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domingo, 25 de mayo de 2025

Gaza y nuestra seguridad

El asesinato en Washington de dos trabajadores de la embajada de Israel el 22 de mayo de 2025 aflora de forma brusca una amenaza hasta hoy latente a nuestra seguridad: el estallido de episodios de violencia más allá de Oriente Próximo, la comisión de atentados en territorio nacional en el marco de la ocupación colonial y la limpieza étnica que se lleva produciendo en la Palestina histórica desde hace 80 años y en niveles especialmente sangrientos desde hace dos.

Caben matices a lo sucedido en EEUU, la proliferación de armas de fuego en ese país en manos de particulares, la tasa de asesinatos, las continuas masacres en institutos a las que nadie busca explicación política. Y caben lecciones a estudiar, lo de lecciones aprendidas resulta siempre algo pretencioso.

Caben también similitudes, a la espera de resultados de la investigación si alguna vez se comparten: actores solitarios que pasan de la radicalización -aunque radicales hay muchos en cualquier sociedad- a la radicalización violenta, en este apartado hay una minoría bastante reducida. El salto es lo que se pretende detectar.

En cualquier caso el fenómeno en España no nos coge de sorpresa. Responsables y organismos de seguridad se temen y actúan sobre un posible atentado consecuencia indirecta del asesinato de palestinos desde hace dos años.

La prueba es el creciente y elevado número de detenciones de personas acusadas de yihadismo.

Según datos en abierto del Ministerio del Interior, hasta el mes de mayo se han detenido en España en 2025 un total de 67 personas acusados de algún delito relacionado con el terrorismo que llamamos yihadista, lo que de mantenerse la evolución puede llevar a terminar el año con récord histórico y superando incluso la cifra de 2004, año de los atentados de Madrid, que fueron 131 los detenidos. Para ver la progresión, Interior informa de 89 detenidos en 2024 y de 53 en 2023.

Inmediatamente después de estos datos es necesario aclarar que cosa distinta es detención que juicio que condena, es decir, que no todos los detenidos son acusados ni los acusados juzgados ni todos los juzgados son condenados. Estudios indican que alrededor de un 40% de los encausados por delitos relacionados con el yihadismo son finalmente absueltos. La causa está en que hará una década que la actuación judicial y policial se adelantó, se producen digamos detenciones preventivas, en muchos casos personas autoradicalizadas con contenidos digitales, y probar las intenciones es complicado.

La Memoria 2024 de la Fiscalía General del Estado ofrece algunas reflexiones de interés que pueden ayudar a enfocar la lucha desde los tribunales y el Estado (algunos de los puntos reflejan posición, otros parecen un aviso para navegantes judiciales):

1. La radicalización yihadista en España se caracteriza por la juventud de los radicalizados.

2. Los espacios virtuales desempeñan un papel central como catalizadores del proceso de radicalización.

3. Los conflictos internacionales y las crisis geopolíticas han tenido una gran repercusión en la radicalización yihadista en España.

4. La jurisprudencia del Tribunal Supremo ha enfocado en el «discurso del odio», especialmente en las redes sociales, su lucha contra esta tipología delictiva.

5. Comportamientos que alaban o justifican actos terroristas no merecen la cobertura de derechos fundamentales como la libertad de expresión o ideológica.

6. Para que un discurso sea penalmente relevante, debe suponer una incitación, al menos indirecta, a la violencia.

7. El discurso para tener trascendencia penal ha de generar una situación de riesgo para las personas o derechos de terceros, o para el propio sistema de libertades.

8. La lucha contra el terrorismo requiere un enfoque multidimensional que incluya tanto medidas de seguridad como estrategias de prevención y desradicalización.

9. La cooperación internacional es esencial para combatir eficazmente el terrorismo yihadista.

10. Es necesario un equilibrio entre las medidas de seguridad y el respeto a los derechos fundamentales para garantizar una lucha efectiva contra el terrorismo.

