanto al nuevo nombre del actual Cuerpo Nacional de Policía, que pasa a denominarse Policía Nacional, como a la denominación genérica de Policías Nacionales que recibirán sus miembros", dice el proyecto de ley. "La Policía ha de ser una institución plenamente integrada en el entorno en el que despliega su actuación, con una imagen corporativa consolidada que propicie una eficaz identificación de la organización a nivel social. A tal efecto, se configura como fundamental que tanto su denominación oficial como la de sus miembros concuerde con la que se halla enraizada entre los ciudadanos a los que sirve", se afirma en la exposición de motivos.
Las organizaciones más representativas de la Policía señalan que la nueva nomenclatura no es reclamada por nadie y tendrá además un coste superfluo y elevado para actualizar el cambio. La cuenta en Twitter se llama ya en este momento 'Policía Nacional' y así se refiere al cuerpo su propio director general, Ignacio Cosidó.
El SUP ha mantenido en las últimas semanas reuniones con representantes del PP, PSOE, Izquierda Unida, Podemos y Ciudadanos a los que ha trasladado un documento de propuestas de cara al "nuevo ciclo político" que se abre con la próxima celebración de elecciones generales.
'Tendencias militares' y 'estética castrense' en uniformes y divisas
"El SUP aprecia -dice textualmente el documento- un grave y progresivo deterioro del nivel de implicación y motivación entre sus funcionarios, propiciado por la perversión de los procedimientos que afectan a su reconocimiento profesional, su promoción y la asignación de puestos de trabajo". El sindicato considera importante no olvidar también "las 'tendencias' militares imperantes en los últimos años, ajenas a la búsqueda de la eficacia, cuyo único objetivo reseñable es el ensalzamiento y boato por parte de algunos 'mandos' proclives a esta estética castrense".
Entre las propuestas del SUP a los partidos figura de forma destacada "la unificación del Cuerpo Nacional de Policía y la Guardia Civil en un nuevo cuerpo de policía civil, en el que se respeten todos los derechos civiles y laborales de sus integrantes".
Este nuevo cuerpo policial "atendería la demanda histórica de la mayoría de los profesionales de ambos cuerpos -defiende el SUP-, mejorando y homogeneizando su calidad como servicio público en todo el territorio nacional, disminuyendo el coste de su organización al evitar duplicidades y conflictos de competencias, al tiempo que impulsaría la modernización de todas sus estructuras y el reconocimiento de algunos derechos civiles, negados hasta ahora, especialmente a los funcionarios de Guardia Civil".
El SUP aboga por mantener una Guardia Civil similar a la actual, con carácter militar, específicamente dedicada a la vigilancia de fronteras y misiones exteriores en procesos de paz.

'La muerte no es el final'

Uno de los ejemplos que menciona la secretaria general del SUP es la introducción en los actos que se celebran estos días en la Escuela Nacional de Policía de Ávila de "un cántico militar", en referencia a "La muerte no es el final", un himno religioso tradicionalmente cantado desde 1981 en los actos militares de homenaje a los caídos que la dirección de la Policía reparte ahora a alumnos y familiares en estos actos con un cambio en la letra: a la original "Cuando la pena nos alcanza / por el compañero perdido, / cuando el adiós dolorido / busca en la Fe su esperanza...", se ha sustituido 'compañero' por 'policía'.
Los cambios afectan también a la indumentaria. En las divisas se ha introducido la corona real y, en el caso de mandos y comisarios, bastones cruzados que recuerdan fielmente los sables de las insignias de general en las Fuerzas Armadas. Mónica Gracia señala que "estamos retrocediendo" con casos como los anteriores, y critica por innecesaria la corona.
Para el SUP, un único cuerpo policial civil ahorraría costes y evitaría duplicidades
Se podría mencionar también un nuevo gorro de clara inspiración militar para los agentes que trabajan en fronteras, innovación de este mes de enero que el Ministerio del Interior ha argumentado como una exigencia de los países europeos firmantes del acuerdo de Schengen. La secretaría general del SUP añade otros casos como la profusión de policías desfilando como militares o la utilización de una unidad de élite como los GEO para disparar salvas en actos institucionales.
Paradójicamente una de las voces de alarma sobre esta militarización llegó de la Guardia Civil. Sus mandos vieron con cierta perplejidad cómo el Cuerpo Nacional de Policía comenzaba a invadir e imitar toda su simbología. La reacción combinada de Guardia Civil y estamentos castrenses –que también vieron con asombro la imitación de sus rituales ceremoniales y casi uniformidades– detuvo algunos elementos de esta "militarización" en altas instancias del Gobierno, según explican fuentes de la Administración a este diario.
El actual director General de la Policía, nombrado en diciembre de 2011, es Ignacio Cosidó, político del Partido Popular muy cercano a temas militares, como parlamentario y portavoz de Defensa de su grupo en el Senado y también con una etapa de jefe de Gabinete del director general de la Guardia Civil entre 1996 y 2004. De sus tiempos de senador en la oposición proceden algunas declaraciones polémicas, cuando en 2005 propuso que Gregorio Peces Barba, uno de los padres de la Constitución nombrado por Rodríguez Zapatero para la atención de las víctimas del terrorismo, cambiara el nombre de su cargo por el de "Alto Comisionado para el diálogo y el amparo de los verdugos terroristas".