Curiosamente parece temerse una reacción terrorista de inspiración yihadista a partir de las matanzas en Israel/Palestina, donde la religión de las víctimas poco tiene que ver (afecta a musulmanes, cristianos e incluso ateos), aunque sea un recurso argumental muy potente. Confundir movimientos nacionalistas como Hamás o Hezbolá con organizaciones terroristas yihadistas como Al Qaeda o Dáesh es un error frecuente. Cada momento declina la violencia de una forma determinada, no parece haber hoy indicios de que organizaciones palestinas hayan decidido cometer actos terroristas en Europa o EEUU como si ocurría en los sesenta y setenta del siglo XX.

En cualquier caso, siempre es buen momento para incidir en que el terrorismo no es una ideología, sino un instrumento para alcanzar objetivos políticos. Y existe una variedad poco estudiada que es el terrorismo de Estado, que practica el actual Gobierno israelí y casi todos los que le precedieron.

Siempre será difícil aplicar la etiqueta de terrorismo a individuos radicalizados violentos sin organización ni estructura detrás ni objetivos políticos, que es el formato hoy más frecuente. No existe ejército formado por un solo individuo, y si además cobra se llama mercenario.

El caso es que el riesgo probable de que se cometiera un atentado cercano que utilizara el recurso argumental de la violencia muy real contra los palestinos ya se ha producido. Si no hemos atendido convenientemente el problema en origen durante los últimos 20 meses y ya ha saltado a territorio nacional/occidental, el interés por la resolución del conflicto debería dispararse, más allá de la regulación del grifo de la ayuda humanitaria.

Cualquier especialista en seguridad podría añadir además que con carros de combate no se lucha contra el terrorismo, lo que introduce el ámbito de la seguridad interior, que en España y la Unión Europea recibe también un presupuesto público muy considerable.

Acierta el Gobierno de Pedro Sánchez cuando pretende que los obsesionados con el porcentaje del gasto en Defensa, que no por la utilidad de lo financiado, contabilicen como seguridad su vertiente cíber o general también interior, porque el mundo digital mal entiende de fronteras y las inseguridades exteriores fácilmente se convierten en interiores. La seguridad es un objetivo mucho más amplio que el equipamiento militar con el que se insiste en respuesta a unas amenazas no concretadas. Sobre la campaña en marcha para incrementar el gasto público en Defensa reviste interés recordar que la actual teocracia israelí ha conseguido monetizar/rentabilizar la ocupación colonial de palestinos a través de una industria tecnológica y de defensa muy extendida de la que nuestras Fuerzas Armadas deberán estar ya buscando sustituto.

Recordemos asimismo que la disuasión armada ha fracasado en Ucrania y Palestina, probemos entonces ahora la disuasión política y comercial y penal contra la violencia, avanzar en los procedimientos penales a los máximos responsables de violaciones del derecho internacional y tratar de romper las estructuras que lo han hecho posible.

La visión realista de las relaciones internacionales ha demostrado ya sobradamente sus limitaciones, la tolerancia con dictadores y regímenes autoritarios, la impunidad de los criminales de guerra, la retórica con más de 50.000 palestinos muertos en dos años, la incongruencia del doble discurso se trate de Ucrania o Palestina.

Hasta quienes no consideren los derechos humanos motivo suficiente para una llamada a la acción, por interés interesado y egoísta nos conviene desactivar la violencia por lejos que se produzca, nunca está demasiado lejos.


viernes, 13 de abril de 2018

Terrorismo a la baja

Artículo de opinión publicado también en infoLibre / Blog Al revés y al derecho.
Ilustración de Harry Campbell para The New York Times de 13-4-2018.
La misteriosa explosión de cinco artefactos este mes de marzo en Texas en una serie de ataques con paquetes bomba, que provocaron dos muertos y cuatro heridos, acabó finalmente con el suicidio de su responsable cuando iba a ser detenido. Resultó ser un vecino de 23 años y las crónicas sólo nos han contado que el joven fue educado en casa por sus padres en su adolescencia y que entre 2010 y 2012 asistió a la universidad en Austin pero no terminó sus estudios.
Con este suceso ha vuelto a surgir el debate en EEUU sobre cuándo y cómo aplicar el término terrorismo a un suceso violento, cuestión intermitente que también aparece en las matanzas en colegios, institutos o conciertos con armas de guerra.
Lo mismo ha ocurrido a comienzos de abril en la ciudad de Münster (Alemania), donde un individuo arrasó con la furgoneta que conducía la terraza de un restaurante con el resultado de dos muertos y una veintena de heridos. El atacante, que también se suicidó, resultó ser un alemán de 48 años con historial médico inquietante, y a pesar de la prudencia con que en ese país se reacciona informativamente a este tipo de sucesos, por parte del Gobierno, leemos que el asunto hizo "revivir en Europa durante horas el fantasma del terrorismo".
La impresión de que sucesos muy similares son tratados de forma distinta dependiendo de la nacionalidad y religión del autor se confirma con estudios recientes.
Un informe del norteamericano ISPU (Institute for Social Policy and Understanding, trabajo conocido a través del periódico The Intercept) revela que los sucesos violentos con víctimas en EEUU en los que está involucrado una persona musulmana reciben sentencias tres veces más largas y una cobertura en medios siete veces mayor que los casos sin participantes de esa confesión.
La directora del estudio referido opina que "en el fondo, la cuestión es qué consideramos amenazante como sociedad y a qué tememos. Lo que se observa a menudo es que cuando un delito es cometido por un miembro del grupo dominante o privilegiado de cualquier sociedad, se justifica como una aberración, mientras que los delitos cometidos por miembros de otro grupo secundario se consideran patológicos y representativos de ese colectivo en su totalidad", y esto afecta también a tribunales y periodistas.
Llevamos dos décadas al menos con una omnipresencia mediática, judicial y política del terrorismo, aún más en España desde la llegada de Rajoy a la presidencia y la reforma del Código Penal de 2015, con titiriteros, raperos y ahora manifestantes independentistas acusados de terrorismo; homenajes permanentes a las víctimas y de ellas (Cristina Cifuentes acaba de recibir un reconocimiento de la AVT), mayor número de procesos judiciales y sentencias por apología del terrorismo hoy que cuando ETA asesinaba a una persona cada tres días.
Asistimos a tanta referencia al terrorismo que ha perdido gran parte de su significado original.
Lo sorprendente es que también existen indicios de que el terrorismo puede estar tocando techo como causa general de todo tipo de temores y justificación omnicomprensiva de todo tipo de políticas, la de interior, la exterior, la educativa, los despliegues militares, el presupuesto de Defensa, del contenido de la televisión pública y de los plenos municipales.
Desde el punto de vista informativo ya aparece otro tipo de violencias compitiendo con éxito en el espacio mediático, asesinatos de niños, violencia sexual y los sucesos violentos que llenan los telediarios.
En el ámbito exterior, con el Estado Islámico en horas operativamente bajas, en proceso de mutar hacia otro estado con minúscula hoy desconocido, ya no funciona la misma plantilla -nunca lo hizo, pero se ha hecho más evidente- para explicar la violencia en el norte de Nigeria, Malí, Egipto, Siria, Afganistán y el metro de Tokio.
Pero quizá quien más está contribuyendo a cambiar la perspectiva sobre la fuente de amenazas y violencia en el planeta se llama Donald Trump.
El presidente de EEUU marca la agenda internacional y parece poco aficionado al terrorismo como recurso argumental, aparenta en sus amenazas tuiteras mayor afición a pulsos nucleares con Corea del Norte, a guerras comerciales con China, vuelven los aranceles (que no tarifas, eso es una mala traducción) que impulsan hoy los que hasta ayer apadrinaban la globalización, aparecen militares en la frontera con México..., y hasta un enfrentamiento con Rusia, una relación peor que en la guerra fría, dice, quién lo hubiera adivinado con las buenas conexiones que mantenía antes de ocupar la presidencia.
En un escenario profundamente transformado en los últimos años, algunos actores insisten en representar la misma función, y así volvemos a contemplar bombardeos en Oriente Próximo al hilo de investigaciones sobre el comportamiento sexual del presidente de EEUU, en el caso de Clinton era una becaria, en el de Trump son actrices porno; el primero bombardeaba Irak, el segundo Siria.
Si se confirma el repliegue del terrorismo como coartada universal para explicar todo tipo de violencias y justificar el recorte de derechos, nos permitirá afinar el argumento y los matices en la explicación de la actualidad.
En la base española de Rota, Trump tiene domiciliados cuatro destructores que en teoría forman el componente naval de un escudo antimisiles. A la búsqueda de misiles de los que protegerse, estas cuatro grandes fragatas parece que muestran una actitud más ofensiva que la defensiva que se espera de un escudo, y una autonomía poco respetuosa con el casero.

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martes, 27 de febrero de 2018

Cuando el asesino es de los nuestros

Artículo de opinión publicado también en infoLibre.
Fusil de asalto AR-15, un éxito de ventas en
EEUU, utilizado en la masacre de Florida.
Aquí, Madrid, invierno de 2018, caminando hacia marzo, que diría el poeta.
Tres sucesos recientes y violentos.
Uno. Italia celebra elecciones legislativas el 4 de marzo. La larga campaña electoral se ha visto sacudida por lo acontecido en una pequeña capital de provincia del centro del país, Macerata, 40.000 habitantes, como Soria: un varón de 28 años descargó su pistola disparando desde su coche contra inmigrantes africanos de la localidad e hirió a seis, de cuya suerte los medios no han vuelto a informar. El atacante había sido candidato de la Liga Norte en las últimas generales y, antes de ser detenido, hizo el saludo fascista y gritó "viva Italia".
Tenemos en este asunto terror, victimas casi indiscriminadas y vinculación con una organización política extremista.
Lo sorprendente del caso es que las crónicas periodísticas contaban que la ciudad y sus responsables estuvieron sumidos en el pánico por si podía tratarse de un ataque terrorista, circunstancia que los cronistas y los sumidos en el pánico parece que descartaron cuando se identificó al agresor como italiano y a las víctimas como inmigrantes.
Imaginemos en este punto la hipotética reacción ante un tunecino vinculado a un partido extremista islámico disparando indiscriminadamente a italianos.
Dos. Un español ha muerto en un bombardeo de la aviación turca sobre un enclave sirio con claro valor estratégico, como todos los enclaves. Desde la Segunda Guerra Mundial las víctimas de las guerras, combatientes y sobre todo civiles, mueren mayoritariamente por bombarderos aéreos, poco de trincheras y bayonetas. El compatriota, gallego de 25 años, llevaba un año integrado y combatiendo en alguna de las milicias kurdas, al parecer tenía buena puntería; sus allegados dicen que era una bellísima persona.
Todos los conflictos armados atraen una suerte de turistas de la violencia; cuando la participación es remunerada recibían hasta hace no demasiado tiempo el nombre de mercenarios, como Joselito, el pequeño ruiseñor que cuando salió de la jaula acabó volando hasta Angola, contratado por alguna de las partes.
Se calcula que entre 400 y 5.000 europeos se han sumado a las milicias kurdas para luchar en principio contra el Estado Islámico, cuando se tercie contra el régimen sirio y ahora contra fuerzas turcas; de ellos, entre 25 y 200 españoles (la disparidad de cifras indica que no se tiene ni idea de cuántos son), que aparecen intermitentemente en los medios presentados como algo parecido a cooperantes valientes que no pudieron quedarse quietos ante las atrocidades que veían en televisión.
Cartel propagandístico de las milicias kurdas.
Confiemos en que los organismos dedicados a la seguridad, así como siguen la pista a los enrolados en el Estado Islámico, hagan lo propio con estos españoles que participan activamente en conflictos armados, da igual si inspirados por motivos religiosos o económicos, por lo que hacen en destino y porque pueden volver a casa con la costumbre adquirida de resolver los problemas con disparos.
Tres. Matanza en un instituto de Florida, en la localidad de Parkland, 30.000 habitantes (menos que Teruel), 17 estudiantes muertos. El guarda de seguridad del centro no hizo frente al agresor -de 19 años, armado con botes de humo y un fusil de asalto-, algo perfectamente comprensible con el salario que le imaginamos. Hace ya tiempo que los héroes son involuntarios. El presidente Trump sugiere armar a los directores de instituto. Tenemos aquí terror, matanzas indiscriminadas asociadas en muchos casos a una ideología de extrema derecha. Lo único positivo del suceso es que la reacción política a la masacre ha venido de los propios estudiantes de secundaria, dando una lección a sus mayores.
El asesino de Florida estaba vinculado a grupos supremacistas y fue investigado por el FBI, sin resultados.
¿Se encuadran estos tres casos como terrorismo? Pues depende, siendo rigurosos no, al terror y una organización detrás o cercana es necesario añadir un objetivo político; aunque si aplicáramos los criterios que utilizamos normalmente si el agresor es musulmán o el apellido suena árabe, sin duda lo consideraríamos terrorismo.
De donde se concluye que la clasificación de la violencia y muchas respuestas dependen de la nacionalidad del que aprieta el gatillo; y que algo que une a los tres casos es la atención que merecerían los procesos de radicalización violenta (hay mucho radical no violento), cuando el personaje está pegando tiros lo único que se puede hacer ya es detenerlo, las soluciones están en el origen y en el proceso que le ha llevado hasta el punto final.
El Gobierno español presentó en enero de 2015 un Plan de Prevención de la Radicalización Violenta, con resultados desconocidos. Tenía mucho de actuación a nivel local, de educación y de servicios sociales, pero Interior pilota y vende estos asuntos y hace lo que hacen los ministerios del Interior en todo el mundo, que no son políticas sociales. Francia, a través también de su ministerio del Interior, acaba de presentar el tercer plan sobre el asunto en cuatro años.

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martes, 28 de febrero de 2017

El rayo (terrorista) que no cesa

Columna de opinión publicada también en Estrella Digital.
Confirmado. Comprobado el dato. Lo había oído referido a EEUU y sucede lo mismo en España: es más probable morir fulminado por un rayo que víctima de un atentado terrorista.
Digamos, de media en la última década, que en Estados Unidos son asesinados al año una decena de personas por el terrorismo yihadista, la mayor parte a manos de ciudadanos norteamericanos, no extranjeros a los que Trump pretende cerrar las fronteras cerrándosela a 220 millones de personas de siete países de mayoría musulmana.
Pues bien, el volumen de fallecidos es el triple, una treintena, carbonizados por un rayo. Cada país tiene sus peculiaridades y en EEUU la probabilidad de morir por una máquina de cortar el césped es el doble que por un rayo.
Siguiendo con la otra orilla del Atlántico, allí es 70 veces más probable morir por una mala caída de la cama que por un atentado terrorista. Si saltamos a los asesinados por arma de fuego, esta causa suma alrededor de 10.000 muertos al año.
En España hay que acudir al Instituto Nacional de Estadística, que contabiliza un sólo muerto al año según sus últimos datos por un rayo.
Siguiendo con causas no naturales de muerte, causas externas, sin contar enfermedades, la estadística incluye los suicidios (3.602 en 2016) y esto como resulta muy discutible lo obvio. En España muere una decena de personas cada año por picaduras de avispas o abejas, cifra similar por caídas desde un andamio, y es diez veces más probable morir de una caída desde un árbol.
Es aún más peligroso y más probable morir en España despeñado desde una escalera, y el fenómeno tiene interés porque suma ya 250 muertes al año y se ha duplicado en un lustro.
Unas 300 personas son asesinadas anualmente en España (292 en 2016, segundo país de la UE por la cola), la mitad que hace una década, de ellas 44 por violencia machista, que también ha bajado aunque este 2017 ha comenzado con una escalada preocupante.
Y la cifra de muertos en accidente de carretera en España alcanzaron las 1.160 en 2016.
Por supuesto que es tramposa esta mezcla de muertes no naturales con las víctimas del terrorismo.
Aunque en mi defensa, señor juez, he de decir que el terrorismo abre informativos y llena a diario páginas de periódico y los cientos de muertes por otras causas pasan desapercibidos.
¿Quiere esto decir que el terrorismo no es un problema que merezca la máxima prioridad policial y política? En absoluto.
La reducción con Rajoy como presidente de un 10% en las plantillas de las fuerzas de seguridad y los ejércitos no anula la afirmación del párrafo anterior.
Contra el argumento del rayo se puede destacar que el latigazo eléctrico no tiene objetivos políticos ni responde a organización radical violenta, no es voluntario ni participa humano en la descarga.
La reducción al absurdo eléctrico sí que puede servir para relativizar ciertas exageraciones argumentales y permanecer alerta sobre recortes y abusos de derechos como consecuencia de la lucha contra el terrorismo.
España cuenta con el dudoso récord de haber tenido durante medio siglo una organización terrorista propia (hasta su fin en octubre de 2011), de haber sufrido en 2004 el peor atentado yihadista del continente; y registramos también que desde 2009 no ha habido en el país ningún asesinado por terrorismo.
Lo que parece poco discutible es que el terrorismo se utiliza como macrojustificación de la necesidad de toda inversión en defensa y seguridad.
Y aquí entra el discurso reiterado desde EEUU, y aliados a su discurso, sobre la imperiosa necesidad de que Europa alcance de inmediato el 2% del PIB de gasto en Defensa, objetivo hoy únicamente cumplido por Reino Unido, la Grecia de las finanzas quebradas y alguna república pequeña del norte continental sin fuerza aérea. En España digamos con ánimo conservador que destinamos un 1,3% del PIB a Defensa, con lo que se nos pide un esfuerzo adicional de 7.000 millones de euros más al año.
Ahora bien, ¿en qué? ¿Personal? ¿Armamento? Si se trata de equipamiento militar, ¿armas convencionales o ciberdefensa? ¿Podríamos considerar el espacio una necesidad? Si la respuesta es afirmativa, España debería haber lanzado hace tres años el satélite Paz (que ha costado 165 millones de euros), que sigue en un hangar como consecuencia del conflicto europeo con Rusia, que es quien estaba previsto que lo pusiera en órbita.
Cabría preguntarse si en el imprescindible incremento de la inversión nacional pública en nuestra seguridad se incluye los fondos en cooperación al desarrollo, en prevención del radicalismo en suelo patrio y en el exterior; otras democracias avanzadas así lo piensan.
La pregunta no aclarada es qué justifica ese 2% del PIB en Defensa, qué amenazas, objetivos, qué adquisiciones, qué necesidades materiales suman un importe económico que representaría el 2% del PIB.
Esperemos que la próxima Estrategia de Seguridad Nacional aclare algo, al igual que la no nacida Directiva de Defensa Nacional que todo Gobierno debe elaborar a comienzo de legislatura.
Miguel Hernández, víctima de mal de amores, decía sentirse como "un girasol sumiso y amarillo
al dictamen solar que tu ojo envía: un terrón para siempre insatisfecho, un pez embotellado y un martillo harto de golpear en la herrería".
Así se nos castiga, así nos sentimos, con determinados discursos.


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